El legado de Ayrton Senna para el automovilismo mundial

A propósito de los 20 años de la muerte del piloto brasileño, el director de Revista Motor José Clopatofsky, enumera las cualidades y hechos que convirtieron a Senna en una leyenda de las pistas.

Redacción Motor

08:10 p.m. 07 de mayo del 2014

Infografía sobre la trayectoria y la muerte de Ayrton Senna

El pasado 1 de mayo se cumplieron cronológicamente 20 años de la muerte de Ayrton Senna en la pista de Imola y 20 años más un día también del fallecimiento de Ronald Ratzenberger en el mismo autódromo. Fue fin de semana más luctuoso de los últimos tiempos del automovilismo y afortunadamente no ha fallecido ningún otro piloto de la F1 después de esa fecha que le puso lápida a la fabulosa carrera deportiva del piloto brasilero. Senna corrió en la F1 durante 10 años y en los 161 grandes premios que disputó fue el eje más visible de las características innatas de un corredor que pudo maniobrar de la mano de su talento para crear una mitología y una religión que marcó una época que muchos consideran se escribió de la mano del mejor piloto de todos los tiempos.

Su muerte en un espantoso accidente quizás fue tan espectacular como tantos lances que hizo en las pistas pero crudamente se puede decir que ese trágico momento podría hacer parte del libreto de un piloto que, como él, no tenía puntos medios. Senna quería siempre ganar y a cualquier precio, así fuera manejando gratuitamente como le ofreció a Frank Williams cuando el McLaren que tenía entre manos no era la herramienta más adecuada para batirse de la embestida de un joven alemán que llegó a la F1 en 1991con unos ímpetus también fantásticos: Michael Schumacher.

Ayrton murió a los 34 años luego de los cuales figura que anotó tres títulos mundiales, 41 victorias, 65 “poles” y punteó 13.645 kilómetros. Fue bastante estable en los equipos pues solo condujo para Toleman, Lotus, McLaren y Williams con motores de Hart, Renault, Ford y Honda. (Ver Infografía de la trayectoria de Ayrton Senna)

Mucha parte de la medición de su grandeza se le debe a Alain Prost, quien fue su gran rival y aún dentro del mismo equipo McLaren. Las batallas que libraron estos dos pilotos, que fueron los dueños de la época del 84 al 94 del siglo pasado, sirvieron para marcar las diferencias evidentes entre sus estilos.

Prost fue calculador, matemático y astuto. Iba más tras los puntos que del resultado del día y gracias a eso se ganó 4 campeonatos con solo 51 victorias, lo cual prueba su tipología.

Ese metodismo y perfección de Prost sirvieron para resaltar la espontaneidad y el talento de Ayrton, quien usó todos los recursos para batirse contra el francés, inclusive algunos muy discutidos como los lances en Japón cuando se involucró en una lucha intestina rueda a rueda con Prost que obviamente terminó con los carros fuera de concurso. Para el público el héroe de estos lances era Senna pues los peleaba y fabricaba sin ningún miramiento y con toda la ambición por lo cual ponía las ruedas de su carro donde fuera con tal de puntear o pasar. Eso, dice el sabor del automovilismo, sí es manejar.

La televisión de ese entonces no tenía los recursos de hoy ni el cubrimiento de la F1 era tan universal por lo cual la leyenda se alimentaba mucho más en relatos que en la realidad. Hoy, las maniobras de Senna serían mucho más reconocidas y célebres como las que hizo en los pisos empapados de Mónaco, donde se destapó ante el mundo y perdió su primera victoria por una maniobra confusa y tendenciosa de los jueces que cerraron la prueba antes de tiempo y a favor de Prost.

Hay una gran coincidencia entre todos los expertos y seguidores de la F1 al adjudicarle a Senna la calificación del mejor piloto de todos los tiempos, encabezados por Ron Dennis, para cuyo equipo McLaren ganó sus tres mundiales. Obviamente, Dennis vivió y usufructuó de primera mano la era Senna, pero sus competidores también lo colocan en ese púlpito exclusivo. A esto se suman la gran mayoría de los seguidores de la F1 actuales, cuya infancia transcurrió bajo la influencia y fama de Senna por lo cual hoy lo tienen como la gran referencia, por encima de los siete mundiales que se ganó Schumacher o de los cuatro que ya lleva Vettel, en solo cinco años de actividad en el mundial, con la mejor productividad de la historia, logro que se difumina ante el espectro del brasilero.

Cada quien defenderá a sus héroes, calificativo que probablemente en la historia solamente alcanzan Juan Manuel Fangio y Ayrton Senna, ambos latinoamericanos. Los otros grandes concurrentes como Prost, Schumacher, Lauda o el mismo Vettel son apenas una base de comparación para ellos y nunca han tenido ni el carisma ni la influencia de Senna. Quizás Gilles Villeneuve pintaba para escribir un libro parecido, pero se fue en un accidente tenebroso- todos lo son- en los ensayos del Gran Premio de Bélgica del 82. Enzo Ferrari lo calificaba como su mejor piloto, pero luego es conocido que la Escudería emprendió la conquista del contrato de Senna, que nunca logró. Seguramente a Senna nunca lo inclinó el prestigio de correr para Ferrari, marca que en sus tiempos no ganó un solo un Mundial ni tenía la velocidad que el brasilero exigía para ir a la fija mecánicamente pues él se encargaba del resto.

Cada época trae a sus dueños y cada tecnología requiere quien la domine. Pero siempre hará la diferencia quien se salga de los rituales y de las normas que hoy son cada vez más estrictas, predecibles e insípidas para el público pues han escondido totalmente el pilotaje, que se debate entre la mejor lectura de la electrónica y del resultado de la oculta ciencia de la aerodinámica. A tal punto que los sobrepasos ya no se hacen con arte ni astucia sino levantando una aleta que regala más velocidad de punta y condena a quien va adelante. Todo, dicen, para tratar de generar un espectáculo que se ha apagado y reducido en aras de los sistemas robóticos que viajan a bordo de los carros.

Ahí, Senna vuelve a ser la referencia y la evocación y se explica su trascendencia. Con él las carreras tenían sabor y la forma como vivía en el filo del riesgo domesticando el carro sin ayudas diferentes a su sensibilidad se captaban a simple vista pues era un piloto en todo el sentido de la palabra. No un corredor sistemático.

Su muerte fue tan accidental como cualquiera de las maniobras que pudo hacer en tantos lances que vivió. El de Imola salió mal, posiblemente sin que se hubiera equivocado y todo fuera culpa de una pieza defectuosa en su carro, cuya posición del timón fue corregida la víspera de la carrera. La soldadura se pudo fracturar y el Williams aparentemente se quedó sin dirección con Ayrton como pasajero indefenso y lo sepultó en las barreras.

Pudo ser eso u otra cosa. Hasta la misma presión de Michael Schumacher, cuyos éxitos tenía exasperado a Senna a tal punto que le hizo públicos reclamos a Ford por el rendimiento del motor que usaba en su McLaren de 1993, que supuestamente era el mismo que tenía Schumacher en un Benetton de poco pedigree tecnológico. Disgustado con el empuje de esa máquina, se pasó a Williams con motores de Renault, que venían de ganar diez carreras casi sucesivas en el 93, gracias a los cuales el campeón del mundo fue Alain Prost, para gran sinsabor del brasilero.

El entorno en el cual estaba Ayrton en el 94 no era el mejor en las pistas y circulaban paralelamente versiones sobre complicaciones en su vida personal, que tampoco tenía la reputación de haber sido fácil. Posiblemente, aunque sea un atasco escribirlo, ese accidente fue la manera más gloriosa para irse de este mundo porque el inevitable eclipse de las estrellas habría podido mellar su aura.

Aura que hoy es una religión de la velocidad y que lo hace irrepetible en la historia.

Ver infografía del piloto Ayrton Senna

Ver galería de algunos de los momentos de Ayrton Senna en la F1.

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