Lucho, ¿por qué no cambiamos las amenazas por la masificación de las ciclorrutas?

Lucho, ¿por qué no cambiamos las amenazas por la masificación de las ciclorrutas?

Redacción Motor

05:00 a.m. 29 de agosto del 2008

Somos una generación desgraciada: conocemos las delicias del sexo y aparece el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y el sida; bajan los precios de los carros y se inventan, primero, el Pico y Placa y, luego, ¿la guerra al carro¿. ¡No jodás! 

Pero nuestro tema no son las delicias del sexo (eso se lo dejamos a Sofía), sino las del carro¿ mejor dicho, las desgracias del carro, en particular la anunciada guerra al carro del Alcalde Lucho Garzón, cuyo último capítulo es el anuncio de extender el Pico y Placa a las motos, y a los días sábados para todos los carros. 

¿Si el Distrito no quiere el uso masivo del carro, ¿dónde están las opciones de servicio público de calidad?¿, preguntaba hace unos meses el editorial de EL TIEMPO. Acto seguido le recomendaba al alcalde Luis Eduardo Garzón ¿balancear su cruzada contra los vehículos privados con posturas igualmente duras para la reorganización y mayor eficiencia del transporte tradicional¿. 

No cabe duda de que esa era la respuesta obvia en su momento para una declaración improvisada del Alcalde, en la que anticipaba medidas como peajes en la ciudad o cobros elevados por parqueo en bahías públicas. 

Hay interrogantes, sin embargo, que no tienen respuestas tan obvias. El primero de ellos tiene que ver con la campaña presidencial que ya inició el alcalde Luis Eduardo Garzón. ¿Está dispuesto el Alcalde a pagar en votos el precio político que representa atacar a los propietarios de carros particulares? ¿Está dispuesto a pagar en votos el precio por abrazar iniciativas que nunca estuvieron en su agenda y que, por tanto, carecen de legitimidad en un sector de la población, en particular entre aquellos que votaron por su programa? Nos atreveríamos a decir que no. 

El otro interrogante, estrechamente vinculado con el anterior, tiene que ver con la improvisación. Si no hay improvisación en términos de estrategia de transporte público y movilidad en la ciudad, y si no se está gobernando por encuestas de popularidad, como parecieran sugerirlo las declaraciones de guerra al carro particular, ¿por qué razón el Alcalde no ha tomado acciones a su alcance encaminadas a la promoción del transporte alternativo, en particular las bicicletas? Destacamos las palabras ¿a su alcance¿ para diferenciarlas de aquellas de mediano y largo plazo, como la expansión del sistema TransMilenio o un Metro.

La más fácil de todas era la de utilizar ese elefante blanco llamado ¿ciclorrutas¿. El Alcalde no ha dedicado un minuto de su atención a lograr lo que tampoco lograron sus antecesores: socializar el concepto de la ¿ciclorruta¿, masificar o popularizar su uso, pues está muy ocupado amenazando con nuevas restricciones al carro.

Curiosamente, masificar el concepto de las ciclorrutas requería un lenguaje más afín con la extracción izquierdista y la formación en la escuela de la pedagogía y la conciliación, pues es obvio que es muy poco, o nada, lo que se ha logrado con las jornadas obligatorias del ¿día del no carro¿, iniciadas por sus antecesores, quienes tampoco crearon programas para promover el uso de las ciclorrutas. Y, por favor, que no nos digan que Garzón sí ha tratado de hacerlo cambiando los toldos de las ciclovías los domingos. 

Socializar, popularizar o masificar significaría sacar del ¿imaginario colectivo¿ (como diría algún sociólogo asesor de Garzón) la idea de que las ¿ciclorrutas¿ son solo para ¿los muy necesitados, es decir, los mandaderos a los que no dan moto; los obreros de la construcción y los celadores, a quienes no les alcanza la plata, y, por supuesto, los políticos cuando quieren hacerse la foto dizque para promocionar su uso, aunque no tengan la menor intención de cambiarla por el chofer y la camioneta¿, como hace algún tiempo dijo Salud Hernández en una de sus columnas. Socializar significaría sacar del ¿imaginario colectivo¿ la idea que nos han vendido los fabricantes de carros de que ¿nuestra autoestima debe depender de la cilindrada, modelo y marca del carro¿. 

Usted se daría cuenta de que el concepto de las ciclorrutas se ha socializado el día en que, obvio, las completen y se vean llenas; el día en que no sean sinónimo de riesgo; el día que los conductores de carros respeten a los ciclistas; el día en que el Gobierno ofrezca esquemas de seguridad para evitar el robo de bicicletas y facilidades de parqueo; el día en que las empresas le faciliten la vida a los empleados que la usen, con baños para asearse luego de un largo recorrido, el día en que el común de la gente esté convencida de que usarla es benéfico para la salud¿ el día en que, como diría el adolescente, usar la ciclorruta sea ¿play¿. 

Últimos interrogantes: Alcalde, ¿existe algo más desestimulante para la utilización del carro particular que el mal estado de la malla vial por la que usted ha hecho tan poco? Alcalde, si esa es parte de su estrategia contra el uso del carro, ha sido muy efectiva.

A propósito, Alcalde: ¿podemos confiar en las cifras sobre el mal estado de la malla vial en Bogotá o les pasa lo mismo que a las cifras de criminalidad? Alcalde: ¿Hay algo más desestimulante para el uso del carro que el esquema tarifario de los parqueaderos, sobre el que no hay en realidad ningún control

Alcalde: ¿hay algo más desestimulante que el esquema único de cobro del impuesto de rodamiento, independientemente de si el dueño no lo usa o lo usa tres veces más que su vecino? Alcalde, si todo eso es parte de su estrategia para desestimular el uso del carro, ha sido muy efectiva.
 

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