Maserati y Fangio, dos nombres famosos que cumplen un siglo

Uno en la creación de las máquinas de carreras y de calle, y el otro al volante, llegan este año al centenario de su nacimiento. La victoria de Fangio en 1957 en el Nürburgring fue la epopeya de ambos

Redacción Motor

10:42 p.m. 01 de julio del 2014

Un siglo de Maserati y Fangio

El pasado 24 de junio, Juan Ma­nuel Fangio, cinco veces campeón del mundo del automovilismo, habría cumplido 103 años. El próximo 1 de diciembre, Maserati cumplirá formalmente un siglo de haber sido fundada bajo la dirección de Alfieri Maserati en compa­ñía de sus dos hermanos Ettore y Ernesto, en Bolonia, Italia. Más tarde, en 1932, se agregó el cuarto hermano, Bindo, pero en ese momento ya había muerto Alfieri. Todos ellos tenían una enorme vocación por la tecnología y los autos de carreras, pero se empeñaron en diferentes tareas afines y solo en 1926 produjeron el pri­mer carro que llevó el logotipo de la marca, inspirado en la fuente de Neptuno de Bolonia, y se le acredita a un quinto hermano, Mario, haberlo diseñado.

Este carro, conocido como el Tipo 26, ganó la famosa copa de Florio, en Sicilia, con lo cual abrió las puertas de su fama. Desde entonces la historia de Maserati corre mucho más cer­cana a sus éxitos en las carreras que a su creci­miento industrial, que siempre tuvo tropiezos, aún en estos tiempos, hasta cuando fue oficial­mente asumida por el grupo Fiat y ahora tiene una gran comunidad de piezas y motores con Ferrari para su ya establecida pro­ducción de unos 23.000 vehículos por año y un futuro asegurado.

Por supuesto que el tema de ga­nar en las pistas era lo que más re­nombre le daba, por lo cual el A6 Grand Tourer de 1947, un precio­so automóvil de altas prestaciones, abrió la línea para exitosos modelos como el Quattroporte de 1963, he­rencia que aún se conserva en el portafolio.

Las pistas fueron el mejor salón para Maserati cuando se estableció el campeonato mundial en 1950, un certamen en el cual básicamente los carros italianos del naciente Ferra­ri, los Alfa Romeo y los Maserati se batían contra los alemanes de Mer­cedes y los incipientes fabricantes ingleses, como Vanwall y Cooper. En 1954 y 1957, Fangio dejó en la sede de Bolonia los laureles de dos títulos mundiales, que acompañaron importantes victorias, como dos co­ronas en las 500 MiIlas de Indianá­polis y nueve triunfos en la F1 de ese entonces.

La competencia contra los ale­manes resultó insostenible para las marcas italianas. Alfa Romeo, que abrió el mundial con victorias en 1950 y 1951, le cedió a Ferrari el trono entre 1952 y 1953. En el 56, Ferrari corrió con carros presta­dos por Lancia, y en 1958 fue cam­peón del Mundo con el inglés Mike Hawthorn. Ahí se cierra un ciclo que rodó alrededor de Fangio, quien hizo en 1957, a bordo de un Maserati 250, la carrera más memorable de esos tiempos.

Fue el 4 de agosto de 1957 en el duro Nürburgring rutero con más de 172 curvas. Fangio tuvo que pa­rar por gasolina y descontó luego casi dos minutos de ventaja que le habían tomado los Ferrari, bajando consecutivamente el récord de la vuelta.

Este momento del argentino fue su cumbre como piloto, y también lo fue para Maserati con ese auto­móvil legendario que nunca se pudo repetir.

Por detrás de los carros de pista, Maserati se movía con dificultades. La familia Orsi compró todas las ac­ciones en 1937, pero mantuvo a los hermanos Maserati trabajando en la parte técnica.

Durante la guerra trabajaron en componentes militares y en el pro­yecto de un automóvil para Benito Mussolini, con un motor V16 para emular el auto que Ferry Porsche hizo para Hitler. El carro nunca se terminó.

En 1968, Citroën compró la compañía a los Orsi, entusiasma­do por los lindos autos que esta­ban fabricando, y de ahí quedó un SM, que fue hecho en asocio tecnológico con un pésimo resul­tado de ventas por sus reputados problemas de confiabilidad. Se hizo también el primer modelo de gran serie, conocido como el Bora.

Citroën quebró en 1974 y Peu­geot la compró, pero de inmedia­to declaró a Maserati en obser­vación, sin embargo el gobierno italiano intervino para evitar su liquidación.

En 1975, el argentino Ale­jandro de Tomaso se hizo a la compañía y se acercó mucho a Chrysler por la amistad que te­nía con Lee Iacocca, su presi­dente.

Aunque la marca funcionaba, solamente cuando Fiat la adqui­rió en 1993 hubo un despegue importante, y en el 97, Ferrari, su archirrival en las pistas, compró la mitad de sus acciones, que lue­go terminaron en manos de Alfa Romeo bajo la bandera de Fiat Auto, en 2005.

Un siglo de Maserati y Fangio

La pista fue su salón

El Tipo 26B de 1927 ganó la Targa Florio y la marca saltó a la fama, pues en esos tiempos la velocidad y las victorias eran la mejor presentación ante el eventual comprador. Maserati usó a todos los carroceros italianos para ir variando su oferta, pero nunca llegó a consolidarse financieramente hasta cuando quedó en manos del grupo Fiat, hace pocos años.

Ayer y hoy

De la primera línea de fabricación de los hermanos Maserati a la actual plan­ta, con toda la modernidad y rapidez, hay unos 80 años de distancia y diferencia.

En la actualidad, Maserati produce unos 13.000 carros por año y sus cifras co­merciales crecen positivamente en más de 70 países donde tiene representación.

DATOS
La producción de autos de Gran Turismo fue pródiga en modelos pero no muy exitosa en ventas, por lo cual Maserati rozó la quiebra en muchas ocasiones hasta ser comprada por Ferrari, en 1997, que la resucitó.

Además de Fangio, Stirling Moss fue otro de los pilotos estrella de Maserati a quien vemos corriendo en Mónaco en 1958, año final del 250 F, y luego probando el prototipo del famoso 'Birdcage', que tenía un complejísimo chasis tubular.

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