La mayoría de municipios cercanos a Bogotá están contrariados con la idea de colocar peajes a la entrada de Bogotá por la Séptima y la Autonorte

Los peajes que la Nación y el Distrito quieren instalar a las entradas de Bogotá tienen un gran impacto social. Hasta se desestimularía el paseo de olla. Entrar a Bogotá: ¿una registradora?

Redacción Motor

05:00 a.m. 29 de agosto del 2008

Las bellas épocas en las que la familia bogotana salía a ¿piquetear¿ a las Piedras de Tunja, iba a comer almojábanas a Chía o degustaba los postres en Sopó podrían quedar en el olvido, pues con la cantidad de peajes que las autoridades planean instalar para taponar las entradas de Bogotá la convierten en algo más parecido a la registradora de un bus, que le cobra cada vez que pasa por allí.

Con el argumento de que se necesitan recursos para ampliar la Autopista Norte y la Carrera 7 hacia el norte, el Ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, anunció que se instalarán peajes para entrar a Bogotá a la altura de los que ya existen para salir.

Dice el jefe de la cartera de Transporte que las obras se iniciarán a finales del 2007 y que simultáneamente se comenzarán a cobrar los peajes. El costo de las obras de ampliación de ambas vías es de 400 mil millones de pesos. Las obras durarán entre un año y año y medio en completarse.

La Autopista Norte tendrá cinco carriles por cada sentido hasta la calle 242 y la carrera 7 tendrá tres carriles por cada sentido desde la calle 170 hasta los límites del distrito. Se espera que dicha ampliación dé mayor movilidad a los cerca de 120 mil vehículos que entran y salen por esas vías un domingo.

Todos están contrariados
Pero las reacciones de la gente no se hicieron esperar, pues son muchos los habitantes de los municipios de esa zona que saldrían afectados, como Chía, Zipaquirá, Sopó, Cajicá, Tocancipá y Gachancipá, por mencionar algunos.

De hecho, tanto la gente de los municipios como los bogotanos saldrán afectados. Por un lado, están quienes viven en esas poblaciones pero estudian o trabajan en Bogotá y tienen carro, que deberán pagar el doble de lo que pagan hasta ahora en peaje. Por el otro, están quienes utilizan esos municipios como ciudades dormitorio.

Por ejemplo, una residente de Chía, que hasta hace poco vivía en Bogotá, dice que ella y su esposo están pensando en devolverse para Bogotá, pues pagan 148 mil pesos al mes en peajes. Con un peaje nuevo para entrar a la ciudad quedarían pagando el doble, o sea 296 mil pesos (eso, al año, serían casi 3 millones de pesos).

¿Es inadmisible que una persona que se gane 2 millones de pesos al mes deba gastar casi un 20 por ciento de su salario en peajes¿, dice Luís Fernando Delgado, Secretario de Tránsito de Chía.
Orlando Piñeros, habitante de Sopó, y quien tiene dos hijos universitarios que asisten a clases en Bogotá, dice: ¿Voy a tener que irme para Bogotá para no tener que estar trasteando con mis hijos. En últimas, es más barato que viaje yo solo entre Sopó y Bogotá para atender mi negocio de plásticos¿.

El Alcalde de Chía, Fernando Sánchez, tampoco está de acuerdo con los peajes pues, entre otros efectos no deseados, asegura que se reducirá el comercio de la zona, pues es desestimulante para los bogotanos pagar dos peajes para visitar un restaurante o ir de compras a Chía.

NO ESTÁ DE ACUERDO
EL TIEMPO habló con Luís Fernando Delgado, Secretario de Tránsito de Chía, quien está en desacuerdo con la medida.

¿Es terrible. Por ahora estamos a la espera de que la autoridad se pronuncie y lleguemos a un acuerdo en cuanto a una tarifa diferencial, pues nosotros tan solo utilizamos 2,5 kilómetros de vía (entre Chía y el peaje)¿.

Y continúa: ¿Está vista la improvisación y la falta de planeación; hay bastantes ejemplos, como la construcción del Centro Comercial Santa Fe (en el que no existió un plan de movilidad previo), los dispositivos de velocidad para el transporte especial y la revisión técnico-mecánica¿.

En cuanto al dinero del recaudo de los peajes anota: ¿Los habitantes de los municipios terminamos financiando un proyecto que es solo para Bogotá¿. ¿Bogotá consume el agua y los alimentos del departamento y una medida de este estilo no es lo que se pueda llamar reciprocidad¿.

El funcionario dice además que Bogotá no puede montar un peaje por fuera de su jurisdicción, según la Ley 136, vigente desde la época en que se comenzaron a elegir los alcaldes y gobernadores por voto popular.


QUIÉNES RESULTAN AFECTADOS
Los restaurantes: al desestimular los paseos de los bogotanos, sufren los bares, comederos, restaurantes, sitios de rumba y similares, pues no habría tanta afluencia de público proveniente de Bogotá.

Los estudiantes: alumnos de entidades de educación superior, como la Universidad de La Sabana, la Universidad Militar y la Santo Tomás, que viven en Bogotá tendrían que pagar el doble de peaje que en la actualidad. Además, para estos estudiantes no existe una alternativa de transporte masivo diferente a la del carro particular o el bus intermunicipal. También hay una gran cantidad de colegios.

Los residentes: el bolsillo de aquellas personas que viven en esos municipios pero que trabajan en Bogotá deberán dedicar buena parte del dinero de la canasta familiar para pagar peajes.
Trabajadores del campo: aunque laboren en el campo, los dueños de fincas deben ir y venir constantemente a la capital.

La construcción: esta zona se está convirtiendo en un polo de desarrollo importante, pues allí hay innumerables proyectos de vivienda y proyectos comerciales. Los peajes podrían imponer un obstáculo a ese desarrollo.

Clubes y cajas de compensación: las personas que disfruten de clubes y sitios de recreación, como Cafam y Colsubsidio, tendrán que pagar más por ir a relajarse.

El tráfico: un peaje adicional siempre genera trancón y eso agrega tiempo y estrés al ya caótico tráfico por esa vía. Así, la rapidez que se logre con la ampliación de la vía se pierde con la espera en el peaje.

Escenarios deportivos y de recreación: el parque Jaime Duque, Panaca y el Autódromo de Tocancipá, entre otros.


LA MAYORÍA NO ESTÁ DE ACUERDO
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