Las motos de Guzzi, reflejo de todos los ancestros de la marca más antigua de Europa

La V7 Racer es una versión modernizada de las famosas 'Café Racers', que hicieron furor en Inglaterra más de medio siglo atrás. En Colombia, la Racer cuesta 40,8 millones de pesos.

Redacción Motor

02:45 p.m. 14 de noviembre del 2014

Detalles de la Guzzi V7 Racer

Guzzi es el fabricante de motos más antiguo de Europa. Su historia arrancó en 1921 y hasta hoy los diseños de sus máquinas reflejan ese ADN que las distingue como motos clásicas, deportivas, funcionales, elegantes y con la reconocida estética italiana.

Una de sus motos emblemáticas que se está vendiendo en Colombia es la Guzzi V7, nominación bajo la cual se acomodan tres versiones: Stone, Special y Racer, variantes todas derivadas de la moto del mismo nombre que salió al mercado en los años 70 y que marcó un hito en la marca.

Manejamos la Guzzi V7 en versión Racer, que es la más deportiva de las tres configuraciones.

Todo el diseño de la ‘Racer’ está alineado con su sabor de velocidad: el tanque cromado propio de las motos de competencia de esos tiempos, el bastidor pintado en un llamativo color rojo, los rines de seis radios, el número 7 en una placa en la parte frontal, como se usaba en las carreras, los escapes apuntando hacia arriba y las horquillas delanteras con fuelles de caucho, indican claramente que en su momento fue creada para correr y hoy se traen estos rasgos a una moto de calle.

La moto es muy fácil de manejar, sobre todo en el tráfico gracias al torque de su motor de 750 cm3, de dos cilindros, dispuesto en V a 90 grados, lo que le permite salir rápido de todos los arrancones de los semáforos. Una vez en la carretera, la emoción de la aceleración a bajas y medias revoluciones que se goza en la ciudad no es tan evidente, pues el motor tiene una progresión muy plana sobre las 7.000 revoluciones, donde se limita.

La caja de cambios, de 5 marchas, es precisa. La operación es relativamente sencilla cuando uno se acostumbra a la posición de los pies, que quedan un poco más atrás de lo usual, lo cual se explica porque se busca que la posición de manejo sea lo más deportiva posible. Toda la potencia pasa a través de un cardán a la rueda trasera, por lo que es muy suave la sensación de subir y bajar las marchas.

El momento que se disfruta más la V7 Racer es cuando la carretera deja de ser recta y se abordan las curvas. Ahí la moto es muy ágil y responde de manera perfecta a todas las instrucciones del motociclista, pues es predecible en todo momento y lo hace sentir como un piloto profesional, y la salida de las curvas, gracias al torque del motor, es un placer por la contundente aceleración y respuesta.

El compromiso del carácter deportivo de las suspensiones con el confort se resiente un poco al rodar en la ciudad, donde la dureza del resortado es fatigante porque se siente hasta el más mínimo desnivel del pavimento, sobre todo en el tren trasero, a pesar de ajustar la rigidez de los amortiguadores en su punto más blando. Si se suma que la posición de manejo es bastante acostada, hay que acostumbrarse porque la espalda acusa los rigores en cada salida, pero es un precio correcto a pagar cuando se busca una moto de esas características.

Otro aspecto que no es un fuerte en la Guzzi V7 Racer son sus frenos. Adelante y atrás monta discos que se quedan muy justos, siendo el trasero el que mejor responde a pesar de la elegante dotación de las pinzas delanteras Brembo de cuatro pistones.

El panel de instrumentos cuenta con dos marcadores, velocímetro y tacómetro, y no deben ser más si se tiene en cuenta el concepto de la moto. También tiene en la parte baja del manillar una placa con el número de construcción, un detalle más que habla de la exclusividad de la V7 Racer.

Las otras dos versiones disponibles de la V7 son la Stone, que se caracteriza por sus colores mate negro, verde y rojo, poco cromado, rines de aleación, y es la menos retro. Cuesta 33,1 millones de pesos. La Special, más cercana a la Racer, vale 36,6 millones y se diferencia por los rines de radios, líneas en el tanque y las tapas laterales, y es la más clásica de los tres modelos disponibles.

Por último, la V7 Racer, cuyas características ya reseñamos, tiene un valor de 40,8 millones, un cheque que permite trasladarse en el tiempo con todo el diseño, deportividad y clase de las antiguas Café Racers.

Juan Pablo Clopatofsky


Detalles de la Guzzi V7 Racer

Las ‘Café Racers’

La estampa de la Racer inmediatamente nos remonta al escenario motociclístico del Reino Unido de hace unos 65 años, cuando se volvió muy popular modificar las motocicletas para lograr mejores prestaciones con el objetivo de competir en la distancia que separaba a los aficionados de los diferentes lugares donde se reunían para tomar café, cultura que dio lugar a ese estilo de motos conocidas como ‘Café Racers’.

DATO

Hay que cambiar el ‘chip’ antes de abordar la V7 y entender de dónde proviene su diseño y cuál es la funcionalidad que se evoca, para vivir las sensaciones que se sentían en las motos deportivas de alto rendimiento hace medio siglo.

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