El nuevo MINI II es ahora un vehículo confortable con un comportamiento dinámico único

Hecho sobre una plataforma de BMW, mantiene las características deportivas de los Mini, pero domesticaron las suspensiones y el nuevo motor de tres cilindros turbocargado lo mueve como debe ser.

Redacción Motor

03:48 p.m. 06 de mayo del 2014

Vea la galería de imágenes del MINI II

Antes de la avalancha de variantes que debe llegar, el nuevo Mini básico se compra con 70 millones de pesos.

Teníamos mucha curiosidad por mane­jar el nuevo Mini, que hasta el momento sola­mente había sido objeto de artículos tallados sobre su ficha técnica, pero sin el sabor en la ruta de un carro que obligatoriamente debe manejarse para cogerle el pulso.

El Mini de hoy es un aparato único, como lo fue desde su revolucionaria aparición en los años sesenta del anterior siglo; la diferencia es que ahora dista mucho de ser un auto popular y es más bien un vehículo de lujo, pues se vende a par­tir de los 70 millones de pesos. Tiene su nicho de clientes, a tal punto que la reencarnación a manos de BMW ha sido un éxito mundial, que esta se­gunda generación debe mantener.

Por eso, externamente, si bien es totalmente diferente en medidas, pesos y algunas formas, no se ale­ja del modelo anterior cuyo ADN y estética siguen vigentes. Inclu­sive -valga la pena mencionarlo como anécdota-, los seguidores de Mini son tan tradicionales que cuando en Inglaterra lanza­ron una nueva cara del automóvil, llamado Clubman, la gente no lo aceptó y tuvieron que regresar a las facciones originales.

No es el caso de este modelo 2014 porque se trata de un carro totalmente di­ferente, construido sobre una plataforma que compartirá la próxima generación de la Serie 1 de BMW. Además, dejaron el motor 1.600 turbocargado, que se usaba también en mode­los de Peugeot y Citroën, a cambio de un tres cilindros de 1,5 litros, con una curva de torque variable para tener una máquina muy civiliza­da y decente en gama baja de revoluciones, o un aparato brioso que empuja hasta 210 kph. Y, además, pasa de 0 a 100 kph en solo 7,9 se­gundos a nivel del mar.

La primera averiguación es con el pie de­recho para calibrar si el nuevo motor, de alta eficiencia, mueve al Mini como debe ser. Y lo hace, pero con mejores modales, ya que es más flexible, menos brusco en dar la potencia, y en un andar calmado se expresa bien su torque y deja apreciar el impecable ajuste de la cabina.

La dosis de urbanidad también se la aplica­ron al chasis y a las suspensiones, sin borrar del todo su caminado de kart, que quedó, pero muy moderado. Es corto y seco el trabajo de los resortes, sin embargo ya no cambia de ca­rril súbitamente cuando se acelera, y se vive a bordo con más tranquilidad y baja cuota de sacudidas.

El interior remodelado juega con el gran cuadrante central donde va la información, y alrededor del cual se prenden luces circulares para indicar la agresividad de la conducción con el consumo. Todo es más grande y más discotequero, más colorido.

DATOS
Los controles tienen la misma mecánica y electrónica de los BMW y se aprecia claramente el aprovechamiento de elementos entre las dos marcas.

Afortunadamente los alemanes conservaron todo el concepto y los modales del MINI, aunque los mejoraron, pero con el mayor respeto.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.