¿Está peor la sociedad que Transmilenio?

¿Está peor la sociedad que Transmilenio?

Redacción Motor

04:19 p.m. 20 de marzo del 2012

Más allá de todo el contexto político, social y técnico, si lo hay en un nivel adecuado que no parece, el colapso del TransMilenio capitalino, no en los días de las protestas sino en su cotidianidad, es una noticia que causa enorme tristeza.

Ver que toda una urbe dedicó sus esfuerzos financieros
y los ciudadanos una incalculable dosis de paciencia, generosidad con sus impuestos y tolerancia para que se construyeran las vías y se montara un sistema que hace diez años se predicaba como la gran solución final para la movilidad se Bogotá y hoy está en un embudo sin salida, es una frustrante situación.

Por no decir una desilusión total con quienes han tenido en sus manos la operación y el desarrollo de todas las rutas y accesorios
del sistema que se les salió de las manos. O lo tienen apañado a su personal conveniencia. TransMilenio se copó. Pero porque sus directivas y las alcaldías pasadas nunca pensaron que lo que habían hecho era apenas el comienzo de un sistema y no el final. No implementaron los biarticulados a tiempo.

Solamente cuando se vomitan los corredores y puentes de las estaciones se dan cuenta de que deben poner más buses y que anden más rápido para mover los pasajeros. Las imágenes que hemos visto en estos días de pesadilla sobre el estado de las vías son una vergüenza total para sus responsables, sean alcaldes, IDU, seguramente, contratistas o todos. No hay derecho que las losas viejas sean una fractura interminable de cementos
y de presupuestos.

Y que las nuevas, que no han estrenado, estén ya dañadas. Ante un escenario que estaba fermentado pero que se desbocó en unas grotescas protestas que el Alcalde quiso endilgar a sus contradictores políticos, a los transportadores, a la tecnología, como si los problemas de operación de TransMilenio no hubieran existido sino hasta ese día que le "montaron el tinglado", no se oyó ningún diagnóstico atinado.

Y mucho menos una solución consecuente. Claro que a Petro le entregaron esa papa caliente con las luces de reserva de combustible encendidas, y no es su culpa cuanto problema se ha acumulado desde tiempo atrás. Pero sí es su obligación tener respuestas precisas, técnicas y viables como quiera que un candidato a alcalde supuestamente ha estudiado la variedad de chicharrones que le ofrece el menú de su cargo, y debe llegar a gobernar con la dosis de digestivos adecuada y preparada.

Y no a inventarla cuando le lanzan papas, pero explosivas. Por ejemplo, hablar de buses híbridos de dudosa aplicación técnica en esta altura de la capital y de un precio elevadísimo, es una utopía cuando no tienen plata para aumentar la flota actual. Es manejar
en las nubes un problema terrenal.

Decir que los buses corrientes usen los carriles de TransMilenio es una insensatez pues no tienen accesos por el lado izquierdo y la altura de las estaciones implicaría que los pasajeros se montaran por las ventanas. Ofrecer que el Distrito compre y opere vehículos
es algo destinado al fracaso por la conocida ineficacia del gobierno en estos aspectos y la alta vulnerabilidad que tiene el estamento en materia de corrupción.

Pretender bajar las tarifas a la brava tampoco es algo que parezca fluido dentro del sistema financiero, salvo que el Distrito, por ejemplo, se encargara de poner el combustible a un precio fijo y asumiera las alzas que de manera inclemente decretan MinHacienda y MinMinas. Algo que también está calentando otra variedad de papas.

Y si hablamos del 9 de abril de 1948 cuando hubo una revuelta del pueblo que arrasó con media ciudad en medio del dolor nacional, lo del pasado 9 de marzo -siempre los 9- tiene una connotación peor. Fueron muchachos de colegio, estudiantes, jovencitos, pelagatos, quienes cogieron los muebles de la ciudad a piedra. Eso indica que la descomposición de las losas y los buses no es en el fondo tan grave como el deterioro de la formación educativa y familiar que
está dando estos brotes de intolerancia.

Los buses y las calles se arreglarán en algún momento de este siglo si llegan conductores adecuados, pero si la calidad de la gente del mañana se va a pique, se van a llevar al país por delante.

FRASE:

Ya Bogotá tuvo tranvías y el pueblo los quemó el 9 de abril de 1948. Hubo una empresa distrital de buses que cobraba pasajes más baratos y la quebraron los transportadores particulares y la mala
administración del Distrito. Hubo buses eléctricos, de los cuales
tanto se habla ahora, y están todos botados en un lote de la calle 72 con 24. Y también biarticulados o "gusanos" que los volvieron chatarra. Todo un monumento del pasado al futuro que nos ofrecen.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.