Cuando no quieren hablar de carros...

Cuando no quieren hablar de carros...

Redacción Motor

03:23 p.m. 01 de julio del 2014

… lo mejor es escribir de fútbol, a ver si alguien nos para bolas.

Por eso resolví averiguar un poco sobre los puntos tecno­lógicos que van detrás del desarrollo del campeonato, aprove­chando que la mayoría de las imágenes nos llegan por cuenta de grandes anunciadores del sector automotor, como Kia- Hyundai, que son la misma familia, Continental y Castrol, que, dicho sea de paso, prepara una fuerte acometida en el mercado colombiano.

Con toda certeza los amantes del fútbol profundo conocen todo esto, pero nosotros, los aficionados comunes que llega­mos de la mano del impecable ímpetu de nuestra Selección al campeonato (escribo antes del partido contra Uruguay, pero el resultado que se dé no puede mermar el reconocimiento al equipo y al entusiasmo que nos despertó), seguro no sabemos que:

- Por primera vez, el fútbol usa elementos de gran tecnolo­gía para saber si el balón pasó la línea de gol. Hay siete cáma­ras de cada lado de la cancha que toman la posición del balón cada dos milisegundos, a razón de 500 cuadros por segundo. Si pasa la línea, como se ve en el tenis, de inmediato en el reloj del árbitro hay una señal de vibración y aparece la palabra gol para que lo pite con certeza. La precisión es de medio centíme­tro. Esto acabará con las verdaderas 'arbitrariedades'.

- La espuma con la cual el árbitro marca el sitio de cobro y la distancia de la barrera, 10 yardas o 9,15 metros (el fútbol sigue oficialmente en medidas inglesas), fue inventada por el periodista argentino Pablo C. Silva. Es una mezcla de agua, bu­tano y otros elementos que lleva el juez en un aerosol llamado '9.15'. Desaparece en un minuto.

- ¿Felices con la televisión de alta definición? Ya estamos pasados de moda porque existe UHD o 4K Ultra High Defini­tion, infinitamente superior. Sony transmitirá algunos partidos a Inglaterra y graba todo el campeonato de manera experi­mental en 4k. Preparen platica para comprar otros televisores o decodificadores en un futuro cercano. Imagínese el negocio que viene, cuando se calcula que este campeonato tiene una au­diencia de 3.200 millones de personas.

- El balón oficial (Brazuca) proviene de un largo estudio en túneles de viento. Tiene solamente seis piezas, que le dan más esta­bilidad en vuelo y dirección.

- Para estudiar el balón, existen robots que patean la bola repetitivamente con la misma potencia y forma de impacto. Hay balones con sensores internos que leen el tipo de golpe y miden la velocidad y pro­yección del tiro a una distancia de 15 me­tros. Pronto los tendrán los equipos para entrenar a sus jugadores.

- Un jugador corre entre 8 y 9 kilóme­tros por partido y estiman que el árbitro hace 12. Lo miden con otro grupo de diez cámaras de alta sensibilidad que ven todo movimiento en el campo e identifican al actor. Dan los datos de sus pases, la zona de influencia donde se mueve, mediante com­plejos algoritmos que calculan tres ejes de desplazamiento.

- Para la transmisión de TV, en cada esta­dio hay 32 cámaras, aparte de las otras citadas.

- Los chalecos que usan todos los su­plentes o llevan los jugadores a la cancha son térmicos. Se refrigeran previamente y durante media hora mantienen una tem­peratura entre 20 y 25 grados. Eso explica que en Manaos, ¡a 40 grados!, los suplentes deban calentar cuando entran al juego.

- Para ser aceptado, un árbitro debe pa­sar pruebas físicas como recorrer 4 kilóme­tros en menos de 21 minutos y medio, pero un kilómetro es solo caminando. Después, le exigen que haga 150 metros en 30 segun­dos y camine otros 50 en 35 segundos. Esta secuencia la repiten 20 veces. Para rematar, le piden seis piques de 40 metros en me­nos de seis segundos, con minuto y medio de descanso entre estos. Si pasa todo, le dan un pito, uniformes, jueces de apoyo y ayudas para que mande en el campo. Pero no lo entrenan para que lo insulten unas 30.000 personas en el sitio y millones des­de sus casas. Poco tecnológico.

Podríamos escribir muchos más datos sobre este Mundial en el cual estamos me­tidos de cabeza como nunca antes, lo cual le ha dado al tema de los carros una 'exos­tada' y a este periodista la afortunada posi­bilidad de cambiar de tema y, por lo menos, aburrirlos con datos. Pero de moda.

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