Todo un Salón de Fantasías fue la edición 83 del Salón de Ginebra

Los grandes carros de Ferrari, McLaren y Lamborghini pusieron a soñar a los aficionados.

Redacción Motor

05:52 a.m. 19 de marzo del 2013

"En medio de las muchas tentaciones inmediatas en las comunicaciones personales y en los accesorios de la vida diaria, el carro ha dejado de ser un elemento de provocación y cambio, pero de todas maneras, cada año se venden más de 79 millones de vehículos y en Ginebra estaban los estelares". 

Fotos de los súper deportivos del Salón de Ginebra

 Van 83 años de fiesta del automóvil en el compacto Palexpo de Ginebra y 83 oportunidades en las cuales la industria y sus pensadores hacen ver que lo expuesto 12 meses atrás ya es historia. La dinámica de este producto no cesa aun en momentos negros de las ventas, como lo que vive Europa ahora, ni en las bancarrotas de los emperadores de la industria, como les pasó hace un tiempo a los norteamericanos, ni en las vicisitudes de los tsunamis que desaceleraron a los japoneses. Tan solo la Segunda Guerra Mundial detuvo temporalmente esta exposición, pero uno de los primeros síntomas de paz y recuperación fue el mismo salón cuando retomó su regularidad en 1947.

Por el hecho de ser anual, su historia duplica la de los salones de París y Fráncfort, que se alternan cada año, y su condición de ser una sala neutral, pues en Suiza no hay fabricantes, hace que este encuentro sea el más homogéneo y auténtico del automóvil, y por esa misma condición de imparcialidad es el único del mundo al cual concurren todos los diseñadores con sus últimas propuestas.

Cada Salón trae su historia. Ecología, electricidad, gas, híbridos, carbonos, aluminios y aceros han hecho noticia en su momento y demuestran la flexibilidad del automóvil para adaptarse al cambiante mundo de la mo vilidad, en el cual es tan protagonista positivo como un antagonista para muchos entornos.

El del 2013 fue un salón para los carros "fuera de serie", sin que por ello quiera decirse que los carros de serie y para la clientela mundana hayan quedado por fuera. Pero un salón en el cual, con espacio de pocos minutos y metros, nacen casi simultáneamente el mejor Ferrari de la historia, el Lamborghini más aparatoso o el McLaren más desafiante, se lleva por delante todas las otras noticias y la audiencia, aunque esta última sea apenas para generar un apetito contemplativo pues ninguno de esos carros baja del millón de dólares. Y si de exageraciones de trata, estaba exhibido un Koenigsegg con incrustaciones y láminas de oro de 24 quilates al lado de los carros eléctricos de bolsillo. Que tampoco son baratos.

De todas maneras, viendo el discurrir de los salones y las teorías, es interesante ver cómo los grandes inventos se convierten en rutina y los avances en cotidianidad. Hace cinco años, un carro híbrido era una rareza y ahora lo curioso era ver algún constructor que no lo presentara. Ni siquiera el gran Ferrari estaba fuera de eso. Como lo es el celular para cualquiera de nosotros que hace veinte años vivíamos incomunicados.

La electricidad tampoco es ya noticia. Existe y punto. Aún en proceso de invención y de buscar competitividad, pero ya está claro que los carros no se van a volver de baterías, aunque sí habrá ocasiones y funciones en las cuales serán útiles y justificables plenamente.

Quedan entonces los carros de todos los días en los cuales se incorporan los detalles que puedan reducir las emisiones de CO2, que es hoy una medida más importante que la potencia y el torque de los motores por encima de los caballos finales de potencia.

Los turbocargadores reinan pues su aporte gratuito al rendimiento de los motores hace que máquinas cada vez más pequeñas muevan los carros de manera más rápida y limpia.

Los ingenieros de las cajas de velocidades por fin pusieron en los autos de serie cascadas de relaciones -es común una caja de ocho marchas adelante en carros mundanos-, que permitan aprovechar los motores mucho más, y el automatismo de estas unidades cada vez desplaza con más notoriedad el cambio manual tradicional, en su línea final de servicios.

No hubo, aparte de los citados, grandes autos que hicieran noticia
en Ginebra 2013. El tema en la prensa internacional fue más bien la gran crisis de las ventas en Europa y la nueva composición del mundo automotor, en la cual Asia domina, aunque ya no tiene la capacidad de sorpresa e ingenio con la cual mandaban sus carros a estos salones.

El consumidor de hoy tiene otras tentaciones más evidentes, como sus comunicaciones, sus tabletas y computadores, el entretenimiento, cuyos aparatos requieren cambios mucho más frecuentes que el automóvil, cuya fidelidad con sus dueños está por encima de los tiempos de recambio que desean los fabricantes. Y tampoco la industria tiene forma de atraerlos y motivarlos, como pasa cuando lanzan un nuevo teléfono casi idéntico al anterior y la gente le hace filas de horas para tenerlo y filas pacientes con sus ahorros para pagarlos.

Eso se respiraba en el Salón. Todo es nuevo, todo es lindo, todo
es moderno, todo es impactante, pero no todo es tan necesario ni tan magnético para los clientes, por lo cual la noticia no se la llevaron los carros populares, porque son muy comunes y afines todos, sino las supermáquinas que hicieron de Ginebra el salón de las fantasías modelo 2013.

FRASES
LAS PUERTAS AL ESTILO MERCEDES BENZ 300SL SE HAN
CONVERTIDO EN UN LUGAR COMÚN EN TODOS LOS DISEÑOS Y SON ESENCIALES PARA FACILITAR EL ACCESO A ESTOS VEHÍCULOS DE MOTOR CENTRAL Y MUY BAJOS.

EL ÚNICO SALÓN DEL AÑO AL CUAL CONCURREN LOS DISEÑADORES Y HA SIDO SIEMPRE UNA IMPORTANTE PASARELA PARA LAS GRANDES IDEAS, ES GINEBRA. EN 2013, SOBRARON PROPUESTAS.

LOS GRANDES AUTOMÓVILES RECURREN EN SU MAYORÍA AL APOYO DE MOTORES ELÉCTRICOS PARA SEGUIR MEJORANDO SUS PRESTACIONES SIN AFECTAR LAS EMISIONES, QUE SON MÍNIMAS POR SU ALTA TECNOLOGÍA.

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