Un Salón que une a un sector que no habla

Se fue otro Salón del Automóvil al archivo, como los anteriores 24 que se han hecho, y cada cual deja su huella.

Redacción Motor

11:22 p.m. 01 de diciembre del 2014

Como se ha dicho, el 2014 logró una diferencia en el criterio y la forma como la mayoría de las marcas expusieron sus productos. Fue una exhibición con más peso institucional y mucha más organización para el cubrimiento de la prensa, que se traduce en una mayor y más correcta información para quienes no asisten o van ya con una idea preliminar a recorrerlo.

También la voracidad de los vendedores estuvo más disimulada, por lo cual el sabor de feria se moderó, aunque claro está que por detrás de toda la pasajera parafernalia de los pabellones, las luces, las acrobacias y la infaltable bocelería femenina, todo el sector busca capturar entre los cientos de miles de personas miembros de la familia Miranda a aquellos del clan de compradores que van al Salón con el cheque listo y aprovechan para colocarlo en el mejor sitio, gracias a la comparación inmediata que pueden hacer de cada vehículo.

Los resultados de este año son un poco más conceptuales. Recuerdo las llegadas a los salones anteriores y en cada stand la cuenta era de unidades vendidas, que la marca equis lleva tantas separaciones, que a aquellos les está yendo muy bien y, con el rubor propio del orgullo de cada logotipo, pocos dicen que perdieron la exhibición.

Seguro esta vez todos vendieron, se dieron a conocer, se mostraron con más dinámica, trajeron lo mejor de sus garajes, y la gente acudió masivamente a pesar de los masajes invernales que supone recorrer a Corferias cuando el invierno hace parte del escenario.

Fue interesante ver más carros híbridos o eléctricos de todos los voltajes, desde el pequeño Twizy hasta el ostentoso BMW i8, pasando por motos y bicicletas cero emisiones. Este tema energético sigue siendo una apuesta para conseguir usuarios con otra conciencia y unos cheques más liberales, porque el costo de los autos de pilas es desproporcionado. Por impuestos y por su precio mismo de base, debido al alto valor de las baterías.

Los vehículos pesados fueron pocos, pues sus compradores son gente especializada que no va a escoger a una feria porque tiene suficiente información y experiencia acerca de sus necesidades. En cambio, el pabellón de motos aumentó, aunque ya exige que las marcas tomen espacios más definidos porque la cantidad hizo que fuera difícil distinguir entre la montonera de aparatos que, salvo sus colores, son muy parecidos. Posiblemente haya un salón exclusivo para motos el año entrante, pero no obsta para que sigan estando siempre al lado de la muestra de los carros. Finalmente se venden casi tres motos por un auto al año.

Decepcionante sí es la desunión del gremio automotor. No hay una sola voz que lo agrupe o varias que hagan sentir el peso de esta industria y su impacto en la vida y la economía nacionales. Tampoco hubo ninguna personalidad del Gobierno aplaudiendo o al menos saludando semejante esfuerzo que implica globalmente este montaje.

Era la ocasión para pedir mejor trato para los eléctricos. Oír propuestas para el desembotellamiento de las ciudades. Ver que sea verdad toda esa cuarta generación de contratos viales. Tener la remota esperanza de que las calles de Bogotá merezcan al menos una mirada responsable de su alcalde. Discutir las restricciones. Mirar si hay forma de destapar esas caóticas entradas y salidas de Bogotá. En fin, hacerse ver, oír, pelear, como lo hacen tantos otros sectores que con dos o tres buenos planteamientos salen con las manos llenas de subsidios y contentillos.

Nada pasó. Como hace 30 años, y todos los que hacia más atrás se quieran contar, el sector del automóvil no ha sido capaz de unirse, de mostrarse, de asociarse para defender sus intereses comunes y pelear por los problemas que lo atrofian. Los gremios que lo representan y hasta organizan la feria, nunca hablan por sus afiliados con la vehemencia que defienden otros negocios.

Toda nuestra “movilidad” la manejan, a su capricho e intuición, alcaldes, policías, concejales y mandos medios que van dictando o imponiendo normas que invariablemente atacan al carro particular. O candidatos a diversos niveles de cargos públicos que siguen pensando que tener carro es asunto de ricos. Les habría convenido ir al Salón y ver el público que asiste y lo que se ofrece para entender que esta ciudad ni el país pueden interpretarse desde los escritorios, con teorías repentistas y lejos de la realidad.

Ignoran dos cosas olímpicamente: que la clase media es la que tiene el 74,9 por ciento de los automóviles (Estudio de Raddar). Y que ese enorme número de personas elige alcaldes y autoridades. Ojalá no lo engañen ni lo subestimen otra vez.

FRASE
“Es decepcionante la desunión del gremio automotor. No hay una sola voz que lo agrupe o varias que hagan sentir el peso de esta industria y su impacto en la vida y la economía nacionales. Tampoco hubo ninguna personalidad del gobierno aplaudiendo o al menos saludando semejante esfuerzo que implica globalmente este montaje”.

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