El salvavidas chino

El salvavidas chino

Redacción Motor

02:53 p.m. 30 de abril del 2012

Hablando hace algunos años con un importante empresario colombiano que fabrica ropas especiales en enormes dosis y que, aparentemente, podrían ser un elemento que sufriría muchas
consecuencias negativas con la creciente competencia de productos similares hechos en China, cuando le pregunté cómo pensaba defenderse me dio la respuesta más obvia: "Vendiendo en China, donde puedo ser más grande y capturar un mercado
enorme". Nada más lógico.

Hoy lo estamos viviendo en el mundo del automóvil. Hace tiempos pensábamos que los chinos nos iban a invadir con sus automóviles baratos, en su mayoría de diseños y tecnologías atrasadas, muy mala mano de obra y menor calidad, a unos precios irrisorios que justificaran sus falencias evidentes.

No sucedió, pues a pesar de que su ataque en estos mercados fue claro, la penetración nunca llegó a los niveles que se esperaban
para demoler la organización comercial presente, y aunque han progresado y ganado clientes, sobre todo en utilitarios pequeños, que son fiel copia de buenos productos japoneses de antaño, el carro chino como tal no ha logrado la revolución que se temió en la industria convencional ni en los grandes mercados, cuyas exigencias técnicas les cerraron las puertas.

Más bien, promovió una aglutinación de fuerzas en su propio territorio. Las sabias palabras de mi amigo acaban de tener una clara visibilidad en el pasado Salón de Beijing, en el cual la gran noticia y lanzamientos fueron los carros "occidentales", por llamar así a la industria tradicional no china, incluyendo a japoneses y coreanos. Todas las marcas hicieron modelos para ese mercado monumental, acomodaron versiones y hasta hubo "premieres" mundiales de algunos carros y cada día se anuncian nuevas plantas y desarrollos industriales.

Hay dos claras razones para que eso suceda. Si la industria autóctona china quisiera desarrollar sus propios vehículos a tono con la tecnología actual y futura tendría que esperar unos diez años, por lo menos, para lograr productos de nivel internacional, y muy posiblemente el acceso a la información y los avances les iba a estar muy restringido.

Japón logró hacer eso en un lapso de 30 años, los coreanos en menos, pero hoy ya no hay un bache de tiempo que permita hacer ese proceso, y los grandes productores se protegerían de una acometida de ese género. Por eso se saltaron ese paso y convocaron a todas las marcas internacionales a establecerse en el país con sus modelos ya conocidos en el mundo entero,  ahorrando los enormes costos y tiempos de investigación,
conocimiento y desarrollo que les habría tomado hacerlo por su cuenta.

Los chinos entregan su clientela pero cobran peajes con la exigencia de fabricación local y el subsiguiente empleo, inversiones importantes y mucho soporte a las obras de infraestructura para que todos esos millones de carros que venden puedan rodar decentemente.

Es por eso que hoy los fabricantes de toda la vida son los grandes protagonistas del mercado chino y, eventualmente, cuando decidieran exportar desde ese origen, van a proteger sus
fábricas e importadores en el resto del mundo con precios internacionales que no generen desniveles ni competencias desiguales, sobre todo por la cuestionada sobrevaluación de la moneda china, para favorecer sus ventas en el exterior.

Pero la industria no puede olvidar que en este momento los consumidores chinos la están salvando, sacando de la recesión en algunos casos y, en otros, dándole unos fondos para cubrir los grandes déficits que muchos reportan, especialmente en Europa, donde las ventas están en una baja importante y algunas de las plantas trabajan a un porcentaje muy bajo de ocupación, cuando no han cerrado turnos y recortado unidades.

O poniendo platas en marcas que estaban a punto de colapsar,
como pasó con Volvo, Saab y MG, y lo hicieron los vecinos de la India con Land Rover y Jaguar. Paradójicamente, la situación actual indica que los chinos están salvando al mundo del automóvil
con la apertura de sus incalculables posibilidades de ventas de vehículos en ese monumental país y, al ofrecer su clientela, les botaron un gran salvavidas a casi todas las marcas que, en
las apretadas y limitadas economías de Estados Unidos y Europa, flotaban con dificultades y otras se hundieron.

RECUADRO:

En el pasado Salón de Beijing, la gran noticia y lanzamientos
fueron los carros "occidentales", por llamar así a la industria
tradicional no china, incluyendo a japoneses y coreanos, que no dan abasto para atender la enorme demanda de vehículos en ese país.

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