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Estas son algunas de las razones por las que un carro tiene diferentes nombres

Muchas veces las marcas bautizan a sus carros con nombres que en sus países de origen son considerados normales pero en muchos otros mercados pueden resultar ofensivos o inadecuados.

Redacción Motor

04:32 p.m. 05 de mayo del 2015

Si hay algo difícil en el mercadeo mundial del automóvil es escoger el nombre de un producto. Muchas marcas han optado por un nombre genérico como, por ejemplo, Twingo, Dimax, Evoque, Datsun, Land Cruiser, y sobre esas palabras construyen una historia que se vuelve una definición común de la tipología de cada aparato. Otras van por las numeraciones como las series de BMW, los ordinales de Peugeot, las complejas siglas de los Mercedes, cuyas letras o cifras distinguen cada modelo y sus tipos. A esto les agregan a veces más referencias para destacar sus motores o equipos, como el FE (Full Equipo), la I de Inyección, la S de Sport, etc.

De todas maneras, una vez definido un nombre o sigla viene la investigación de su viabilidad en cada país y lenguaje, pues su significado puede resultar a veces ofensivo o contraproducente. Por ejemplo, el Mitsubishi Pajero se llama Montero en Colombia. Luego viene el proceso de registro para verificar que en cada país donde se vaya a vender un carro no esté registrado el nombre. Sucedió en Colombia hace muchos años, cuando Jeep dejó la distribución y su nombre fue registrado por un industrial de Pereira que le dio nacimiento a la fábrica Wilco (Willys de Colombia).

La repetición del nombre en un carro diferente, como pasó, por ejemplo, con muchos modelos de VW hace poco tiempo, cuando el Passat de acá no era el mismo de México o Europa, obedece al uso de la influencia que pueda tener esa asociación para efectos de mercadeo. También, debido a los intercambios de plataformas y de vehículos completos, unas marcas en un sitio se llaman de manera diferente. Pasó en Colombia con todos los Suzuki que conocimos como Chevrolet Swift, Sprint, Vitara, etc.

También se da la invención de nombres para un mercado específico, como pasó con los Mazda Matsuri y Asahi, que fueron bautizados localmente con el ingenio de su entonces director de ventas en la CCA, Pedro Nel Quijano.

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