Suzuki Swift Sport: oda a la vieja escuela

Buscando revivir el legado que dejó el Swift GTi, este pequeño demuestra que la receta para un manejo divertido no tiene que ser muy compleja.

Redacción Vehículos

12:55 p.m. 21 de junio del 2016
Suzuki Swift Sport

Suzuki Swift Sport

Daniel Otero Bravo
Redactor de EL TIEMPO


En un mundo donde el pie izquierdo y el brazo derecho se han vuelto prescindibles para la conducción y la inducción forzada de los motores es la regla para el rendimiento, el Swift Sport llega como una bocanada de aire fresco que recuerda las raíces de los hot hatchbacks, segmento que el Volkswagen Golf GTI popularizó desde la segunda mitad de los años 70.

Los amantes de la elevada potencia y turbocargada aceleración seguramente no le encontrarán el encanto, pero aquellos “análogos” que aún disfrutan el tacto de una precisa palanca de cambios y una aguja que ruega para que la hagan escalar el tacómetro no demorarán en sonreír al darse cuenta que están frente a un concepto automotor que ya parece extinto.

Cifras como los 134 caballos de potencia del pequeño motor aspirado de 1.6 litros o el torque máximo de 160 Nm alcanzados a las 4.400 rpm ya no impresionan a nadie, pero en cambio se requerirán dietas extremas para siquiera acercarse a sus 1.070 kg de peso (en vacío), una de sus varias claves.

A esta se suman un chasis con una puesta a punto impecable y una suspensión que a pesar de no mostrar nerviosismo tampoco castiga en la irregular (y en los mejores casos, regular) malla vial capitalina. La dirección, con cerca de dos vueltas y media entre topes, aporta al manejo una rapidez y maniobrabilidad excepcional.

Suzuki Swift Sport

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El arranque inicial no lo pondrá a la delantera en muchos “piques” (unas relaciones más cortas en los dos primeros cambios ayudarían) pero una vez superadas las 3.000 rpm el panorama empieza a cambiar, teniendo desde las 4.000 un empuje que continúa progresivo hasta la línea roja del tacómetro, apenas pasadas las 7.000 rpm. Lástima no tener un sonido algo más ronco.

Más que un campeón de aburridas líneas rectas, el Swift Sport es un devorador de curvas que se aferra al asfalto sin reparos y sin necesidad de ayudas (las llantas de compuesto blando aportan en gran medida), al punto que el control de estabilidad actúa más como un “tío alcahueta” que como una madre sobreprotectora (al menos en piso seco).

De hecho ni siquiera alcanzó a intervenir en curvas cerradas tomadas a velocidad considerable, por lo que una carretera revirada y sobre todo una pista serán los escenarios ideales para disfrutar a fondo este pequeño que esconde grandes sorpresas.

Suzuki Swift Sport

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No todas favorables, lastimosamente. Su tamaño se traduce en un interior justo para cuatro adultos y un baúl que hace que el de un MINI parezca generoso, y aunque el equipamiento de seguridad es muy completo (seis airbags, frenos con todas las asistencias, controles de tracción y estabilidad, entre otros), se extrañan elementos que por su precio muchos considerarían obligatorios.

La preocupación por todo esto desaparece cada vez que se pisa el acelerador, suben las revoluciones, llegan las curvas y se dirige la dirección con una naturalidad que no requiere acostumbrarse, pero 77 millones de pesos es una suma tan considerable como las emociones mismas que transmite cuando se está tras el volante.

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