El tapón de los peajes

El tapón de los peajes

Redacción Motor

08:36 p.m. 16 de abril del 2012

Nadie puede dejar de reconocer que a punta de operaciones retorno y de múltiples ensayos para lograr una fluidez decente del tráfico en las carreteras cuando hay fines de semana extendidos,
la policía ha conseguido aliviar en algo el problema de los trancones y bloqueos interminables y desesperantes.

Pero, como tuvimos oportunidad de discutirlo con el comando en pleno de la Policía Nacional de Carreteras y de Bogotá, hay un
punto ciego que no se ha podido aliviar, y son los tapones que se forman para pagar los innumerables y cercanos peajes donde las colas son insufribles.

Más o menos, en la ruta los carros fluyen lentamente y con los contraflujos se acelera la circulación en zonas críticas como las entradas a las ciudades, que suelen ser dos o tres vías por
las cuales hay que hacer pasar todo el copioso caudal de vehículos, y claro, no hay ninguna de ellas exenta de la caseta de cobro, que son paredes, a tal punto que a veces la policía debe ordenar levantar las varas para destrabar el país.

Indagamos con el Ministerio del Transporte sobre sus proyectos para implantar el pago electrónico de los peajes y resulta que el tema, sobre el cual se habla aisladamente y siempre en los momentos de las crisis de las carreteras pero no se sabe que tenga alguna continuidad, no es más que otro proyecto analgésico.

Proyecto del cual es muy fácil exponer tesis y sugerir que habrá soluciones inmediatas, pero que en la práctica no ha tenido ningún avance. Y esto es algo prioritario.

No es algo fácil de implementar porque las carreteras son un retazo de concesiones independientes con sus propios intereses y compromisos.

Por lo tanto, es imposible pretender que cada concesionario ponga su propio sistema pues uno no puede estar abriendo cuentas o
haciendo prepagos de oficina en oficina para acogerse a cada sistema de cobros, como pasa en los dos o tres sitios donde hay un incipiente sistema automático.

Tiene que ser un mecanismo universal y nacional de pago, contra cuentas bancarias, y que el recaudo llegue a los concesionarios de una manera tan inmediata como el efectivo que recaudan en sus casetas. En las cuales van a la fija pues no hay cajero que no revise cada billete de mil o 50 mil, le meta la uña y lo ponga a contraluz  para saber si es bueno, demorando aún más la operación.

Que podría ser más ágil si tuvieran dispuestos los trueques, ya que afortunadamente no hay muchas denominaciones de billetes, y si
se redondearan las tarifas a unas cantidades más fáciles de manejar en este aspecto.

Las carreteras están hipotecadas a los concesionarios,
afortunadamente, pues en manos del Estado habrían colapsado hace marras, y estas entidades privadas, en una afortunada mayoría, las tienen en unas buenas condiciones dentro de sus limitaciones, claro que por cuenta de los usuarios y sin aporte del gobierno.

No creo que trabajar en este recaudo electrónico al paso de los carros sea una tarea de otro mundo, pues en todos los países avanzados existe y funciona y cada vez mejor con los sistemas
de comunicación de alta velocidad y la popularización de los medios electrónicos de pago, que ya no son un privilegio sino una necesidad, cualquiera que sea el nivel de ingresos de los usuarios.

Es urgente que el Ministerio ponga esa tarea en marcha como una prioridad, pues no solamente les haría un elemental favor a los ciudadanos, sino que además aceleraría todo el tráfico nacional del transporte y bajaría los tiempos de viaje de las mercancías, con beneficios claros para la economía personal, empresarial y estatal.

Todo el mundo estaría dispuesto a comprar el chip, si procede de una negociación y adjudicación correctas, con tal de librarse de esa pesadilla de esperar cocinados en sus carros en filas desesperantes para pagar un peaje cuyo recaudo debería ser una fuente de comodidad y seguridad.

RECUADRO:

"Todo el mundo estaría dispuesto a comprar el chip, si procede de
una negociación y adjudicación correctas, con tal de librarse de
esa pesadilla de esperar cocinados en sus carros en filas desesperantes para pagar un peaje cuyo recaudo debería ser una fuente de comodidad y seguridad".

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