La tecnología del 'ojímetro'

La tecnología del 'ojímetro'

Redacción Motor

03:13 p.m. 28 de enero del 2014

Arrancamos año con bastantes novedades reglamentarias para el uso de nuestros automóviles. La ley de sanciones para los que manejan con tragos a bordo, la creación y arranque de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y, a última hora, la implantación en Bogotá de comparendos por ruido o humo excesivo en los vehículos. Pero con la novedad y peligro que estos se imponen a ojo y a discreción de la agudeza visual o auditiva de cualquier policía. Nada más absurdo y –a ojo del abogado empírico que somos todos los colombianos– suena bastante discutible su legalidad.

Empecemos por este último tema. Yo le veo cosas buenas, a pesar de que no estoy de acuerdo con la subjetividad y caprichoso uso de la norma, pues, como base, una infracción sobre aspectos técnicos no se puede juzgar ni calibrar sin elementos proporcionales y válidos diferentes a la simple percepción de una persona, sobre todo en el tema del ruido. Porque, en el fondo de la película, el humo sería visible y registrable, pero el sonido es tan volátil como incomprobable cuando el ciudadano acuda a las instancias de validar el comparendo ante la autoridad, situación que –ya lo sabemos perfectamente– se convierte en un mano a mano entre la palabra del agente contra la del ciudadano, en el cual siempre el civil es el perdedor.

Pero digamos que tiene un aspecto positivo, pues si aplica esta nueva norma de enviar los vehículos contaminantes en ruido y humos a revisión y corrección obligatoria a los buses y motos como prioridad de la misión, se lograría un gran avance en la mejora del medio ambiente. Porque buses echando humo y motos pitando con escapes de competencia o con silenciadores desfondados son el pan nuestro de cada calle y mantendrían a toda la policía de tránsito ocupada 24 horas deteniendo vehículos y formulando comparendos. Algo que, de entrada se sabe, les queda grande, y para esos problemas tan evidentes y notorios han tenido una vista gorda digna de un ‘baipás óptico’.

Sería la aplicación decente y lógica de la medida que dictó la Secretaría de Movilidad de Bogotá, que, de lograr implementarla con justicia y eficacia, nos daría un mejor respiro a los vecinos de esos vehículos en las calles y andenes.

Pero no es previsible que esto lo hayan pensado para limpiar las emisiones del transporte público y de vehículos pesados, cuyos escapes vomitan cortinas de humo de ACPM crudo. Más bien, o casi seguro, la cacería será otra vez al vehículo del ciudadano particular, indefenso ante el ‘ojo técnico’ del agente y para quien los certificados de los CDA sobre gases y estado mecánico quedan inválidos y pierden su razón de ser.

La medida, por lo tanto, no tiene una razón fundamentada ni práctica para que prospere y más bien apunta a que la entidad distrital la meta en el cajón donde deben reposar tantas ideas y medidas que han planteado en su historia, todas inviables y desenfocadas.

Y si lo hicieran con la justicia y el equilibrio que merecen semejantes operativos y la entrega de esa herramienta punitiva a los agentes del tránsito, el resultado inmediato es que la ciudad colapsa pues deberían detener sin contemplaciones y en el mismo día a miles y miles de buses y camiones claramente contaminantes. Empezando por muchas unidades del propio Transmilenio y los cientos de buses del SITP que son viejos aparatos maquillados por fuera para hacerle creer al usuario que le están ofreciendo un transporte moderno y seguro.

El otro tema, que dará seguramente para muchas columnas y análisis en el futuro cercano, es el papel que deberá desempeñar la Agencia Nacional de Seguridad Vial, órgano gubernamental que sustituirá al Fondo de Prevención Vial, que es una entidad particular. Tiene la enorme misión de ponerle tecnología, ciencia y sabiduría al mundo del transporte, empezando por las homologaciones de los carros que se venden en el país sin una validación técnica, ante lo cual el Ministerio del Transporte ha sido un escritorio ‘firma-papeles’ sin autoridad ni competencia técnica.

Y de ahí en adelante, cientos de tareas: airbags y ABS obligatorios, carrocerías de buses seguras y no chivas que son una escalera al precipicio, señales de carreteras, pesebres y altares en vez de luces reglamentarias, escuelas de conducción, carreteras azarosas, calles destruidas, motos con pilotos inexpertos cuando menos, código de tránsito actualizado y realista, límites de velocidad sensatos, dobles rayas que no sean un monumento al negocio de la pintura, coherencia de los sistemas de los organismos administrativos, etc.

Mejor dicho, no nos va a faltar tema este año que, les deseamos, sea el mejor para todos.

FRASE
“Los comparendos al ojímetro que autorizó Bogotá podrían tener un aspecto positivo si les aplicaran esta nueva norma de enviar los vehículos contaminantes en ruido y humos a revisión y corrección obligatoria a los buses y motos como prioridad de la misión. Se lograría un gran avance en la mejora del medio ambiente. Pero seguramente la idea es seguir clavando al particular, que es quien menos daño hace”.

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