La terquedad con los biocombustibles

El director de revista Motor, José Clopatofsky, comenta sobre la intención del gobierno de seguir con la implementación del etanol al 85 por ciento, algo para lo cual no hay carros, ni infraestructura

Redacción Motor

08:18 p.m. 25 de abril del 2011

  El ministro de Minas, Carlos Rodado, nos contestó de manera tajante y muy segura cuando le preguntamos si el gobierno estaba revisando los programas de biocombustibles a raíz de las exigencias técnicas que hizo la Unión Europea para firmar el Tratado de Libre Comercio. En ese momento el presidente Santos regresaba de Alemania con la advertencia en el bolsillo, tema que no debió sorprenderlo porque desde cuando empezaron a trazar estas políticas en el gobierno anterior, han llovido críticas y reparos muy fundados y de alcance mundial.

El Ministro nos dijo claramente que no habría cambios en la implantación de la gasolina con 85% de etanol desde el año entrante y que tampoco se contemplaba detener el incremento del porcentaje de biodiésel en el Acpm. Mejor dicho, que Colombia está en contra de las advertencias técnicas sobre  incompatibilidades en el caso del diésel e impulsando un combustible E85 para el cual hay cero infraestructura.

Quiere imponer una gasolina que no sirve para ninguno de los autos actuales y se pretende que desde 2012 todos los vehículos que lleguen o se ensamblen funcionen con un combustible que aún no existe y no estará disponible masivamente dentro de 10 meses porque requiere una red totalmente independiente, empezando por la de todas las estaciones de servicio.

48 horas después de la negativa del Ministro, en el marco del Congreso del gas natural en Cartagena, EL TIEMPO publicó que estaba caminando en varios de los ministerios implicados -entre ellos el de Minas- un proyecto decreto que modifica la norma supuestamente inviolable e irreversible y que, probablemente, se evaporará en la reunión prevista para el 29 de abril en el seno de la Comisión de Biocombustibles, al tenor de técnica mundial que rige para los motores y que indica que son inviables en este momento las propuestas colombianas, tal como hace mucho tiempo acá lo escribimos cuando las decretaron.

Es que este tema no es algo caprichoso ni una norma que se pueda imponer por encima de la técnica mundial de los combustibles. Conversando con Gordon Excel, vicepresidente de Cummins, uno de los mayores fabricantes del mundo de motores diésel, nos reafirmó que una mezcla de bio superior al siete por ciento no es compatible con las máquinas actuales.

Concepto que le expresaron al presidente Santos los negociadores de la Unión Europea a nombre de todos los fabricantes de autos de ese continente y que pusieron como condición para proseguir con el estudio del eventual tratado pues excluiría a todos los automotores europeos. Y del resto del mundo porque la convergencia sobre la inviabilidad de la norma como la plantean en Colombia, es un denominador común.

Sobre el etanol, la misma Unión Europea manifestó que con más del 10% en la mezcla, no funciona ningún motor presente y que para subir al 85% se necesitan motores especiales 'flex' que no todos los fabricantes desarrollan pues no lo consideran como
un combustible alternativo que se vaya a imponer globalmente.

Obligar a que todos los carros de cilindrada inferior a 2.000 cm3 sean E85 desde el 2012, como lo contempla el decreto que se hereda, hecho a dedo, del gobierno y ministro de Minas anteriores, también excluye arbitrariamente a una cantidad de fabricantes, no solo de Europa sino también a los asiáticos de la posibilidad de vender sus carros en Colombia, precisamente en momentos en que queremos abrirles el mercado local a todos.

Es decir, que esa "política" de los biocombustibles no es viable de la manera como la querían imponer, a la brava, probablemente movida por intereses diferentes a los técnicos. Está bien proponer esas mezclas pero como alternativas opcionales, acompañadas de incentivos tributarios o de precios y con el presupuesto para las infraestructuras correspondientes que, a su vez, se apoyen en unos consumos que garanticen su rentabilidad. Pero es penoso que un presidente tenga que ir a recibir esas lecciones de tecnología elemental que un país, productor de petróleo, fabricante de gasolina, biodiésel y etanol debería dominar y aprovechar de la manera correcta y tuviera que regresar a alinear de afán a sus "especialistas" para enderezar el tratado.

Ojalá de esa reunión salgan conclusiones y decisiones diferentes a querer carburar la tecnología del país a punta de decretos y nos eviten estos osos internacionales.

Los combustibles del país no los pueden seguir formulando a punta de decretos que van contra la tecnología aceptada en el resto del mundo.

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