La tiranía de los conos y la doble línea amarilla en las carreteras colombianas

Pese a las múltiples quejas de los conductores, las autoridades siguen instalando estos elementos en los pocos sitios donde se puede adelantar.

Redacción Motor

05:00 a.m. 29 de agosto del 2008

CARLOS CAMACHO MARÍN
REDACCIÓN VEHÍCULOS

A pie o a lomo de mula, ¿o tal vez en bicicleta? Estas parecen ser las formas ideales de viajar por las carreteras nacionales que quieren imponerles a los colombianos el Ministerio de Transporte y la Policía de Carreteras. 

No hay otra explicación para lo caótico, traumático, desesperante y costoso que resulta salir de viaje por cualquier carretera del país. Hoy empiezan tres días de tortura.

Y menos se entiende que, mientras por un lado se construyen vías más modernas y seguras, por el otro, se obligue a los viajeros a transitar a paso de tortuga detrás de un lento camión, so pena de pagar una costosa multa por adelantar en doble línea amarilla continua.

A esto hay que sumar los ridículos límites de velocidad y la no menos absurda acción de la Policía de Carreteras o el Ejército de poner los famosos conos naranja en los pocos sitios donde se puede adelantar.

A esto hay que sumar la tortura que les infligen a los viajeros con sus radares, o el 'plan freno' (ubicar una camioneta de la policía a rodar a 40 kph delante de la caravana de particulares).

"No sé si es casualidad, pero las autoridades parecen disfrutar bloqueando los escasos tramos donde es posible pasar, para pedir documentos", decía Yolanda Reyes en su columna 'A lomo de mula' del pasado sábado en EL TIEMPO.

En esa misma columna, doña Yolanda invitó al Ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, a hacer un recorrido entre Bogotá y Girardot, sin escoltas, sin pasar en doble línea amarilla, para que luego contara su experiencia. Como es poco probable que haya una respuesta del funcionario, la sección Vehículos le 'cogió la caña'.

El largo y tortuoso camino
El plan de viajar en un puente a 'tierra caliente', que se arma con antelación para gozárselo, empieza a convertirse en pesadilla desde la misma salida de Bogotá.

Si usted decide irse por la calle 13 hacia Girardot, debe estar dispuesto a perder por lo menos una hora desde la Avenida Boyacá hasta el río Bogotá por el caótico tráfico de tractomulas y transporte intermunicipal. 

La otra opción es tomar la 'trocha' de la mal llamada Avenida de La Esperanza, toda una vergüenza para la capital del país, sobre todo el tramo que va paralelo a la segunda pista del Aeropuerto Eldorado.

Una posibilidad más es por la Autopista Sur, en donde el sufrido conductor debe librar una dura batalla entre flotas, 'zorras', camiones y desvencijados carros de acarreos con 'revisión técnico-mecánica al día'.

Hay que atravesar Soacha, y desde Bogotá hasta el primer peaje (Chusacá) podrá tomarle dos horas si bien le va, porque a ninguno de los alcaldes de ese municipio se le ha ocurrido construir puentes peatonales o vehiculares para que sus habitantes puedan pasar de un lado a otro. En total, son por lo general cuatro horas a Melgar: ¡cuatro horas en tan solo 95 kilómetros¡

Dicen que "mal de muchos, consuelo de tontos", pero lo cierto es que la película es exactamente la misma si usted viaja hacia Villavicencio; o por la Autopista a Medellín (calle 80) hacia La Vega o Villeta, o por la Autonorte hacia Chía o Tunja. 

A esas alturas del viaje usted ya va pensando si no hubiera sido mejor quedarse en la casa, porque en adelante lo que viene es un lento desfile, como de carroza fúnebre. Tienen que aguantarse un pesado camión y a veces hasta tres o más seguidos, pues la doble línea amarilla no le permite un sobrepaso.

Sin embargo, uno ve cómo pasan raudos por el lado -desafiando todas las normas, pasando en curvas y en doble línea amarilla- los buses intermunicipales repletos de pasajeros. Y la Policía no dice ni ve nada.

Y los conos, ahí
La semana pasada le preguntamos al director de Tránsito y Transporte de la Policía Nacional, general Luis Alberto Moore Perea, qué iba a pasar con los conos.

Al igual que en otras oportunidades, nos respondió: "He dado instrucciones para que estos no se instalen en sitios donde se pueda adelantar". En otra ocasión nos había dicho que la instalación de los retenes se coordinaba con los comandantes de las distintas fuerzas para agilizar el tránsito de los viajeros.

Pero todo parece indicar que al General sus subalternos no le entienden las órdenes o sencillamente no le hacen caso. El fin de semana pasado había conos instalados en cinco sitios en la carretera que conduce de Bogotá a Neiva. Todos en largas rectas y en los sitios donde se podía adelantar.

Para rematar, a 20 kilómetros de Neiva, después de una interminable doble línea amarilla, además de los conos, la Policía de Carreteras tenía instalados sus radares y cámaras.
Muchos de los lectores sabrán lo que es transitar por esa carretera, a las dos de la tarde, con un sol inclemente, a 40 grados de temperatura y a 60 kph, sin poder sobrepasar un camión. Y cuando se tiene la oportunidad, ahí están los conos.

La misma situación se presentó en inmediaciones de Saldaña; había un retén del Ejército en límites de Tolima y Huila; más conos cerca de la variante de El Espinal, y otra fila de conos naranja en la larga recta que hay entre el peaje de Chinauta y Fusa. Así, imposible pasar.

Sin excepción, en todos estos sitios se puede sobrepasar sin ningún peligro pues la carretera está en buenas condiciones y hay suficiente visibilidad.

Por eso, si este fin de semana decide irse de puente, solo le podemos recomendar que se arme de paciencia para que el viaje no le salga más costoso, como nos ocurrió a nosotros, que al tratar de sobrepasar un camión y aumentar la velocidad nos encontramos de frente con un radar de la policía, ¡en el único sitio donde se podía adelantar! Total de la factura: 230 mil pesos, y a eso hay que sumarle la gasolina y 10 peajes (ida y regreso) por valor de 69.800 pesos. No nos quedó ni para un ¿cono doble¿.

¿CONOS A ESPALDAS DEL GENERAL?
El problema de la doble línea amarilla no parece tener solución pronta. En diciembre pasado el general Moore le dijo a Vehículos "que el tema se estaba estudiando"; y el de los conos, pues ya comprobamos que estos se siguen instalando, no sabemos si a espaldas del general.


¿UN AMIGO EN EL CAMINO?
Con las condiciones en la vía, el ciudadano cada día cree menos en el lema de la Policía de Carreteras que reza "Un amigo en el camino". Hay cierta desconfianza y el placer de disfrutar del paisaje se está convirtiendo en el temor de encontrarse intempestivamente con un radar de la Policía.

Porque es casi imposible en cualquier carro estar pendiente al mismo tiempo del velocímetro y de la carretera. Con solo tocar un poco el acelerador ya se anda a 70 u 80 kph. Y en algunos tramos de la nueva doble calzada Bogotá-Girardot (no sabemos si son provisionales o definitivos), hay señales que prohíben ir a más de 50. ¡Increíble!

El asunto es más complicado porque los agentes no entienden razones, y no vale ninguna explicación. Para ellos lo importante es facturar, perdón, imponer el comparendo y que el conductor pague. Si no se firma, no hay problema, otro agente concurre acucioso a firmar como testigo. Así, siempre el conductor llevará las de perder.

"Así usted intente explicarle que el carro iba recalentado y que esa línea estaba mal trazada porque ahí había visibilidad suficiente ¿lo cual sucede con frecuencia¿, más le vale correr a pagar la multa de casi medio millón, para evitar que se le duplique en una semana", dice la columnista Yolanda Reyes.

En muchas cartas que llegan a esta sección los lectores se preguntan por qué la Policía no hace una labor más pedagógica y de ayuda al ciudadano. "¿Por qué si un policía ve una caravana de camiones que atasca el tráfico de los vehículos pequeños, no les llama la atención? ¿No los pueden orillar para despejar la vía?", se pregunta un lector.

Y añade otro lector: "¿ y cuando al fin se ve una mínima oportunidad de hacerlo aparece el encargado de dañarnos el día: el agente de policía que sabe dónde y cómo ubicarse para sacar beneficio propio y aligerar nuestras billeteras  al ganarnos una multa que es injusta, por no tener en cuenta nuestra topografía y las condiciones reales de las vías".

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