Probamos el Renault Twizy, pero ¿qué tan práctico es?

El diminuto aparato supone toda una predisposición del propietario para vivir en su peculiar cabina y una limitación al uso urbano.

Revista Motor

08:44 p.m. 14 de julio del 2015
Twizy, ¿lúdico o práctico?

Twizy, ¿lúdico o práctico?

Renault está lanzando masivamente su pequeño Twizy como parte de su política mundial de impulso a los carros puramente eléctricos. Ochenta kilómetros anda con cada recarga, que tarda tres hora en una toma casera adecuada por Codensa y que vale entre 4 y 4,5 millones de pesos.

Manejar un carro es algo tan natural para muchos que descuidamos las cosas más obvias, como la forma en la que vamos aislados del punzante ruido y del intoxicante humo de los buses, o cómo el clima es algo externo que en nuestra acogedora cabina podemos controlar con un botón o una perilla. Pero en el caso del Renault Twizy todo es tan único, que ni siquiera acomodarse en la cabina resulta un proceso normal.

Por eso las puertas no son convencionales, sino tipo tijera, que facilitan el ingreso al puesto del conductor. Pero quien decida viajar en el asiento trasero tal vez no estará muy de acuerdo con la facilidad de la maniobra, aun si su contextura es delgada y su altura promedio, características que ya ‘le quedan chiquitas’ al carro.

La silla del conductor solo corre hacia adelante y hacia atrás, no se reclina, y la columna de dirección es fija, por lo cual una posición de manejo óptima será algo difícil para muchos. En cuanto a la visibilidad, los únicos reproches aparecen al momento de estacionar, pues las ruedas no están del todo visibles. De todas formas, cualquier complicación que esto pueda traer es compensada por las pequeñísimas dimensiones del Twizy.

Twizy, ¿lúdico o práctico?

Twizy, ¿lúdico o práctico?

Fue precisamente su estampa y tamaño lo que más nos atemorizaba antes de salir a la calle (sin olvidarnos de la autonomía). Con apenas 2,32 metros de largo y 1,19 de ancho, dimensiones más parecidas a las de una moto (recordemos que en Europa es clasificado como un cuadriciclo), es obvio sentirse intimidado hasta por los más pequeños citycars.

Afortunadamente cualquier indicio de invisibilidad producto de su tamaño estuvo fuertemente contrarrestado por lo que podríamos llamar el ‘factor novedad’. Salvo quienes iban esclavizados por las pantallas de sus teléfonos, no hubo mirada que no siguiera nuestra trayectoria, y en vez de la lluvia, lo que nos inundó fueron las incontables preguntas y comentarios que cayeron sin cesar.

Entre los interrogantes, el más común frente a los carros eléctricos es el mismo: ¿Sí anda? Si bien la aceleración no pegará a los ocupantes a sus sillas, la capacidad de recuperación, muy necesaria en ciudades para moverse y escabullirse entre el tráfico de forma ágil y sin esperas, es una de las características de desempeño que más agradecimos.

Aunque las detenciones requieren una presión sobre el pedal del freno muy contundente y superior a la que esperaríamos, y en curvas haya que estar pendientes de resaltos que podrían desacomodar la trayectoria, seguirle el paso al resto del tráfico no supone mayor reto. En términos generales, cumple con lo que se esperaría de un vehículo totalmente urbano.

Twizy, ¿lúdico o práctico?

Twizy, ¿lúdico o práctico?

Las falencias o desventajas (como lo quieran ver), surgen en el tema de la comodidad y la habitabilidad, tanto por factores propios del Twizy como por algunos externos. La falta de un cojín o un material más acolchado para las sillas se traduce en un cansancio prematuro, sobre todo en la parte baja de la espalda y donde esta pierde su casto nombre; la carencia de cualquier tipo de aislamiento de la cabina cobrará su cuota sobre los oídos y los pulmones por cortesía de buses y camiones (haciendo prácticamente inútil el Bluetooth opcional); la suspensión, la corta distancia entre ejes y la malla vial capitalina resultan en un andar algo rudo; y a raíz del indeciso clima, nunca estará de más llevar a la mano al menos unos guantes y una buena chaqueta.

Para esto último se venden como accesorio opcional unas ventanas en un material plástico transparente, las cuales, a pesar de no haberlas probado, nos atreveríamos a recomendar como aditamento obligatorio así desentonen con el diseño del auto (a la final, son fácilmente removibles). También está disponible, al menos a través del concesionario Auto Stok, una maleta que se acomoda en la silla trasera, mejorando la practicidad. Sin esta, las carteras de las mujeres y maletines de los hombres tendrán que asegurarse con el cinturón trasero o acomodarse en los espacios que quedan entre la silla y las puertas.

Pero la verdad es que a pesar de la incomodidad de la silla delantera, un desempeño moderado y una cabina abierta a todo tipo de inclemencias sonoras, ambientales y climáticas, andar en el Twizy por Bogotá es de por sí una experiencia única.

Más que una compra racional realizada luego de ‘echar números’ o sopesar virtudes y falencias, el Twizy bien podría catalogarse como un juguete. Yendo un paso más lejos, incluso diríamos que las comparaciones (si se van a hacer) no deberían ser con carros de precio o características similares, sino más bien con una maxi-scooter. Al igual como sucede con estas, el Twizy no es para todos, pero quienes se adentren en su mundo seguramente no querrán salir de él.

Daniel Otero
Obtuvimos el Twizy de prueba por cortesía del concesionario Auto Stok de Bogotá.

Autonomía
Según datos oficiales, el Twizy tardará tres horas en cargarse en una toma de corriente de 220 voltios, y con la pila completa habrá suficiente energía para recorrer entre 80 y 100 kilómetros, según lo permitan las condiciones. En nuestro caso, el computador arrancó marcando 49 kilómetros de autonomía, llegando a los 69 gracias a la frenada regenerativa.
Al final del día, luego de alternar trayectos lentos en trancones y otros más rápidos en autopista, sumamos un total de 73,8 kilómetros recorridos, tras los cuales el computador terminó indicando una autonomía restante de solo 5 kilómetros más. Justo.

Twizy, ¿lúdico o práctico?

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Biplaza
Al igual que una moto, el Twizy está dispuesto para dos pasajeros, ubicados uno detrás del otro. El acceso al puesto trasero no es el más sencillo, pero una vez acomodados y acostumbrados a la dureza de la silla, gozarán de cierto nivel de comodidad. En cualquier caso, al ser un auto puramente urbano, los trayectos se completarán antes que el cuerpo diga “no más”.

Twizy, ¿lúdico o práctico?

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A la carga
Además de la versión de pasajeros, Renault-Sofasa también ofrece en el país una versión de carga, donde el puesto del acompañante es reemplazado por un buen espacio de almacenamiento. En este baúl, que podría compararse con una alacena, la capacidad es de máximo 75 kg en un volumen de 180 litros, suficiente para la carga de mensajería, domicilios, servicios, etc.

Twizy, ¿lúdico o práctico?

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No apto para tímidos
Al combinar la novedad con su diseño único, el Twizy se convierte irremediablemente en un imán de miradas. Andando, en un semáforo, detenido o estacionado, no hay momento en que al menos una persona no lo esté mirando o una cámara fotografiando. El lado amable del asunto: nunca había sido tan fácil que la gente nos diera paso.

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DATOS
Cuarenta millones es el precio inicial para el Twizy Technic (para dos pasajeros). Hay que sumar el costo de la instalación del punto de carga doméstico. La garantía es de 2 años o 50.000 km, y la del moto-propulsor y batería, de 3 años o 50.000 km.

En términos de seguridad, tiene una bolsa de aire frontal y una estructura deformable. Al no estar catalogado como carro, Euro NCAP no ha realizado las respectivas pruebas de choque, pero en un análisis de cuadriciclos se encontró que en caso de colisión podría experimentar fuerzas peligrosas. 

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