Viene el 'telecarro'

Viene el 'telecarro'

Redacción Motor

05:03 a.m. 24 de febrero del 2015

La semana pasada, una noticia filtrada puso en el escenario un tema en el cual están confluyendo los grandes pensadores de las tecnologías de computación y comunicaciones con la industria del automóvil.

El denominador es que todo el mundo está trabajando en el desarrollo de los vehículos autónomos y se están corriendo muchas pruebas y kilómetros con aparatos que hacen la ruta sin la intervención de un conductor. Desde Google para abajo, pasando por toda la industria de la motorización, se trabaja en el asunto con diversas profundidades, y entre sus objetivos hay uno casi final: evitar la desconexión de la persona que está al timón de un vehículo del mundo de comunicaciones e información que tiene en la mano con sus celulares. Escribir y manejar es más que prohibido y hablar requiere dispositivos que sirvan de intermediarios. Pero la gente no tolerará que el automóvil los desconecte de su mundo virtual o real.

Naturalmente que existen y se mejorarán los controles por voz, pero de todas maneras muchas tareas que hoy se hacen en los teléfonos móviles, que pronto serán completos computadores y cámaras de verdad portátiles, necesitan la intervención del dedo o la atención visual del usuario. Al menos a la altura del año 2015. De pronto, en dos años, todo lo que hoy manejamos será obsoleto, como pasó de un día para otro con el disquete, el CD o, simplemente, con los teléfonos del modelo anterior.

Como a uno se le marchita toda la electrónica en la mano y aunque la compre nueva debe saber que es como una flor cortada, pues ya el siguiente aparato está en camino, la gente está más dispuesta a mantener actualizadas sus comunicaciones que el automóvil y hace filas para comprar el siguiente Iphone, que es casi idéntico al anterior o tiene diferencias imperceptibles en el uso genérico. Casi lo mismo les sucede a los conceptores del próximo automóvil.

Ellos, aunque pueden tener información más futura sobre lo que va a llegar y cómo va a funcionar para poder diseñar e implementar todas las nuevas facilidades de ‘infoentretenimiento’ (palabra a agregar en la jerga del automóvil), no pueden estar perfectamente a tono cuando sacan sus carros, pues el diseño, fabricación y puesta en escena se demora por lo menos dos años, si no tres, durante los cuales la informática ha avanzado 20 o 30. De hecho, la conectividad que hoy nos venden en los vehículos escasamente está al día con los aparatos del momento.

De ahí que la segunda parte del tema es un punto que deja una reflexión enorme: Apple va a hacer un automóvil, que podría llamarse básicamente desde ahora el ‘autoteléfono’. Este proyecto debe cambiar completamente las cartas porque puede significar que el aparato mecánico sea algo intrascendente y genérico, como la carcasa del celular, pero el funcionamiento de la tripa podría ser sustancialmente diferente si esta comunicación no viene como un accesorio sino como el aparato circulatorio del nuevo carro y pensado por los cardiólogos de nuestra conectividad.

Apple tiene la caja más sólida y jugosa que se conoce: 178.000 millones de dólares disponibles, y la empresa es la más valiosa del mundo: 745.000 millones de dólares. Con estos fondos meterse a jugar en carros tiene todos los cheques necesarios para soportar la acometida. Los analistas inmediatamente tomaron el tema para hacer cuentas sobre la viabilidad de esta aventura, en la cual ya hay un grupo de 100 ingenieros trabajando y consideran que para Apple será una gran complicación meterse en una industria que no conoce y que requiere un montaje colosal, desde la compra de una lámina de acero hasta tener una vitrina en cualquier rincón del mundo.

Pero yo lo veo por otro lado. El carro como tal, lo puede comprar o mandar hacer Apple a su gusto y medida con tanto fabricante que tiene plantas desocupadas e improductivas. Finalmente, el aparato rodante cada vez será más genérico, impersonal y similar. Pero lo que puedan ponerle los genios del famoso valle de la silicona en California a esa lata con ruedas, es la plataforma que puede diferenciar el futuro. La forma de hacerlo funcionar intuitivamente, la manera como se comunique e interactúe con el mundo, la eficiencia que logren en sus motores, la inteligencia del manejo o tantas otras funciones que hoy activamos con la yema de un dedo, seguramente pueden cambiar el mundo de los carros, que ya no será el escenario de los motores, las cajas, las suspensiones automáticas y todos esos mecanismos de hoy, que pasarán a ser algo primario y normal como encender un computador y que aparezcan Windows o el sistema de la manzana como algo evidente y normal de la vida diaria.

El carroteléfono está en laboratorio y seguramente la idea es invertir la palabra, porque de una marca como Apple tiene que venir algo totalmente opuesto y novedoso como el teléfono con ruedas, el telecarro que, además de rodar seguramente de manera robótica, va a ser un fierro que se accione con guiños de los ojos, palabras mágicas, gestos de las manos y, de pronto, aunque eso ya será obsoleto, con una pantalla táctil.

Si Apple nos puso en las manos una revolución en las comunicaciones, bien podría ahora hacerla en ruedas con su proyecto del telecarro. Lo calculan para el 2020. Imagínense dónde estaremos en cinco años y dónde estará Apple, que piensa y ve el mundo otros cinco años más adelante, como mínimo.

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