¿Volverán los 'troles'?

¿Volverán los 'troles'?

Redacción Motor

02:10 p.m. 12 de noviembre del 2013

Recientemente el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, dio a conocer sus ideas sobre la próxima troncal de transporte masivo por la avenida Boyacá, que es una de las tantas necesidades primarias y urgentes de esta taponada capital.

Más allá de las obras civiles y todos sus conocidos contratiempos y reciclajes de los presupuestos y las facturas, la propuesta de Petro trae algo muy interesante y positivo, como es la electrificación de ese corredor de transporte.

En pocas palabras, volverían los trolebuses, que en sus tiempos prestaron valiosos servicios aunque funcionaron en épocas cuando no se apreciaban sus bondades ambientales ni las energéticas y los pasajeros fumábamos a bordo como si tuviéramos pulmones de ‘dos tiempos’.

Los troles caminaban básicamente por las carreras 17 y 19 desde la zona de la calle 26 hasta la 72, si bien recuerdo. Ya desde ese punto de vista estaban mal ubicados porque usaban la vía más angosta que tenía la ciudad de sur a norte y se producían grandes trancones cada vez que las cuerdas –que llamábamos calzonarias– se desconectaban de las líneas eléctricas o cuando tenían que pasarse al carril opuesto por alguna circunstancia y hacían cambio de los cables.

Esos buses, con sus motores eléctricos aceleraban como un carro de piques, y si uno no conocía bien sus arrestos, apenas pagaba el pasaje y arrancaba el aparato quedaba incrustado a empellones en la banca trasera. Los operaba la empresa distrital de buses y el pasaje costaba algo así como cinco centavos menos que el de los buses particulares, en ese entonces todos con motores de gasolina, tan ineficientes como contaminantes.

El Distrito prestaba un servicio de transporte no solo con los eléctricos sino también con buses convencionales, a mejor precio, con paraderos fijos y unas condiciones más amigables con el usuario. Por supuesto, eso, como el tranvía de la Séptima, que ahora se piensa reciclar con mucha razón en esa misma arteria, se fue anegando en la burocracia y el desorden de la empresa distrital y los sacaron corriendo los transportadores privados que se apoderaron de la ciudad. Aunque hay que precisar que al tranvía le pusieron el 9 de abril de 1948 una zancadilla mortal al levantar los rieles que ahora son adornos del centro capitalino. Y también que resolvieron traer unos troles rusos que fueron, como era previsible, un fracaso técnico y aún reposan estacionados en un lote de la calle 72 con carrera 24, sin que nadie dé razón sobre esa chatarrización irresponsable de los bienes públicos. Finalmente, con el paso del tiempo, en el Gobierno se olvidaron de la misión de prestar un servicio público a cambio de montar, cincuenta años después, un negocio a costillas del usuario, pues se perdieron el control y el manejo de las calles.

Petro quiere volver a montar las catenarias (líneas eléctricas elevadas) y poner a rodar los troles, que ojalá tengan la calidad necesaria para el agobiante trabajo que les espera y no sucumban prematuramente como está comenzando a suceder con los camiones recolectores de basura que se acaban de estrenar.

La buena idea de Petro va a tener un escollo importante, como son los mayores costos de los vehículos y el montaje de la infraestructura eléctrica, cuya diferencia no podrá trasladarla al valor de los pasajes so pena de encender una peligrosa protesta social. También le será complicado meter a los transportadores tradicionales en el asunto, pues la financiación de semejante obra y la eventual rentabilidad de la operación no parecen estar a favor de esa asociación; claro está, mirando esto desde una óptica puramente intuitiva porque aún no hay cifras ni datos concretos para calibrar el proyecto.

Ojalá Petro logre superar todos esos peros porque muy seguramente eso le va a significar crear un nuevo modelo de transporte subsidiado y probablemente operado por el Distrito, lo cual va muy de acuerdo con su pensamiento de oponerse a la presencia de los particulares en los servicios públicos, que, en este caso, podría tener unas justificaciones diferentes a su doctrina política, por el bien de la ciudad y su modernidad.

De las tantas ideas que propone este alcalde, esta está bien alineada con el desarrollo que Bogotá necesita y las herramientas que se deben proporcionar para que sea sostenible y acorde con las necesidades ambientales, que con los motores térmicos de los buses actuales están totalmente desfasadas por la insuficiente calidad del combustible diésel que Ecopetrol suministra, a precio de premium. Y que hace imposible que los motores modernos se puedan traer masivamente o, como sucede con los nuevos buses padrones, se pierda su tecnología Euro V al hacerlos funcionar con jarabes inadecuados que les harán daño a las máquinas. A esta altura sobre el nivel del mar, el motor eléctrico en el transporte público es lo deseable, y ojalá Petro deje a la ciudad enchufada con ese cambio.

FRASE
“Ojalá Petro logre superar todos esos peros porque muy seguramente eso le va a significar crear un nuevo modelo de transporte subsidiado y probablemente operado por el Distrito, lo cual va muy de acuerdo con su pensamiento de oponerse a la presencia de los particulares en los servicios públicos”.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.