Los abusos por parte de escoltas en las calles continúan

Estas situaciones siguen siendo pan de cada día en las vías y son otro problema más para la movilidad.

Redacción Motor

05:17 a.m. 12 de septiembre del 2014

Para nadie será extraña la forma en que vehículos blindados y motocicletas de escoltas ruedan por la ciudad haciendo y deshaciendo a su gusto, abriéndose paso a la fuerza y cerrando a los demás como si su protegido tuviera más derechos o alguna prelación sobre la vía. Nada más falso, pues así su labor sea proteger a alguien, esto no significa que puedan estar por encima de la ley.

Fuera de la caravana presidencial, ningún escuadrón de escoltas tiene autorización de alterar el tráfico a su favor, cerrar el tránsito o bloquear vías; al contrario, como todos los usuarios de la vía, están regidos por el Código Nacional de Tránsito y por lo tanto por todas las señales. Sin embargo, muchos parecen preferir hacerse los de la vista gorda y según reportes de la Unidad Nacional de Protección (UNP) son los mismos protegidos quienes incitan a estas deplorables conductas.

En enero de 2012, luego de una campaña realizada por usuarios de redes sociales para denunciar los abusos por parte de escoltas, la UNP abrió un canal en su página web para que las personas pudieran reportar estos casos. Incluso, la cuenta de twitter de Andrés Villamizar, director de este organismo de seguridad adscrito al Ministerio del Interior, se convirtió en un canal para este fin.

Tal como sucede con las “innovadoras” medidas que se adoptan en la ciudad buscando una supuesta mejora para los ciudadanos, durante los primeros meses de la implantación del canal de denuncia se buscó “sensibilizar” a los escoltas y sus protegidos con el fin de evitar abusos, procediendo después a realizar sanciones disciplinarias y hasta retirar los esquemas de seguridad.

Los primeros meses reportaron 568 comparendos a escoltas a nivel nacional, la gran mayoría por bloquear las vías. Sin embargo, posterior a eso no hay más reportes sobre escoltas o protegidos sancionados y al indagar al respecto ni Andrés Villamizar ni nadie en la UNP contestó nuestras insistentes llamadas y mensajes.

En la actualidad hay unas 7.500 personas con protección y cerca de 2.000 tienen “esquemas duros” (vehículos blindados y escoltas), los cuales son asignados por la UNP y la Dirección de Protección y Servicios Especiales de la Policía Nacional a jefes sindicales, líderes de víctimas, entre otros.

Pero para muchos tener escoltas se ha convertido en un símbolo de estatus y una muestra de poder de la que se puede abusar y que da derecho a violar normas de tránsito. A esto se suma que los canales de denuncia no sean efectivos y que los mortales que se atrevan a hacerle frente o llamarle la atención en la calle a uno de estos esquemas, inmediatamente se convierta en blanco y presa de burdas amenazas verbales y hasta agresiones.

Lo cierto es que detener el tráfico, bloquear cruces y estacionar en lugares prohibidos son el pan de cada día, como ocurre en zonas aledañas a prestiogiosos restaurantes del norte de Bogotá. La disculpa de los escoltas es que “el distinguido no les paga parqueadero”.

¿Qué hacer? Al parecer no mucho. En los últimos días las preocupaciones de la UNP giran en torno a un déficit de presupuesto (de unos 70 mil millones) que solo alcanzaría para cubrir los esquemas de seguridad hasta finalizar el mes y como ya mencionamos las denuncias parecen no tener más efecto que un desahogo personal.

Así las cosas y sin una regulación efectiva, los abusos de escoltas y de sus protegidos seguirán atravesándose por la ciudad, dando sus ostentosas e ilegales muestras de asedio sin que nadie tome cartas en el asunto.

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