El carro compartido busca ser viable frente a los problemas de movilidad de Bogotá

Aunque la idea inició en EE.UU. como forma de racionamiento y respuesta al precio del combustible, acá la principal razón es hacerle el quite al cada vez más ineficiente e inseguro transporte público.

Redacción Motor

05:24 a.m. 29 de agosto del 2014

Transporte en el que la gran mayoría de quienes lo “prestan” no comprenden el concepto de ‘servicio’ y muchos de los que lo usan no comprenden la noción de ‘público’.

La idea es sencilla: que quienes vivan cerca y tengan un destino en común (universidad, oficina) utilicen un solo vehículo en vez ir cada uno en el propio, repitiendo un esquema similar en el trayecto de regreso.

Al reducir en parte el número de vehículos circulando con una sola persona, se obtienen otros beneficios como menores emisiones de CO2 y menor consumo de combustible.

A finales de 2010, la Universidad de los Andes lanzó una plataforma que buscaba fomentar esta práctica. Quienes tuvieran un vehículo tendrían la posibilidad de ofrecerlo para una ruta específica a la que podrían unirse pasajeros a quienes les sirviera, pero como lo expresan algunos estudiantes, el proceso general de uso no era el más sencillo.

En marzo de 2012 crearon un grupo privado en Facebook (para acceder es necesario tener un correo activo de la universidad) que de forma más “casual” les permitiera aprovechar este sistema.

La gran acogida de esta idea se demuestra con los más de 9.300 miembros del grupo que constantemente participan. Sin embargo, esto también ha jugado en contra debido a que a veces es complicado encontrar conductor o pasajeros, lo que ha llevado a la implementación de aplicaciones como Easy Way y On the Way para facilitar y ampliar el uso del carro compartido, y con las que actualmente se están buscando alianzas para crear la red más grande de Latinoamérica.

En octubre de 2013 el programa Planes Empresariales de Movilidad Sostenible (PEMS), promovido por la Universidad de los Andes, la Fundación Chevrolet y la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), realizaron en Bogotá la primera Semana del Carro Compartido con la participación de 21 empresas. Los resultados mostraron que gracias a los 170.138 viajes realizados en ese periodo se redujeron en un 7.69 por ciento las emisiones de CO2 per cápita y casi se duplicó el promedio de ocupación vehicular (se pasó de 1.59 a 3.01 personas por auto).

Gracias a los positivos resultados obtenidos durante esa semana, Zona Franca de Bogotá y Ecopetrol continuaron implementando el esquema.

Según el área de Responsabilidad Social de Zona Franca, en julio pasado se realizaron 169 viajes compartidos, logrando hasta tres ocupantes por carro y un promedio de dos, mientras que Ecopetrol reportó que entre enero y julio de este año han participado 600 personas, realizando 3.542 trayectos que han permitido ahorrar 7.340 kg de CO2 y 15’750.632 pesos.

Con la segunda Semana del carro compartido que se realizará entre el 27 y 31 de octubre próximo, se tendrá una nueva oportunidad para ampliar la práctica de esta modalidad, buscando ubicarla como una solución viable, eficiente y más amigable con el medio ambiente para contribuir a la movilidad capitalina.

Consecuencias de la (in)movilidad

Con unos buses de transporte público que más parecen sofisticadas cámaras de gases al mando de alguien totalmente ajeno al sentido común y las normas de tránsito; unos pequeños taxis tan perfectos en seguridad como sus conductores abiertos a prestar un servicio y enterados sobre lo que es conducir un automóvil; y un sistema de Transmilenio cuya eficiencia fue ahogada por su demanda hace años, no es de extrañarse que las personas se rehúsen a bajarse de la comodidad de sus vehículos.

Tampoco debe extrañar el auge en ventas de motos, un problema que se ha vuelto tan grande como el número de conductores que no han realizado un curso y todo el trámite legal para expedir la licencia.

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