Por ahora el carro le sigue ganando la pelea al día sin carro

Mientras no haya alternativas de transporte eficientes, decentes y seguras, es difícil que los usuarios dejen el carro particular en los garajes.

Redacción Motor

07:11 p.m. 17 de abril del 2015

Carlos A. Camacho Marín
Subeditor Vehículos

En los últimos días se conocieron dos noticias relacionadas con el automóvil. La primera de ellas es que el próximo 22 de abril Bogotá tendrá otro día sin carro. La segunda, un informe que revela que el sistema de transporte público perdió 300 mil pasajeros, quienes se pasaron al automóvil o a otro medio de transporte.

No se requiere ser un experto de prestigiosa universidad para concluir que algo se está haciendo mal en Bogotá al tratar de bajar a la gente del carro particular ‘a la brava’ sin ofrecerle alternativas atractivas y decentes para su movilización, y peor aun, con justificaciones poco claras.

En el caso de este día sin carro, la Alcaldía de Bogotá y la Secretaría de Movilidad sustentan la jornada en una encuesta de la cual no se conoce mucha información.

Nadie sabe cuándo, en dónde, ni quiénes respondieron dicha encuesta. Intentamos obtener la ficha técnica con la Secretaría de Movilidad pero al cierre de esta edición no hubo respuesta.

Los otros argumentos tomados de la experiencia del pasado 5 de febrero son más que obvios, pues al no circular los carros particulares ni las motos, el resultado inmediato es que aumenten los viajes a pie, en bicicleta y en el Sitp (Ver La odisea de dejar el carro y subirse al bus).

Un dato que sí sería bueno que las autoridades nos dieran es cuántas personas se quedan en casa el día sin carro y prefieren dejar sus diligencias para otro día. No es sino mirar las terribles congestiones al día siguiente del ‘experimento’, que indican que la ‘conciencia’ de no usar el carro dura solo 12 horas. El resto del año el pulso lo ha ganado el carro particular en estos 15 años.

En cuanto a los beneficios ambientales en el día sin carro del 5 de febrero, por primera vez en más de una década los niveles de contaminación se redujeron, un hecho que el Distrito atribuyó a la inclusión de las motos en la restricción. Según la Secretaría de Ambiente, bajaron en un 12 por ciento las partículas PM10 emitidas por vehículos, que afectan la salud respiratoria.

Es indiscutible que la ciudad tiene que avanzar, como sucede en otras latitudes, hacia el uso racional del carro particular, pero la duda de nuestros lectores es si se tomaron las decisiones adecuadas.

El caos de tráfico que hoy vive Bogotá sugiere, según la mirada de las cifras que hacen ‘especialistas’ y autoridades, que los bogotanos optaron por una alternativa que ha empeorado la movilidad: más carros y motos.

Al voltear la hipótesis se puede sugerir también que son las autoridades las que han optado por alternativas que no han contribuido a mejorar la movilidad, como la falta de infraestructura y los gravísimos problemas del transporte público. Veamos.


¿Qué ha pasado?

En el año 2000, cuando empezaron los días sin carro, en Bogotá no había más de 500.000 automóviles y unas 16 mil motos. Hoy, por las calles de la ciudad ruedan un millón y medio de vehículos y 430.000 motos. Cada año en la capital se matriculan, en promedio, 140 mil carros nuevos.

Salvo la construcción de algunos puentes, glorietas y ‘reparcheos’, todos estos vehículos siguen circulando por las mismas vías de hace 40 años y, por el contrario, proyectos como la ALO y otras obras los frenaron.

En el 2017, el sistema Transmilenio debería tener cerca de 400 kilómetros de vía (388 para ser más exactos). Mientras que en los mandatos de los alcaldes Peñalosa y Mockus se construyeron 80 kilómetros de troncales, en los periodos de Luis Eduardo Garzón, Samuel Moreno y la actual administración solo se han construido 19 kilómetros. No hay ‘luces’ sobre las troncales de las avenidas Boyacá y 68, y ni hablar del metro.

Al uso de la bicicleta que tanto promueve esta administración tampoco le ha ido bien. Solo ha construido 11 kilómetros de ciclorrutas. Moreno hizo 26 y en la época de Garzón, 9 kilómetros. En los gobiernos de Peñalosa y Mockus, 232 y 55 kilómetros, respectivamente.

El otro elemento que supuestamente ayudaría a mejorar la movilidad en Bogotá es el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP).

Aunque su uso sigue en aumento, a pesar que a cada rato se fija un nuevo plazo para su funcionamiento en un 100 por ciento, lo cierto es que enfrenta graves problemas por la quiebra de empresas que tienen a cargo buena parte de las rutas, más los líos con la chatarrización de buses viejos.

La desaparición de las viejas rutas y la entrada en operación de los ‘nuevos’ buses azules ha sido otro ‘karma’ para los usuarios, que no han podido entender cómo funcionan las rutas ni para dónde van. Las frecuencias y transbordos pueden ser de hasta 30 y 40 minutos de espera, a lo cual hay que sumarle el caos con la integración y la recarga de las tarjetas.

En Transmilenio la situación no es distinta: robos, largas filas, estaciones congestionadas y en mal estado, buses, terminales y estaciones atiborradas de vendedores ambulantes y músicos, muchos de ellos con sus ruidosos parlantes.

Han pasado 15 años sin que haya una propuesta novedosa en movilidad, más allá de medir los índices de contaminación, velocidad, viajes a pie, en bus o bicicleta. Tampoco ha habido facilidades o incentivos para la chatarrización de autos particulares, para el tratamiento de fluidos, llantas, cauchos y otros elementos contaminantes, ni mucho menos una política que incentive el uso de vehículos eléctricos o híbridos.

Así, en estas condiciones es difícil, lo demuestran los hechos, que los bogotanos cambien su forma de moverse en la ciudad. Difícilmente se bajarán de su carro y, peor aún, cuando un usuario es maltratado por el pésimo servicio, éste se convierte en un potencial comprador de carro o moto nuevos.

Prueba de esto es que ni los trancones, ni el pésimo estado de las calles, ni el pico placa, ni los altos costos de combustibles, impuestos, sobretasas, mantenimiento y parqueaderos, entre otros gastos, han logrado ponerle freno a la venta de motos y automóviles.

Lea La odisea de dejar el carro y subirse al bus

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