Carta de la semana: Cascos y chalecos: problemática 'honda'

¿En dónde están las autoridades y entes de control para verificar la calidad de los elementos de protección para motociclistas?, se pregunta el lector.

Redacción Motor

05:00 a.m. 23 de enero del 2009

La 'explosión motográfica' (cantidad de motos en Colombia) es una realidad evidente y aparentemente imparable. Las facilidades de crédito para adquirirlas, sus ventajas sobre automóviles y transporte público y, seamos claros, la posibilidad de conseguir el pase sin haber hecho ningún curso adecuado para su manejo, están convirtiéndolas en el medio de transporte por excelencia.

Una de las preocupaciones de los mandatarios es que, a mayor cantidad de motos, más accidentes. Los factores son múltiples, entre otros: mala capacitación de los pilotos, pésimo estado de las vías, falta de respeto entre los conductores y ropa protectora inadecuada.

Es en este último tema en donde quiero detenerme: elementos de protección adecuados no solo evitan raspaduras y moretones sino que, de hecho, pueden salvar vidas. Y, entre los salvadores de vidas, el casco es sin duda alguna el más relevante de todos.

No hay derecho
Hace una semana, acompañé a una amiga al concesionario a recoger la moto que recién había comprado. Una 'scooter' 125 negra, muy bonita y excelente máquina. Dentro del paquete por la compra de la moto, el concesionario 'regalaba' el chaleco y un casco.

Del inmundo chaleco no hay nada qué decir, es el oficial que tenemos que usar todos. Pero el casco es el extremo de la falta de ética, responsabilidad y seriedad. ¿De verdad consideran los concesionarios que lo que 'regalan' es un elemento adecuado para la protección de sus clientes? La gente se va confiada, poniéndose esa estafa en la cabeza.

La espuma de las mejillas, que debería ser de alta densidad, la podría comprimir un bebé de dos meses: la colchoneta en la que duerme mi perro es de mejor calidad.

La protección para el cráneo propiamente dicho es medio huevo de Icopor, recubierto con una tela pegada con cinta pegante; este elemento debería disipar un impacto, no solo facilitar la recolección del cerebro del accidentado.

El visor, que debería ser flexible e irrompible, se quebró a la mitad con la primera patada que le pegué contra el suelo (mucha menor fuerza de la de cualquier accidente en moto), mostrando que la cara del piloto sería bellamente decorada por el filo del elemento que, en principio, tendría que protegerla.

Finalmente, el exterior del casco, que por normas internacionales debe ser resistente a los impactos, absorber energía y soportar altas presiones, se podía doblar simplemente usando la fuerza de los brazos; resistió solo tres pisotones antes de fracturarse en un costado.

¡No usaría ese casco ni para salir en bicicleta!

Falta control
Yo me pregunto: ¿en dónde están las autoridades y entes de control para verificar la calidad de los elementos de protección que usan los motociclistas? ¿Quién verifica lo que los concesionarios están entregando a sus clientes como medio de protección?

Y por otro lado, ¿en dónde está la ética de quienes venden motos y en dónde el sentido común de quienes las compran? Entregar ese casco es una payasada, un gancho comercial que pone en riesgo la vida de los compradores. Es increíble que nadie audite a los concesionarios y se permita que 'regalen' algo así.

Obviamente, esto no sucede solo en concesionarios de la marca que visitamos -este ejemplo fue el que personalmente viví- es una práctica extendida a casi todos los distribuidores de motos, quienes actúan sin el menor atisbo de ética con tal de cerrar un negocio y poner en la calle a un potencial muerto más.
Guillermo Castaño A.
Motociclista

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