Carta de la semana: El nudo de la calle 92

Los residentes de este sector del norte de Bogotá se aburrieron de la negligencia de las autoridades.

Redacción Motor

04:21 p.m. 11 de marzo del 2011

"Nadie en Bogotá puede desconocer que vivimos en medio de un trancón pues la vías no alcanzan y la acumulación de carros en las horas pico, con o sin estricción, hace que los puntos críticos se conviertan en fantásticos nudos. Que podrían evitarse si las autoridades estuvieran allí para organizar las dificultades y buscar alguna mayor fluidez pero no es así.

La calle 92, que recibe el contraflujo de la séptima, choca con la 11 y la 15 que conducen ríos de vehículos y busetas que van paralelas al TransMilenio de la autopista, y luego tranca en dos semáforos de tiempos inadecuados y uno de ellos sobrante mientras permite la llegada del tráfico a la novena o a la autopista, es un verdadero nudo gordiano en las horas de la noche. Nunca hay un policía evitando el bloqueo de las intersecciones, no hay medidas alternas de evacuación, todo está al garete, a la buena suerte del ciudadano y a merced del paso de las horas.

Es normal gastar 45 minutos para recorrer diez cuadras en la zona y para salir de ella hacia el sur hay que hacer una oreja de dos kilómetros hasta el barrio de la Castellana. O ir hasta la circunvalar, aumentado el trancón en ese sitio para poder hacer un retorno en la avenida, que cerraron sin explicación y, obviamente, sin ninguna lógica.

Lo menos que podían esperar los ciudadanos es que la displicente y arrogante autoridad de movilidad y tránsito de la capital estuviera en el sitio ayudando a destrabar el problema, que ahora va a ser un verdadero galimatías pues está anunciada la continuación de la obra de andenes que dejaron a mitad de camino cuando pavimentaron un costado de la 92 que, de paso, termina en un desnivel enorme que también bloquea el tráfico a la altura de la carrera 22.

Ya que no se vislumbra ninguna acción administrativa para solucionar este caos, ni tampoco que haya algún estudio para meterle mano a este problema que la alcaldía maneja como una epidemia crónica y olvidada, al menos sí debería haber autoridad en el sitio y algunas medidas puntuales para mover el tráfico. Los ciudadanos merecen respeto, atención y soluciones que en este caso no son grandes obras sino cosas de sentido común.

Ojalá su diario sea eco de este dolor de cabeza que nuestro alcalde y sus funcionarios parecen ignorar. Les escribimos como residentes y desesperados bogotanos que ven su ciudad colapsada por la negligencia".

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