Carta de la semana / ¿Por qué un vehículo desgravado no baja de precio?

Es la pregunta que se formula este lector de 'Vehículos' que analiza todos los atropellos a los que se ve expuesto el usuario de vehículos particular.

Redacción Motor

08:29 p.m. 30 de septiembre del 2011

Soy un consumidor del sector automotor, como miles de otros compatriotas que, al adquirir un vehículo entra a formar parte de la cadena del sistema. Selección de marca/modelo/potencia. Crédito, matrícula, Soat, Revisión técnico-mecánica, seguro de responsabilidad, pico y placa, combustibles, peajes, 'parkings', parks', autoparks' y similares, rayones gratuitos, huecos, llantas, revisiones de concesionario, repuestos, etcétera, etcétera, etcétera.
 
La selección: ah... uno quisiera un alemán de alta gama, Mercedes-Benz, BMW, Audi... la vaina es que el presupuesto no alcanza, amén de que por ser de esos niveles y venir de un país con el que no  tenemos tratado bilateral, como el que rige con México, los aranceles son fijos y muy altos. 

Reducimos la aspiración y nos concentramos en Volkswagen, buena marca alemana de origen mexicano. Al preguntarles, nos aseguraron que 'hágase en donde se haga, el producto será igual al alemán'. 
 
Nos dirigimos a la Nissan, y exactamente igual. Boca cerrada sobre el origen, cero mención al desgrave arancelario. Visitamos Ford, Dodge y Chevrolet... y el personal de ventas parecía venir de la misma escuela: muy bien entranaditos, pero cero mención al comprador sobre origen y favorabilidad del arancel. Rebuscamos en el espacio del motor alguna laminilla o placa que nos indicara la procedencia de cada una de estas marcas y... cero huevito, nada.
 
Fuimos a ver otras marcas y encontramos Peugeot, Citroën, Fiat, Hyundai, Kia, Skoda y Seat, estas dos últimas marcas de la VW de procedencia checa y española, respectivamente. Las otras vienen de  Francia/Argentina, Corea, países sin tratado especial.

Pero nos sorprendimos de que en todas las marcas de nivel gama media, los precios de venta al público (equiparando cilindrada y equipamiento) son muy similares, casi iguales. ¿Quién se queda con el dinero de las ventajas arancelarias que se supone son tratados entre gobiernos para favorecer al consumidor?
 
¡Debería obligarse a informar en la publicidad, en el punto de venta y remarcado en el vehículo, el país de origen del automotor y la mención a la rebaja arancelaria!

Por hoy, no doy más. Estoy exhausto y, además, berraco con tanta bellaquería. Fraterno abrazo.
José Luis Maldonado     


La financiación
Los precios de los vehículos debieran publicarlos en dólares o euros y, según la tasa de cambio del día, su conversión a pesos. Esto favorecería al comprador. Supe que los  concesionarios sí establecen en sus presupuestos de ventas, para un período, una tasa de conversión bastante amplia.
Esto deja un margen operativo bastante amplio para contingencias por devaluación del peso. Si no se presenta, hay buen margen para ofrecer llamativas promociones. Qué generosidad... ¡con la plata del turco! Pero si la situación fuese a la inversa, el precio se reajustaría inmediatamente.

Los 'papeles'
La matríucula, el impuesto de rodamiento, los seguros... Todo galímatías. El engendro del Soat, carísimo. Debería estar incluído en el seguro de daños a terceros y los costos de la atención médico/hospitalaria deberían ser pagados por la parte culpable del accidente. Y, desde luego, así como hoy el Soat es obligatorio sin excepción, el seguro contra todo riesgo debería serlo.
En EE. UU., la tarifa de impuesto de rodamiento es una sola, sea el Cadillac presidencial o un modesto Getz. Está representado por una laminilla autoadhesiva que se pega en una esquina de la placa numérica, que dicho sea de paso, sólo se exige la trasera. El costo de la  adhesiva no excede los 25 dólares.

La revisión técnico-mecánica
Otro engendro cuya promulgación debió dejar buen billete a quienes la impusieron. Son las compañías de seguros las que, al dar amparo al vehículo, lo hacen sometiéndolo a riguroso chequeo de perfecto funcionamiento. Entonces, si todo vehículo se obligase al seguro total, no habría razón para continuar con el atraco oficial de hoy en este aspecto.

El 'pico y placa'
A veces pienso que los distribuidores de vehículos fueron los promotores de este engendro para hacer necesario el segundo carrito con otro número de placa. Como consecuencia, doblamos el parque automotor urbano. ¡Que maravilla!  Cuán fácil haber seguido las disposiciones que  prevalecen en otras latitudes donde con inteligencia y razonamiento establecieron horarios diferenciales para  Jornaleros de la industria: 5 a 6 a.m.;  escolares, 6 a 7 a.m.; empleados de cuello azul y blanco, 7 a 8 a.m.; trabajadores de comercio, 8 a 9 a.m.

Los peajes
En el país del Sagrado Corazón, obvio, el nuestro, es donde se observa que desde que se planea una adecuación o mejora de una vía carreteable, se empieza a cobrar peaje  y las tarifas no guardan relación alguna con el ingreso salarial, ni el costo de desgaste vial, a menos que se quiera financiar la pésima calidad de la obra, causante del rápido deterioro de carpetas, bancas, derrubios, etc.
La distancia entre casetas de peaje no debería ser inferior a 100 Kilómetros, independiente si tramos de la vía son construidos por diferentes consorcios, otra sinvergüenzada del sistema que acepta fragmentar obras relativamente cortas en trayecto y las concede a constructores mediocres, sin mayor experiencia ni músculo financiero y se asocian en 'uniones temporales' que fenecen al término de la obra, quedando ésta sin garantía alguna.

Los 'parkings'
Los parqueaderos urbanos, válgame el Señor, qué lotería, qué balotazo se ganan sus propietarios estableciendo toda una maraña en combinación  alfa-numérica para las tarifas y todo con la bendición de las autoridades.  

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