Código de Tránsito: crónica de una reforma que no fue

Mintransporte le 'bajó la velocidad' a la tan publicitada modernización del Código de Tránsito, pero el Congreso sí aprovechó un debate y le metió cinco 'micos'.

Redacción Motor

05:30 a.m. 07 de diciembre del 2012

En diciembre del 2011, el entonces ministro de Transporte, Germán Cardona, presentó en el Congreso la reforma al Código de Tránsito, que prometía la modernización a ese documento anacrónico y obsoleto que rige en el país desde el 2002.

Desde esa época, han pasado por la cartera de transporte tres ministros, cuatro viceministros e, incluso, se modificó su estructura para crear el viceministerio de Transporte, con la idea de 'poner al día' al país en materia de tránsito y seguridad vial, aprovechando los nuevos desarrollos tecnológicos de la industria automotriz.

Sin embargo, el proyecto no ha merecido la atención del gobierno, incluso, fue aprobado a las carreras en primer debate, para salvarlo, cuando ya expiraba la legislatura a mediados de junio pasado. En este segundo semestre el proyecto durmió el sueño de los justos en el Congreso.

Y, tal vez, mejor así porque contrario a lo que se esperaba, la reforma resultó ser una colcha de retazos en la que se mezclan asuntos clave como la seguridad vial, con los intereses de poderosos empresarios del transporte, dos temas que deberían estar separados pues una cosa es la regulación del tránsito a través de normas y otra muy distinta la regulación comercial de un negocio.

Un caso ilustra esta situación: en el primer debate en la Comisión Sexta de la Cámara, le metieron cinco 'micos' que favorecerían el bolsillo de empresas del sector y a los usuarios les generarían más costos. Uno de ellos es echar atrás la revisión técnico mecánica cada seis años y ponerla cada tres, como lo aprobaron los congresistas.

En el texto de la reforma se lee que uno de sus principales pilares es la seguridad vial, y entre otras cosas, propone crear el Sistema Nacional de Tránsito, pero eso se queda en anuncios como el que se hizo este año, en el que el país se compromete, para el año 2020, a tener un plan de seguridad vial y a bajar las cifras de accidentalidad, dentro del proyecto 'Década de Acción para la Seguridad Vial', que Colombia firmó junto a otros países con Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud.

Esto, porque si en realidad hubiese sido serio compromiso, el Ministerio de Transporte le habría puesto el acelerador a la reforma que tiene aspectos positivos, como la obligatoriedad de que todos los vehículos nuevos que se vendieran en Colombia a partir del 2013 tuvieran sistema de frenos ABS y mínimo dos airbag, elementos clave para la reducción de accidentes o de lesiones graves.

O impulsar con más fuerza el proceso para crear la licencia por puntos y arrancar el publicitado cambio de las licencias de conducción, tema que hoy tiene a todo el país en un mar de confusión.

Hay otros temas importantes para la seguridad vial que están embolatados como hacer más exigentes los requisitos para la expedición de licencias para motos; la regulación del mototaxismo y de los bicitaxis; y definir de una vez por todas los límites de velocidad, así como la aplicación de estándares internacionales sobre el uso de las luces.

Estos temas gruesos se quedan en el papel, pero al mismo tiempo el Ministerio le da el aval al proyecto de un congresista para crear lo que seguramente se convertirá en un nuevo fortín burocrático, como la Agencia Nacional de Seguridad Vial, cuando en la misma reforma se habla de crear el Sistema Nacional de Tránsito con el mismo propósito.

El Ministerio tampoco ha hecho cumplir la resolución que obliga a los concesionarios a señalizar correctamente las carreteras a su cargo, elemento clave para la seguridad vial, y como todo se soluciona con multas, la ministra Cecilia Álvarez insiste en la necesidad de "sanciones severas que impacten para reducir la accidentalidad".

Entre tanto, al Código lo siguen remendando: hay en curso un proyecto para revivir el chaleco para los motociclistas y otro para hacer obligatorio el uso de cinturones en los buses. Normas sueltas que a la larga lo hacen más confuso y obsoleto.

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