'El que construye debe saber de historia': Ricardo Moreno, 10 años fabricando aviones

Utiliza madera balso, aluminio, laca automotriz y los emblemas que el cliente desee. Por eso cada avión es único, aun por el tamaño, que cuadra al gusto de cada cliente.

Redacción Motor

05:00 a.m. 21 de mayo del 2010

Un promedio de un millón de pesos, y mes y medio de paciencia, es lo que les cuesta a los clientes de Ricardo Moreno Corzo el avión de sus sueños a escala (a escala perfecta), cada vez que le solicitan uno.

"Mi taller está ubicado en mi casa de Floridablanca (Santander) y consta de una mesa, varias cuchillas de zapatería, unas gilettes que uso para los cortes más finos, pinceles gruesos y finos, y un solo funcionario: yo. Todo lo hago a mano y le dedico ocho horas diarias al oficio", cuenta este escultor con orgullo.

Moreno no tiene claro de dónde le nació esta afición, pero sospecha que fue porque su padre trabajó en Avianca "toda la vida" y quizá lo contagió del ideal de volar, sueño que jamás realizó porque las argucias económica lo obligaron a trabajar desde muy niño en la litografía de la familia y le permitieron estudiar tan solo hasta quinto de primaria.

"Pero me gustaba tallar la madera y a los 12 años de edad construí y vendí mi primer avión por dos pesos -relata-. Ese, y los aviones que siguieron después, los copiaba de fotografías, pero ahora, gracias al Internet, puedo 'bajar' los planos de cada modelo".

Moreno tiene entre sus clientes más fieles a pilotos y ex pilotos de Avianca, pero también a exigentes coleccionistas que hoy destacan su arte como uno de los mejores del país.

Por sus manos han pasado, al menos, 1.000 modelos, entre DC-3, DC-4, Beaver DHC-2, Piper PA-18, Lockheed Electra 188, Fokker 80, Mc Donald Douglas MD83, los Boeing 727, 707, 767, 757 y hasta el B247 (el primero de la marca en llegar a Colombia) y el 'Espíritu de San Luis' con el que Charles Lindbergh voló de Nueva York a París, en un trayecto de 5.000 kilómetros.

La precisión de las alas, del fuselaje y la cola son tales y los detalles del tren de aterrizaje, las turbinas y el diseño tan precisos, que él prefiere botar el modelo que está armando si se sale de la línea original.

"El que construye tiene que saber mucho de la historia de cada avión -aclara Moreno-. Incluso los colores, el tamaño de las letras de la matrícula respecto, el estilo de los ejes, los detalles de las ventanas, todo tiene que ser preciso si se quiere lograr la perfección". 

Par lograrlo utiliza madera balso, aluminio, laca automotriz y los emblemas que el cliente desee. Por eso cada avión es único, aun por el tamaño, que este artista cuadra al gusto de cada cliente.

Incluso fue invitado por uno de sus clientes a Atlanta (Estados Unidos), pero, como el mismo lo dice "todo depende de que me den la visa, porque no he ido por allá". Por ahora sigue su trabajo con clientes locales, que le piden primordialmente réplicas exactas de aviones que han volado en Colombia.

"De los aviones solo conozco la teoría, pero no tengo ni idea de violar", dice, y habrá que creerle porque habla con tanta propiedad de los detalles técnicos y físicos de cada uno de los aparatos que construye, que es fácil imaginarlo al mando de un avión.

Por ahora, su sueño es seguir en el oficio de tallador y construir un Antonov 32, una de las piezas que más le gustan. "Ya hice el Hércules c-130 y el helicóptero Huey HUH1H, por encargo de un piloto militar", dice. 

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.