Correo de los lectores sobre quejas, trámites y denuncias

Correo de los lectores sobre quejas, trámites y denuncias

Redacción Motor

05:00 a.m. 14 de agosto del 2009

Jamás suba en carro a Guadalupe
Quisiera llamar la atención de los conductores capitalinos acerca del peligro que implica visitar el cerro de Guadalupe en carro particular.
Resulta que para acceder al cerro existe una carretera con tramos bastante estrechos, que hace poco se pavimentaron. Allí suben colectivos y personas completamente desprevenidas de que la vía no permite el paso sino en determinados tramos.
Además, no hay parqueaderos, de modo que los conductores estacionan al lado del abismo o en cualquier parte, entre otras razones porque los carros normalmente se 'cuelgan' debido al ángulo tan pronunciado de la su
bida, sumado a las curvas en 'U'.
Yo he visto vehículos tratando de devolverse, que se van al abismo, familias a bordo (lo más espeluznante), pero eso sí, como milagro de la Virgen a sus fieles, los árboles han impedido una tragedia.
Como en Bogotá la autoridad es motivo de risa (...), no nos queda más a los conductores que advertirnos entre nosotros mismos sobre los peligros viales. Por favor, el pasaje es muy económico en colectivo, es mejor no llevar carro particular al cerro de Guadalupe.
Camilo Garavito


Cruce Autopista-Calle 82: buena solución, mal señalizada
Buena idea la de correr hacia el carril central el cruce de la autopista Norte a la altura de la calle 82, pues la paralela se había vuelto francamente insufrible por el 'embudo' que formaban la gran cantidad de carros que necesitan girar o hacer la 'U' en ese sector. Lo que uno no entiende es por qué no les avisan a los conductores que circulan de norte a sur por la autopista, que ésta fue bloqueada justo a la altura de dicho cruce.
Precisamente como no existe señalización clara que alerte sobre la obligatoriedad de voltear, más de un despistado (como la que escribe) ha tenido que meterse por la calle 82 para buscar una salida que le permita seguir hacia el sur por la avenida Caracas o la 17, lo que provoca enormes e innecesarios trancones en el sector de El Lago.
Si definitivamente la autopista quedará bloqueada a la altura de la Calle 82 (no se entiende qué se busca con eso), lo mínimo es que las autoridades adviertan con más claridad que se debe tomar la paralela para seguir circulando hacia el sur. 
Diana Umaña


Sobre policías, restricciones y pandebonos
Como si fuera corta la lista de atropellos e insensateces de las que somos víctimas los conductores bogotanos (sobre todo los que somos juiciosos, cumplimos las normas, evitamos sobornar policías y pagamos impuestos) parece que ahora los padeceremos incluso antes de ingresar a nuestra bella pero mal manejada ciudad.
Durante los últimos meses he visto cómo los agentes de tránsito cierran la glorieta de Siberia sin motivo racional alguno (en sus mentes de ingenieros de tránsito debe ser la mejor solución para no tener que dirigir el tráfico) y obligan a todos los vehículos que usan la variante de Chía a transitar casi cinco kilómetros para tomar el retorno, tramo que haría de mil amores si le encontrase lógica alguna.
El problema grave está en que lo tienden a cerrar cuando hay más tráfico, y convierten una vía amplia y adecuada en un atascadero que por los cuatro lados de la intersección se extiende por kilómetros.
Como si eso no fuera ya grave, el retorno que se obliga a tomar se convierte en territorio sin dios ni ley, lo que empeora las cosas. Cabe anotar que sí hay un agente encargado del orden, pero suele estar más interesado en lo que sucede en su celular que en cumplir con su labor.
Pero lo que me llena la copa y se convierte en el motivador de este correo, fue lo sucedido ayer (domingo) en la tarde en este lugar.
Como se volvió ya costumbre, seis agentes cerraron la glorieta con cinta y conos y se fueron juntitos a comer pandebono a la bomba del costado nororiental (los vi al llegar al sitio, continuaban allí 120 minutos después, cuando pude finalmente cambiar de sentido).
Sabiendo lo que me esperaba, me armé de paciencia y arranqué en dirección opuesta a mi destino para buscar el anhelado retorno. No más de 200 metros más adelante encontré por fin el inicio de la fila para tomarlo, y ya estaban copados los dos carriles y la berma. Obviamente, no faltaba el típico aventurero del pasto (sobre todo los intermunicipales).
El sentido de ingreso a la ciudad estaba igual, pero luego de unos 25 minutos nadie subía, totalmente vacía la carretera, lo que me causó mucha curiosidad. Como no me movía, me bajé del carro para ver qué pasaba kilómetros abajo. Pensé que muy grave, pero no, nada grave: dos carros en el carril izquierdo tuvieron un levísimo golpe de 'trancón', un stop roto y un capó doblado, como comprobé después. Un golpe 'jarto', pero nada del otro mundo.
Sin embargo, había tres agentes diferentes bloqueando completamente la vía, mientras hacían el croquis respectivo, claro, ninguno preocupado por organizar un paso restringido por el carril lento y la berma. Prefirieron -en cambio- parar el ingreso de todos los viajeros de puente con el fin de tener más espacio para hacer su lenta e inconsecuente gestión.
Una hora más tarde y varios kilómetros adicionales de carros después se reabrió la carretera, con tan mala fortuna que ahora sí se interesó el agente por el retorno y otra vez 'lo iluminó' el ingeniero de tránsito que cree tener adentro: en vez de controlar el paso para permitir flujo de los dos sentidos, decidió impedir el de los que retornaban a Bogotá... ¡totalmente y durante casi 15 minutos!
Claro, llegué a mi casa tres horas después de salir de Tabio (normalmente me toma 45 minutos, puerta a puerta).
¿Será que nos tenemos que seguir resignando? ¿No hay nadie que se apiada de los ciudadanos de bien? Yo creo que ya hemos aguantado demasiado. Es hora de ponernos los guantes, eso es lo único que parece funcionar en este país.
Pablo Cuellar M.

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No más a los ridículos 80 kph
En dos ocasiones he sido multado por exceso de velocidad en el tramo Canoas-Chuzacá, kilómetros 2 y 3, respectivamente. Allí, los agentes instalan su radar porque saben que es un tramo recto, amplio y en buen estado, donde la lógica en cualquier parte del mundo, menos aquí en Colombia, es que usted pueda llevar su carro a 100/120 kph, sin ningún riesgo.
La última vez en ese sitio fue el 17 de julio de este año, cuando no solo yo, sino varios automovilistas, fuimos víctimas de un grupo de agentes que muy sonrientes y satisfechos imponían los comparendos porque habíamos superado la aterradora velocidad de 80 kph. En mi caso fueron 'impresionantes' 97 kph.  El agente William Gómez no ocultaba su satisfacción: lo felicito porque ese día le fue muy bien.
El último comparendo me lo aplicaron el pasado 8 de agosto en la vía Bogotá-Mosquera, kilómetro 5. Allí, el radar marcó 'desproporcionados'... ¡85 kph!
¿Qué es esto? ¿Hasta cuándo vamos a seguir soportando esta ridiculez? ¿Qué pasó con el aumento de los límites de velocidad a 120 kph para dejar atrás los ridículos 80 kph?
Rafael Charris


El pico y placa extendido es absurdo
Leí el sábado pasado los dos artículos que hablan, el primero sobre los resultados de la restricción, y el segundo sobre la seguridad para los pasajeros, en especial los niños en los automóviles.
En cuanto a lo primero, he notado que en los días en que puedo sacar mi vehículo por la carrera 30 -es la que regularmente uso para ir al trabajo- está totalmente llena en las horas pico, pero la mancha amarilla de taxis cada día es mayor, así como la marea de motos.
En cuanto al segundo artículo, pude comprobar, con la visita de mis nietos de 4 y 
6 años de edad, que en los días de restricción uno tiene que llevar a los pequeños en automóviles sin ninguna clase de seguridad, mientras deja en su casa un vehículo nuevo, ataviado con cinturones y sillas para los niños. ¿Hasta cuándo aguantaremos los bogotanos esta absurda medida?
Graciela Suárez

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