Correo de los lectores sobre trámites, quejas y denuncias

Correo de los lectores sobre trámites, quejas y denuncias

Redacción Motor

05:00 a.m. 23 de octubre del 2009

Prolifera adulteración de taxímetros en Bogotá
Soy visitador médico, y por mi profesión tomo unos 10 taxis diarios, de los cuales por lo menos cuatro tienen el taxímetro adulterado. Un taxímetro honesto cambia de unidad cada 100 metros o cada 30 segundos, estos cambian de unidad ¡cada 70 metros o cada 15 segundos! Hay otra modalidad de robo continuado: después de 100 unidades, empieza a avanzar ¡cada 50 metros!
De por sí, los taxistas ocultan los tarjetones para que no veamos el precio, y la Policía y la Secretaria de Movilidad no hacen nada. Y ni decir en las noches... es peor.
Ahora que se acerca la temporada navideña, sería todo un abuso que se autorice el famoso aguinaldo para los taxis, puesto que lo hemos pagado todo el año por la deshonestidad de muchos de ellos. ¡Esto es un robo continuado y los bogotanos estamos indefensos!
Carlos Ernesto Aguirre

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Los vehículos son seguros, la señalización no

Como lector de Motor y de la sección Vehículos de EL TIEMPO desde hace ya bastantes años, quisiera comentar algo que considero es de incumbencia de muchos conductores.
Sucede que, en semanas anteriores, en la sección Vehículos se publicó un artículo en relación a la demora del gobierno para darle trámite al tema de los límites de velocidad y se publicó una fotografía del recién inaugurado tramo de la famosa carretera Briceño-Sogamoso.
Razón tienen, y mucha, quienes argumentan que el automóvil de hoy es suficientemente seguro a velocidades superiores a 80 kph. Lo que no es seguro es la señalización de la carretera. Y la foto a la que me refiero lo ilustra a las mil maravillas: he transitado esa vía casi a diario desde que funciona, y los bordes de la carretera en la noche no tienen elementos de seguridad como reflectores que proporcionen noción de profundidad y permitan predecir el trazado.
Yo creo que es preciso demandar primero una infraestructura viable y después sí, liberar los límites de velocidad. Y lo que sí necesita una reforma absoluta, radical e inmediata, son las prácticas policivas atávicas, antitécnicas y abusivas, amparadas en una legalidad insuficiente y consonante con la realidad, una legalidad ciega, cuya punta de lanza es la reprimenda económica oportunista, que se basa en asumir mala fe en todos los que conducimos.
Por cierto: quisiera saber de parte del Ejército: ¿qué sentido tiene arrojar unos cauchos sobre la vía para que las personas disminuyan la velocidad? ¿No están para eso los numerosos peajes? ¿No hay satélites, informantes en el campo, para alertar desplazamientos sospechosos? ¿Un helicóptero?
Esa no es la única clase de seguridad que necesitamos los conductores ni las personas que nos acompañan. Más infraestructura, más piso para que corran las buenas ideas.
Fernando Angulo R.

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