Correo de los lectores sobre trámites, quejas y denuncias

Correo de los lectores sobre trámites, quejas y denuncias

Redacción Motor

05:00 a.m. 10 de septiembre del 2010

Se avecina una tragedia en la avenida Corpas
Las rutas escolares que toman a diario la avenida Corpas están en riesgo inminente por falta de control de las autoridades que permiten el paso de volquetas,  tractocamiones y hasta mulas con gigantesca maquinaria de un peso superior a las 'escasas' siete toneladas máximas que permite el puente ubicado en tan congestionada vía.
Señor Alcalde Mayor de Bogotá: de seguir permitiendo las autoridades a su cargo que ese tipo de transporte con peso de hasta 25 toneladas (más de tres veces el máximo que puede soportar el puente) transite por esta vía, no estamos lejos de presenciar una nueva tragedia -Dios no lo quiera- como la ocurrida con el Agustiniano Norte, por la cantidad de rutas escolares que necesariamente toman esta avenida.
Jairo Duque

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Hay héroes de verdad y héroes de papel
El domingo 29 de agosto venía de un almuerzo en casa de mi hermana, con mi hijo de 9 años. Había un retén policial en la carrera 19 entre calles 132 y 131, más o menos. Me pararon. Uno de los policías se me acercó. Era joven y me llamó la atención porque no tenía chaleco como los demás del retén (es decir, sin número de identificación). Me pidió papeles y me dijo que el certificado de revisión técnico-mecánica estaba vencido.
Entonces llamé a mi marido y mientras hablaba con él por teléfono me hizo avanzar y me dijo que parqueara más adelante - ya estaba pensando en manejar la situación- . Entonces me dijo que me va iba inmovilizar el vehículo y le respondí que al otro día (lunes) solucionaría eso de la revisión, que me colocara el comparendo. Me respondió que no lo haría, pero me dio 'la opción' de sobornarlo para dejarme seguir: "¿Cómo arreglamos para dejarla ir?", me preguntó.
Mientras tanto, mi hijo lloraba, angustiado con la agresividad del uniformado (obviamente, me sentí impotente sin poder convencerlo de que me cobrara la multa y me dejara seguir).  Entre el llanto de mi hijo y la presión de ese tipo, decidí mirar mi billetera (¡nunca lo había hecho y jamás debí hacerlo!) y sólo tenía un billete de 50 mil. Se le abrieron los ojos y me 'solicitó' que le entregara ese billete o se llevaba mi carro, que se lo pasara "con disimulo". En otras palabras, me atracó en las narices de sus colegas.
Nunca me habían parado en la vida, nunca había tenido una multa, nunca me había pasado un semáforo en rojo, ni mucho menos me había boleteado un policía por algo tan inocente como tener un certificado de gases vencido, a sabiendas de que podía multarme y dejarme seguir en lugar de esculcarme la cartera.
Qué tristeza de gente. Mientras sus colegas dan la vida por nosotros en el monte y tienen que pelear contra los verdaderos delincuentes, elementos como éste buscan 'hacerse su agosto' en las ciudades. Mi hijo todavía me pregunta si es así como se deben resolver las cosas en este país y les cuenta a todos sus amigos acerca del policía 'malo' que maltrató a su mamá.
Estoy indignada, ¿qué esperamos de nuestras instituciones con elementos así? ¿Qué ejemplo les están dando a nuestros hijos? Estoy absolutamente decepcionada y valoro aún más a los uniformados que están entregando sus vidas por nosotros. Este, que seguramente dice que está ahí parado para protegernos a los bogotanos, es puro héroe de papel.
Bertha González

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Con choferes así, la movilidad no tiene futuro
Sé que lo de ustedes son los usuarios de carro, como yo, pero desde la implementación del pico y placa, los propietarios de carros particulares nos volvimos clientes a la fuerza de la inhumana red de buses, busetas y colectivos de Bogotá, al menos dos veces por semana.
El pasado lunes 6 de septiembre, a eso de las 5 de la tarde, me monté en un bus de Universal de Transportes, color rojo, marcado con el número 19161, que transitaba hacia el norte por la avenida 68 y se dirigía hacia la localidad de Usaquén.
Además del chofer (un hombre pasado de kilos) iba un tipo a su lado con cara de 'pocos amigos', cobrando lo del pasaje y bromeando con él. Era tal el descaro de las bromas, que incluso paraban, echaban reversa, volvían a parar y seguían, hasta que los pasajeros se desesperaron y les exigieron avanzar.
La respuesta de ese 'profesional del timón' fue subir el volumen del radio y circular a paso de tortuga a lo largo de la avenida 68 y la calle 100, frenando y arrancando como si llevara vacas y no personas (yo me bajé a la altura de la carrera 15).
El que recibía la plata nunca tenía vueltos y trataba a quienes ingresaban al bus a las patadas. "Córrase a ver, que no lo voy a robar", le dijo a un señor de edad que estaba esperando su cambio y que se veía cansado de la jornada. El chofer obeso arrancó brusco y lo hizo tropezar, quizá como 'represalia' por pedir su plata que le debían.
¿No habrá quién les enseñe a estos dos animales que su función es prestarles un servicio a las personas que no tienen con qué comprar un carro? ¿No hay quién les diga que a la gente hay que respetarla? ¿Este es el flamante sistema integrado que nos está proponiendo el alcalde? En manos de idiotas como esos, la movilidad de Bogotá no tiene futuro.
José Ricardo Calle

Sí es cierto que no hay rebaja en el Simit
Leí con atención el artículo del pasado 28 de agosto sobre el dolor de cabeza que significa pagar un comparendo nacional y quiero contarles que me pasó lo mismo, viniendo de Villavicencio, a la altura del túnel de Pipiral.
Me pusieron una infracción por sobrepasar la doble línea amarilla, el cual acepté e intenté pagar en Bogotá dentro de los cinco días hábiles como dice la ley, pero al igual que la persona del artículo en mención, en el Simit me lo liquidaron por el valor completo (más de medio millón de pesos) y me dijeron que tan solo podía obtener la rebaja si lo pagaba en Villavicencio y asistía a un curso en esa ciudad.
Así lo hice en el Instituto Politécnico Agroindustrial de Villavo y, efectivamente, pagué 'tan solo' 257.505 pesos, sin contar con el pasaje de la flota de ida y regreso.
Mi pregunta es: ¿para qué se inventaron las ventanillas Simit? Y peor aún, ¿para qué el Runt? ¡Qué dolor de cabeza ser conductor en este país!
Álvaro Díaz

La Séptima por las mañana es imposible
Vivo en la calle 135 con carrera 7 y todos los días, desde las 7:45 a.m., me desplazo de norte a sur por esa avenida hasta mi oficina, ubicada en la carrera 7 con calle 74. El caos vehicular que comienza más allá de la 140 es total y cada día peor, sin que se vea autoridad alguna dirigiendo el tránsito hasta la 127.

Si me va bien, el trayecto antes mencionado me toma 45 minutos, cuando debería ser de aproximadamente 15, y sólo de la calle 140 a la calle 127 me toma entre 25 y 30 minutos. El martes 14 de septiembre demoré una hora y 20 minutos haciendo este recorrido, es decir, 45 minutos entre las calles 140 y 127.

Además, en la carrera 7 existe una serie interminable de huecos que ya son cráteres por su tamaño y profundidad, en especial entre las calles 127 y 116, los cuales ya les han ocasionado innumerables problemas a los vehículos que transitan por allí.

Les solicito a las autoridades más colaboración con los habitantes de Bogotá y que el pago de los impuestos de vehículos y de la gasolina se invierta para beneficio de todos.
Reynaldo Pernía


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Deberían priorizar los carros bogotanos
Les escribo de nuevo, no solo para exponerles mi preocupación sobre el tráfico en Bogotá, que ya es un caos, sino también para agradecerles por propiciar un espacio para las personas que nos gustan los motores. Tengo una propuesta sobre los vehículos que ruedan en Bogotá.
Resulta que los que poseemos un automóvil con placa de esta ciudad, pagamos impuestos de rodamiento y nos tenemos que aguantar los tremendos trancones, no solo ocasionados por la pésima planeación de nuestro lujo de alcalde, sino también por la congestión causada por la cantidad de vehículos (esto por la compra del segundo carro, consecuencia del pico y placa todo el día).
Cuando he salido a la vía, me he encontrado con sorpresa que un número importante de vehículos no están matriculados aquí, sino que son de ciudades lejanas a Bogotá, ya no Chía, La Calera, Zipaquirá o Mosquera, sino Cali, Envigado, Medellín, Sabaneta, Cartagena, Bucaramanga, etc.
Mi esposa creía que era una exageración de mi parte, pero ella misma es testigo de la cantidad de carros con placas 'foráneas', y para colmo, solo con fijarse en las de los vehículos parqueados en el sótano de nuestro edificio, encontramos que hay de Cali, Bucaramanga y Medellín, pertenecientes a personas que viven y trabajan aquí en Bogotá y que trajeron sus vehículos de sus respectivas ciudades para utilizarlos cotidianamente.
Mi propuesta es: ya que el alcalde no quiso cumplir con su promesa de campaña referente al pico y placa de particulares, a los que tenemos carro con placa de Bogotá se les debería reducir a un solo día la restricción y se aumentar a los carros foráneos con una permanencia mayor a un mes en la ciudad.
Yo creería que, además de incentivar el traslado de matrícula a la capital para mejorar la malla vial con esos recursos, ayudaría a descongestionar un poco la ciudad. Solamente intenten un día salir a la calle y fijarse en las placas y podrán observar que la mayoría de personas que conducen esos carros no están de paso por Bogotá.
No es tema de regionalismos sino de lógica: si utilizamos las vías de Bogotá, debemos tener corresponsabilidad con las demás personas que pagan impuestos acá y que comparten nuestras vías para el desarrollo del país.
Juan Pablo Naranjo

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