Aunque crece la apatía frente al carro nuevo es el momento de estrenar

Con el alza del dólar es innegable que en 2015 se comprarán los carros a un precio mayor que el que aún se encuentra en vitrinas. En los populares no hay nada nuevo y esto también bajará el mercado.

Redacción Motor

09:44 p.m. 12 de diciembre del 2014

Por cuenta de la escalada del dólar, los precios de los carros subirán. Es una realidad. El martes pasado la divisa estadounidense avanzó cerca de 46 pesos y dejó el precio oficial de esta moneda en 2.350,01 pesos, el más alto desde el año 2006. Y el jueves se trepó a 2.423.56 pesos.

Como la situación no parece reversible en el corto ni mediano plazos ni hay señales de que el dólar vuelva a los dos mil pesos de octubre pasado, la recomendación de las marcas y concesionarios es: “Si está pensando en comprar carro, no espere al 2015”. Eso dice Iván Genaro Peña, gerente General de MetroKIA.

La razón es muy sencilla: los vehículos que hoy están en vitrina fueron comprados a un dólar ‘barato’ y la tasa de cambio afecta los costos de los vehículos, sean estos importados o ensamblados en el país. A esto hay que sumar los costos y gastos locales como impuestos, aranceles, IVA, seguros y transporte.

Héctor Corredor, gerente de Mercadeo de Daimler Colombia, dice que es difícil hacer un anticipo de lo que va a ocurrir en el mercado con la actual fluctuación del dólar, sin embargo, sostiene que: “Claramente los precios subirán en general de todo vehículo importado si se mantiene esta tendencia”. Y agrega que en todo caso el momento de ajustar los precios llegará. “Hoy los precios no han variado en Mercedes-Benz, pero habrá que identificar el momento en que esto sea necesario claramente debido a las variaciones de tasa”.

La cautela entre los compradores se vio reflejada en las ventas del mes de noviembre, cuando se contabilizaron 25.700 vehículos nuevos vendidos, 6.000 menos que en octubre, lo que se constituyó en una frenada en seco, pues en los cuatro meses anteriores las ventas no bajaron de las 27.000 unidades.

Esa realidad revela que existen otros factores, aparte de la escalada del dólar, que están incidiendo en los compradores de carros nuevos. El más reciente indicador de esta situación se vivió en el Salón del Automóvil de Bogotá, que al menos en el terreno de los autos de nivel de entrada fue bastante plano, sin novedades.

El segmento que más mueve el mercado, teniendo en cuenta solo el volumen, muestra que el carro nuevo ‘no tiene nada de nuevo’, es decir, hay una pobreza absoluta en la oferta de carros populares, situación que contrasta con la oferta de automóviles de alta gama.

Las marcas siguen manteniendo en vitrina los mismos modelos de hace años con muy ligeras variaciones en su pinta, pero de fondo nada que cautive a la clientela, que la atraiga o la impulse a ir por un carro nuevo.

El otro factor de peso, al menos en ciudades como Bogotá, en la que se queda casi el 40 por ciento de los carros vendidos cada año, es la inmovilidad. Moverse en carro particular a cualquier hora del día es una odisea por cuenta de los trancones. Hoy, un recorrido que hace tres años tomaba 30 minutos, se ha multiplicado por tres.

Y lo peor de esta situación es que no hay soluciones a corto ni mediano plazos para mejorar la movilidad en la capital del país. Y las que vienen en camino, como el metro o más rutas de TransMilenio, tardarán varios años en concretarse.

Cansadas de andar todo el tiempo en primera, moviéndose lentamente por las destruidas calles, esto ha hecho que muchas personas guarden sus carros, y, por consiguiente, desestimulen a quienes estaban pensando en comprar uno nuevo. Este es un espacio que poco a poco van ganando las motos, así concesionarios y entidades financieras se esfuercen en dar facilidades de crédito y tasas de interés atractivas.

Un último elemento que hace crecer la apatía por el carro nuevo son los grandes costos derivados de su uso. Entre estos, altos impuestos. Un carro viejo, contaminante y obsoleto, paga muchísimo menos en impuesto de vehículo que uno nuevo. Más seguro obligatorio de accidentes, revisión tecnicomecánica, parqueaderos, peajes y combustibles caros. Todo esto sin contar con los gastos de mantenimiento, que ahora son obligatorios en el concesionario.

Un reciente informe de Fedesarrollo dice que durante los últimos años los altos niveles de desarrollo económico del país condujeron a que la clase media colombiana casi se duplicara entre el 2002 y el 2013. Esa evolución, según Fedesarrollo, permitió que las familias ampliaran su decisión de gasto a otros rubros, lo que incrementó la demanda de automóviles.

La incógnita que queda es si ese crecimiento y mejoramiento de la calidad de vida de dichas familias y la buena salud de que ha gozado la industria automotriz se van a frenar por cuenta de los impuestos existentes, más los que están por venir, y por el atraso en infraestructura que nos está llevando a que los carros no se puedan sacar más allá de los garajes.

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