Para qué debería servir el día sin carro que se realiza en Colombia

Esta jornada, que se realiza una vez al año en Bogotá, recibe cualquier tipo de críticas y comentarios por falta de una política ambiental con bases sólidas.

Redacción Motor

09:30 p.m. 15 de febrero del 2013

"Un día sin carro debería servir para trazar políticas ambientales, para mostrar algún cambio (...) Lo que la gente quiere no es un día sin carro, es una actividad de tiempo completo donde el transporte público funcione tan bien que el carro particular sobre..."
 
La frase es del columnista de El Espectador Diego Aristizábal, quien hizo una radiografía muy completa de lo que pasó en Bogotá el Día sin Carro.
 
"¡No más Día Sin Carro en Bogotá!", así tituló su entrada Camilo Pinilla, bloquero de eltiempo.com, en la que plantea similares cuestionamientos al día sin carro.
 
"Otro jueves de febrero en que los bogotanos son obligados, so pena de multa, a dejar parqueados los automóviles particulares en casa (...) otro jueves seguido de un viernes donde el caos de movilidad regresa a Bogotá sin ningún plan sostenible a largo plazo que solucione el problema", dice Pinilla.
 
A renglón seguido se pregunta ¿Para qué sirve el Día Sin Carro? ¿Qué sentido tiene esta política pública que lleva más de diez años en Bogotá y ha sido copiada en otros municipios del país? Pinilla responde que "nos han vendido el cuento todos estos años de que es una política ambiental...o que se trata de una política de movilidad". En el primer caso, Pinilla asegura "que las mediciones de emisiones confirman que la polución se reduce mucho más los días que hay paro de transportadores públicos que en un Día Sin Carro cualquiera". Y en el segundo, dice que el jueves de día sin carro "es el día de peores montoneras en buses y articulados de Transmilenio".
 
Así están las cosas y como en años anteriores no se definió nada de fondo hacia el futuro, en el que muchas cosas se podrían hacer para mejorar la movilidad, proteger el medio y tener un aire más limpio, pero para eso se requiere planeación y voluntad política.
 
Un solo caso. Ni en Bogotá ni en el país existen programas de chatarrización de autos particulares ni motocicletas. Las autoridades dicen que por Bogotá ruedan un millón 600 mil vehículos, una cifra que, a juzgar por las cifras del Runt, no cuadra. Según el Runt, en el país hay más de 9 millones de vehículos, incluidas las motos que son más de cuatro millones.
 
En ese gran total están todos los vehículos matriculados, incluso los que están varados, abandonados y que no caminan hace más 10, 15 años o más. Son chatarra que se pudre en garajes, porteros y patios de tránsito cuyos fluidos sí son un peligro para el medio ambiente y van a dar directamente a fuentes agua y a la tierra.
 
Con todo y eso, las autoridades esperan que algún día sus dueños vayan a pagarles unas sumas que no representan mayor cosa en impuestos y que en todo caso serían más costosos que poner esa chatarra  a andar. O que vayan a los patios a pagar unas multas que superan de lejos el valor del vehículo.
 
A esto hay que agregar los engorrosos trámites que hay que hacer para 'matar' la matrícula de un carro viejo, que solo está estorbando, contaminando e inflando las cifras del parque automotor. Y si la persona logra hacer el trámite, se tiene que quedar con el 'muerto' porque no hay industria del reciclaje en Colombia, salvo una iniciativa privada que está restringida a los autos siniestrados de las compañías aseguradoras.
 
En medio de este gran problema ambiental que representan los carros 'chatarra', el gobierno se ha opuesto a amnistías y condonación de deudas con el argumento de que se afectan las finanzas de los municipios. Es decir, son más importantes esas 'chichigüas' que el medio ambiente.

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