Las entradas del norte de Bogotá piden intervención en infraestructura vial

El caos vehicular de su entrada más emblemática (por la carrera 7 o por la autopista) no es culpa del tráfico sino del deplorable estado de ambas vías.

Redacción Motor

07:13 p.m. 27 de septiembre del 2013

En la Autopsita Norte, a la altura de Guaymaral, hay un letrero que sobra. Fue lo que concluimos el pasado miércoles cuando decidimos averiguar de primera mano qué tan justificadas son las quejas de nuestros lectores respecto a esa entrada a la capital del país.

“Bienvenidos a Bogotá D.C.” es lo que se lee en letras blancas escritas sobre un enorme tablero de color verde, justo donde deja de ser una vía nacional y se convierte en una avenida más de la capital. Y es ahí, en ese sitio, cuando el vehículo cae en el primer hueco y la vía empieza a tornarse en un mar de anarquía por culpa del pavimento quebrado, la ausencia total de bermas, la pésima señalización, los carros que buscan las líneas divisorias de los carriles y los buses que recogen y dejan pasajeros de árbol en árbol.

Precisamente son los cráteres de ‘Huecotá’, y no el pomposo aviso que cubre toda la calzada norte-sur, los encargados de darles la bienvenida a sus visitantes (qué pena con ellos), y otros hoyos similares los que tienen la misión de despedirlos con una gran serenata de rines golpeando desniveles y rizados y amortiguadores dando todo de sí en cada filo.

Nuestro recorrido arrancó de adentro hacia afuera, más exactamente desde la calle 170, por la carrera 7, hasta el peaje Devinorte, en donde dimos un giro en ‘U’ para bajar por el antiguo Buda y tomar la Autopista Norte hasta el peaje y devolvernos desde allí hasta la NQS.

1. El embudo
El primer obstáculo es el cuello de botella que se forma en la calle 182 (zona de El Codito), donde termina la doble calzada de la carrera 7 para dar paso a la ‘carretera del Norte’. La misma que tiene en la mira el director de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), Luis Alfredo Andrade, quien le propuso al alcalde Gustavo Petro convertirla en doble calzada hasta donde empieza la vía concesionada. Una propuesta que el alcalde desechó porque “Bogotá tiene otras prioridades” y se necesitan “estudios” para analizar su viabilidad.

2. La carretera al norte
Es un verdadero monumento a la dejadez por cuenta de los cráteres que la adornan, los desechos que pululan a un lado y al otro de la vía, las telas verdes cubriendo las obras interminables, la gran cantidad de buses ‘cebolleros’ recogiendo y dejando pasajeros, la ausencia total de señalización vial, las ‘bermas’ de tierra que son verdaderas trampas para peatones y vehículos, los cientos y cientos de huecos, los almorzaderos improvisados y, por supuesto, el semáforo de la calle 187C, que provoca inmensos trancones cada domingo en familia.

3. El inicio de la concesión
Justo donde está el desvío hacia la autopista (antiguo Buda), ‘antesitos’ de Endulza tu paseo, el panorama cambia por completo. Un enorme letrero del concesionario Devinorte da la bienvenida al mundo feliz mientras Bogotá se despide dejando atrás el caos y abriendo paso hacia una vía perfectamente pavimentada y señalizada, con canales de desagüe que nunca se vieron hasta ese punto, señales preventivas e informativas, dobles líneas amarillas, ‘ojos de gato’ sobre la línea blanca que la bordea y cero escombros en las bermas.

4. La bajada por el Buda
Está debidamente señalizada y como mandan los cánones hasta la desembocadura de la Autopista Norte. Desde ese punto circulamos hasta el peaje y tomamos el retorno para devolvernos luego por la misma Autonorte hacia Bogotá. Vimos calzadas perfectamente delineadas y señalizadas hasta que dos letreros nos despertaron de nuevo a la realidad: uno en que Devinorte se despide y otro que da la bienvenida a Bogotá. Literalmente se pasa del pavimento al parcheo; de las bermas a los bordes de arena; de los retornos amplios a la ‘úes’ desportilladas; de la velocidad promedio al ‘frene y arranque’; del primer mundo al tercermundismo.

5. La calle 170
Anarquía total. Taxis parqueados al lado de las salidas oriental y occidental del puente peatonal, flotas que se detienen a mitad de vía a dejar pasajeros, peatones a diestra y siniestra, alcantarillas destapadas y vendedores ambulantes ocupando los andenes opacan por completo la primera estación de TransMilenio. Desde ese puente peatonal vimos cómo los buses intermunicipales se detienen para esperar a quienes vienen en los articulados, al punto que impiden la entrada de los vehículos a los barrios aledaños. Allí se arma un gran embudo (en ambos sentidos) que se destraba luego de que taxis buses y peatones lo permiten.

6. Ojo, losas en la vía
De la calle 170 hacia el sur, por la Autopista Norte, la conducción se convierte en una verdadera carrera de obstáculos. Turupes de pavimento que sirven de remiendo en las uniones de las losas, muchas de ellas desprendidas o quebradas, y hundimientos filosos en donde los vehículos caen y se golpean fuertemente (tal cual los buses articulados). A la altura de la calle 106, dos losas hechas ‘polvo’ impiden la normal circulación de la vía pues obligan a los vehículos a frenar para sobrepasar sin romper la suspensión. Ese solo sector forma un trancón interminable que se extiende hasta la calle 127.

7. De la Autonorte hacia la NQS
De vuelta a las instalaciones de EL TIEMPO, decidimos tomar la calle 130 (del caos de las paralelas de la Autonorte hablamos en otra entrega). Justo a la entrada hacia esa avenida, un hueco grande y profundo se les atraviesa a los conductores y les impide tomarla fácilmente. Todos los que circulábamos por allí caímos en la trampa y formamos trancón por culpa del cráter.

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