El estrés modula en buena medida la forma de conducir

El estrés puede ser causa directa o indirecta de accidentes. Aprenda a identificar y controlar la presencia de 'estresores'. La presión del tiempo es lo que más afecta al conductor.

Redacción Motor

05:00 a.m. 31 de octubre del 2008

El estrés, la llamada enfermedad del siglo XXI, está implícita en todas las actividades del ser humano, y conducir un automóvil no es una acción ajena a este fenómeno.

En el ejercicio de conducir un vehículo el factor humano es fundamental, del cual se derivan una serie de limitaciones de carácter psicológico que se deben tener en cuenta al momento de estar al volante.

"Una de esas limitaciones es el estrés, es decir, el estado de fatiga física y psicológica de una persona provocado por exceso de trabajo, agotamiento, desórdenes emocionales, ansiedad, tensión, etc,", asegura un estudio del Centro de Experimentación y Seguridad Vial, Cesvi Colombia.

Son varios los aspectos, que de acuerdo con varios estudios, demuestran que el estrés está íntimamente ligado a la función de conducir.

Por una parte, dice el informe de Cesvi,  "el estrés modula en buena medida la forma de conducir de las personas y puede ser el agente causal directo o indirecto de un porcentaje considerable de accidentes".

Y agrega que "el sistema de tráfico masivo con todos sus efectos colaterales, contribuye de manera notable para incrementar los niveles de estrés, que ya de por sí genera nuestro propio estilo de vida".

En consecuencia, es evidente que conducir un vehículo estimula la presencia de estresores con mayor o menor intensidad, siendo la presión del tiempo la situación que más afecta al conductor.

Algo para destacar de lo que aseguran los expertos es que no todo tipo de estrés es negativo para la conducción, "ya que éste puede ayudar en algunos momentos en el necesario estado de alerta y reacción que se necesita para conducir".

Pero al mismo tiempo, el estrés puede tener, en algunos casos,  una serie de efectos negativos en el conductor, haciendo que su sistema se desequilibre con graves consecuencias según el nivel de estrés y la fase en que se encuentre el conductor.

FASES DEL ESTRÉS

Cuando una persona está sometida a un factor desencadenante de estrés, el organismo reacciona para defenderse de la situación pasando normalmente por tres etapas o fases denominadas síndrome general de adaptación.

El estrés no surge de repente, siempre hay señales. El primero en saber que está pasando algo es la misma persona que lo sufre, aunque esto no se generaliza debido a que algunos individuos lo captan cuando una tercera persona se los dice.

Primera fase: Comienza con una voz de alerta que la persona recibe a causa de una situación de estrés, manifestándose en ciertos casos consudoración del cuerpo, dolores de cabeza, insomnio, irritabilidad, enojo, etc.

Un ejemplo sencillo para explicar todo lo anterior es cuando el conductor se encuentra involucrado en un trancón.

Si la persona sabe controlar el estrés no tendrá efectos perjudiciales y éste desaparecerá en el instante, pero si no se sabe llevar con calma la situación, el conductor adoptará una serie de comportamientos inadecuados y peligrosos tales como: Agresividad, impaciencia, aumento de la predisposición para realizar una conducción temeraria, imprudente y con menor conciencia del peligro; llevándolo a continuar a la siguiente fase.

Segunda fase: Es la fase de la resistencia. Esta va más allá de la fase de alerta y se presenta cuando la persona agota su capacidad de aguante por estar expuesta durante mucho tiempo al factor estresor. Los síntomas que genera en la persona son: Aumento de la temperatura corporal, presión arterial y respiración agitada. En esta fase, el individuo sufre de ansiedad, pierde energía y entra en cólera o desesperación.

Si la persona controla su estrés el cuerpo retorna a su funcionamiento normal, pero si permanece en este estado puede agotar las reservas corporales, lo que conlleva de inmediato a la tercera fase del estrés.

Tercera fase: La fase de agotamiento es la más grave, porque si el estrés no se controla a tiempo, la persona cae en un profundo agotamiento y cansancio debido al esfuerzo realizado. Los síntomas característicos en esta fase son: Exceso de adrenalina, por lo cual está más expuesto a padecer enfermedades e incluso en casos extremos a sufrir un infarto.

Los ácidos segregados en el estómago pueden provocar úlcera. El sistema inmunológico se debilita, incrementando el riesgo de contraer enfermedades.

En esta fase, la tarea de conducir se puede volver extremadamente peligrosa debido a: Se disminuye la habilidad para percibir, analizar e interpretar la información.

ESTRATEGIAS PARA DISMINUIR Y COMBATIR EL ESTRÉS

A continuación, se dan algunas pautas generales para controlar los diferentes niveles de estrés:

Confrontación: Es la estrategia más práctica debido a que se centra en cambiar el evento estresante por una solución inmediata de la cual se derive un evento positivo, un ejemplo claro de esto es cuando existe congestión en el tráfico y buscamos rutas alternativas.

Distanciamiento, autocontrol y planificación: Una de las bases fundamentales para controlar el estrés es dominar los propios sentimientos y acciones. Así mismo, es conveniente organizar el tiempo disponible de tal manera, que en las situaciones de trancón no tenga momentos desagradables.

Actitud positiva: Examine con calma y objetividad lo que está causando el estrés (agente estresor), mantenga una actitud positiva frente a esa situación y logrará emitir comportamientos efectivos para solucionar el problema.

 

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