El 'gigantismo' crónico de los automóviles lo han padecido ya varios modelos

Debido a normas por cumplir y requisitos por satisfacer, los autos se han sometido a una dieta de engorde rica en espacio, seguridad y comodidad.

Redacción Motor

06:50 p.m. 23 de enero del 2015

Cuando el Ford Modelo T fue lanzado a comienzos del siglo pasado, la versión de dos puertas medía apenas 3.40 metros de largo, nada que ver con los 5.31 metros que marcaba un Chevrolet Bel Air a finales de los años 50. Luego, en los 70, la crisis del petróleo ‘encogió’ a los vehículos y a finales de esa década un sedán como el Mazda 626 apenas llegaba a los 4.26 metros.

A partir de allí y con una economía en recuperación, los autos lentamente comenzaron a crecer y para finales de siglo un sedán como el Volkswagen Jetta medía 4.38 metros de largo. Pero para esta época el mercado ya había cambiado drásticamente, los SUV comenzaban a hacerse notar y las normas de seguridad se hacían cada vez más estrictas.

De la misma forma, los avances tecnológicos en áreas como comunicación y conectividad se han convertido en necesidades que muchos consumidores buscan tener en sus vehículos, así que la sumatoria de estos y muchos elementos más se han visto reflejados en el tamaño final de los carros.

La inclusión de bolsas de aire en diferentes partes del habitáculo, zonas de deformación programada, sillas con calefacción y mandos eléctricos, sistemas de entretenimiento con pantallas, lectores y reproductores de diferentes medios, salidas de ventilación en puestos traseros, portavasos, guanteras de almacenamiento, entre muchos otros elementos más, son algunos de los que han llevado a que los autos hayan crecido tanto a través de los años.

¿Qué tan drásticos han sido estos cambios generacionales? La forma más sencilla es mirar la evolución en el tamaño de algunos modelos cuya producción no se ha visto interrumpida; si empezamos desde los más pequeños, uno de los primeros en hacer aparición es el MINI.

El modelo original de 1959 diseñado por Sir Alec Issigonis, con su motor delantero transversal, apenas lograba marcar 3.05 metros desde el frente hasta la parte trasera. Al saltar varias décadas y toparnos con el modelo actual producido por BMW Group, vemos que esa misma medida es 3.82 metros (ni hablar de las diferentes variantes, como el Countryman, que alcanza a superar los cuatro metros).

La historia no es distinta con el Volkswagen Golf, que de los 3.70 metros de largo de su primera generación pasó a los 4.25 metros de la actual, o con el Porsche 911, que de los 4.29 metros de los primeros modelos de los años 60 pasó a los 4.51 metros de la generación vigente. Ha sido tal el crecimiento, que los 4.45 metros del Honda Accord de 1984, modelo del segmento D, es ligeramente inferior a los 4.50 de un Civic 2015, perteneciente al segmento C.

Las camionetas tampoco han sido ajenas a esta tendencia y si en 1970 la Range Rover, con sus 4.44 metros de largo, le parecía muy grande a alguien, los 4.99 metros de la más reciente generación son puro exceso. Algo similar ha ocurrido con la popular Nissan Pathfinder, que de unos modestos 4.36 metros del primer modelo ha crecido hasta los monstruosos cinco metros que mide la presente generación.

En todos estos casos el ancho también ha incrementado sustancialmente, pero gracias a nuevos materiales, procesos de producción y desarrollos de nuevas técnicas, en los últimos años los autos han comenzado a reducir su peso a pesar del aumento en dimensiones. El objetivo de esta dieta es lograr la mayor eficiencia de los motores y el menor consumo de combustible posible (Ver recuadro ‘Mayor tamaño…’).

Gran parte del desarrollo del automóvil a lo largo de sus más de 100 años de historia se puede evidenciar a través de su tamaño. Desde los primeros modelos con apenas lo necesario para acomodar a sus ocupantes hasta los cada vez más amplios e ‘inteligentes’ autos de la actualidad, los automóviles son un fiel reflejo de los requerimientos de comodidad, tecnología y diseño impuestos por su época.

El MINI ya no es tan Mini

Sin duda alguna uno de los más claros exponentes del aumento en el tamaño de los vehículos es el MINI. Tanto así, que desde que hace parte del Grupo BMW su nombre se escribe en mayúsculas.
Mientras que el modelo original solo debía cumplir un requisito de tamaño y la tarea de ofrecer un auto económico, la versión actual se ubica en un segmento más exclusivo, lo que redunda en tener que satisfacer necesidades de comodidad, seguridad y equipamiento. Y todo eso requiere mucho espacio.

Mayor tamaño no necesariamente se traduce en más peso

El considerable aumento en tamaño que han tenido los automóviles de prácticamente todos los segmentos a lo largo de los últimos años llevaría a pensar que lo mismo sucede con su peso, pero la realidad es que los avances tecnológicos y la aplicación de nuevos materiales, ha permitido lograr lo contrario.

La fibra de carbono es uno de ellos y sin duda está entre los ‘favoritos’ de varios fabricantes, pues no solo resulta más ligero que otros materiales, sino que además provee una mayor rigidez.

En su P1, McLaren aprovechó esta rigidez y construyó la jaula protectora del habitáculo en este material, mientras que BMW hizo lo mismo con sus modelos ‘i’ para favorecer el peso lo más posible.

El aluminio también ha sido usado en un gran número de vehículos actuales, pues además tiene la ventaja de ser más económico que la fibra de carbono.

Por ejemplo, el Jaguar XE, que llegará próximamente para competirle al BMW Serie 3 y al Audi A4, cuenta con una nueva plataforma totalmente en aluminio y una carrocería compuesta en un 75 por ciento de ese material.

De la misma forma, las técnicas de fabricación también han sido optimizadas y los componentes internos de los automóviles también se han visto beneficiados por este tipo de dieta. Todo suma.

La estampida de los caballos

Si el tamaño de los vehículos ha aumentado considerablemente con el paso de los años, su potencia no se podía quedar atrás. Pero en vez de seguir la ruta del ‘gigantismo’, la tendencia actual es el ‘downsizing’, donde a pesar de una reducción en la cilindrada se puede lograr una mayor potencia y rendimiento gracias a la inducción forzada (usualmente un turbo).

Por ejemplo, el motor V8 de 3.6 litros (221 pulgadas cúbicas) que usaba el Ford 1934 en el que los afamados Bonnie y Clyde fueron asesinados, desarrollaba 85 caballos, cinco menos de lo que logra el pequeño tres cilindros turbo de 898 cm3 del actual Renault Twingo. Cuando se lanzó el Lamborghini Miura en 1966, se hacía gala de su V12 de 3.929 cm3 con 350 caballos de potencia, 10 menos que lo obtenido por el 2.0 turbo de cuatro cilindros del Mercedes-Benz A 45 AMG.

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