Dos horas veinte minutos en Eldorado: carta de la semana

Dos horas veinte minutos en Eldorado: carta de la semana

Redacción Motor

05:00 a.m. 30 de julio del 2010

"Ahí estábamos, los ciento y pucho pasajeros que acabábamos de aterrizar, en un estrecho túnel dentro del cual coincidimos alrededor de tres vuelos. Caos total".

Sorprendidísima quedé hoy (miércoles) con la noticia en primera página de EL TIEMPO en donde nos cuentan que el aeropuerto Eldorado  es "el que más crece en América Latina" y que hoy es "la segunda terminal aérea de la región en número de vuelos, después de México".

Increíble, por decir lo menos, que Bogotá mueva más tráfico aéreo que Sao Paulo, Buenos Aires, Santiago o Río de Janiero, por nombrar algunos destinos turísticos mucho más apetecidos. Debe ser porque en esas ciudades funciona más de un aeropuerto.

Pero las cifras hablan, y habrá que creerles, como creemos eso de que Colombia es pasión, que somos 'echaos pa'lante' y los más felices del mundo, que tenemos la economía más sólida de la región, que el mejor presidente de la historia, que las mejores telenovelas... pero por lo que se vive en el aeropuerto Eldorado de Bogotá cada día, queda claro que lo que tenemos es muchos 'aviones' sacando provecho de los pobres pasajeros.

Y no me refiero al atraso de las obras que propició la eterna indecisión del Ministerio de Transporte sobre si se tumbaba o no el obsoleto edificio; ni a la escandalosa propuesta de cambiar su bello nombre por el de un líder silenciado por la misma sociedad que ahora pretende recordarlo cada vez que tomamos un avión; o por el parqueadero vehicular que cobra como si viviéramos en Londres, con la complicidad de las autoridades. No.

Me refiero a la desidia de quienes están reformando y administrando "la segunda terminal de la región después de México", que se hace evidente cada vez que uno aterriza del extranjero y, por desgracia, se ve obligado a pasar por 'Inmigración'. Para la muestra, un botón vivido el pasado sábado, entre 8:40 y 11:00 de la noche.

Parece un toril
Lugar: pasillo que conduce a los cubículos del DAS. Se llega en un bus similar a los utilizados por los aeropuertos del resto del mundo, con la diferencia de que a estos les suenan los cambios y los frenos como si se tratara de una destartalada chatarra. ¿Carrocería 'nueva' en chasís viejo? Eso es lo que hacen todos los transportes de esta sufrida ciudad, ¿por qué no lo harían los encargados de administrar el aeropuerto?

Ahí estábamos los ciento y pucho pasajeros que acabábamos de aterrizar de Houston, luego de un extenuante viaje de cinco horas: en un estrecho túnel, con paredes recubiertas con diminutos baldosines -similares a los que se usaban en los baños de las casas de Teusaquillo-  dentro del cual coincidimos alrededor de tres o cuatro vuelos que llegaron al mismo tiempo, es decir, 300 ó 400 personas (¡tres o cuatro vuelos: imaginen los que moverá Buenos Aires o Sao Paulo en una hora pico de aterrizajes!)

Yo me pongo en los zapatos de un estadounidense, un alemán, un chileno, un ecuatoriano, al pisar ese toril de entrada al 'país más feliz del mundo'. Muy seguramente me preguntaría por qué no tiene ni un solo letrero que diga algo así, como: "Bienvenidos a Colombia, disculpe la incomodidad, estamos reformando el aeropuerto" y, en lugar de tanta publicidad, un gran afiche con la maqueta de lo que será la terminal en el 2012 ó 2013 ó 2014 ó 2015, o cuando sea que la acaben de construir.

Pero no: lo más 'elegante' del recinto son sus enormes pancartas publicitarias, muy bien iluminadas y protegidas por cajas de aluminio y vidrio muy limpio, que promocionan costosos vehículos y muestran quién es el amo y señor del desastre.

Yo me pregunto: ¿para qué le informan a un extranjero que en Colombia vendemos Alfa Romeo? ¿De qué le sirve al gringo saber que una empresa que se llama Opain S.A., cuyos enormes e invasivos letreros aparecen en los buses, las escaleras, las paredes, los relojes y los directorios de salida y llegada de vuelos, son los que están reformado el aeropuerto?

¿Por qué no mejor crean mecanismos eficientes y diseñan una señalización adecuada para evitar que los compatriotas 'echaos pa'lante' se manifiesten como lo hicieron durante las dos horas y 20 minutos (sí, 2:20 horas con tan solo tres vuelos) que nos tomaron desde la escalerilla del avión hasta la puerta de salida?

Reflejo del país
Cierren los ojos e imaginen esa pasarela con cientos de colombianos criados a punta de cultura del atajo y convencidos de que están en el segundo aeropuerto más próspero de América Latina. Súmeles la hora: 8:40 de la noche; el cansancio de un viaje de cuatro o cinco horas; los 'señores feudales' abriéndose paso con sus guardaespaldas...

Me acuerdo de una señora como de 50 años, vestida con un 'tutú' de bluyín, enterizo de manga sisa y sandalia de cuero, que muy oronda fue pasando y pasando, hasta que un señor que hacía fila delante mío la detuvo y le dijo: "Usted es consciente que le fila va por acá, ¿no? Usted de aquí no pasa". Y ella, un espécimen propio de nuestra cultura, le contestó al oído: "Ponéte creativo y yo también me pongo creativa, oítes?"

No sé ustedes, pero una gorda cincuentona colombiana, con tutú de bluyín, colándose descaradamente y amenazando así, me mata del susto... ¡yo la dejo pasar!

Lo que sí no dejo pasar es esta oportunidad de desahogarme con ustedes, de decirles que ese caos no es más que el reflejo de la corrupción que carcome al país, en donde les entregan las megaobras a 'pro-hombres', ávidos de enriquecerse sin tener en cuenta el sufrimiento de los usuarios.

Es increíble que a los elegantes señores de Opain no se les ocurra que en sus manos está nada más y nada menos que la entrada a Colombia; que tener funcionarios en las horas pico de vuelos para organizar el peligrosísimo túnel que lleva a 'Inmigración' no les va a afectar mucho su abultado bolsillo, pero en cambio sí beneficiaría a los pasajeros niños, jóvenes, adultos y ancianos, sin contar a los funcionarios del DAS que sellan los pasaportes: son las grandes víctimas de este despelote.

¿Qué les cuesta poner un letrerito que dé la bienvenida y explique el desorden? ¿Un par de cinticas a lo largo del corredor que guíen al pasajero hasta las cabinas del DAS? ¿Tres funcionarios que pongan orden? ¿Unos ventiladorcitos manuales para paliar el aire pesado? ¿Una fotico con la maqueta del 'Luis Carlos Galán', el 'Andrés Uriel Gallego' o como quieran llamar el nuevo aeropuerto?

Estas pequeñas iniciativas dejarían sin argumentos a los coterráneos 'picarones', les haría más amable su visita a los extranjeros, justificarían el titular de EL TIEMPO de hoy (miércoles) y evitaría otro espectáculo grotesco de la cincuentona del 'tutú'. A propósito, ¿y dónde está la Aerocivil?
Carmen Pérez de Sandoval

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