Luis Alberto Suárez: El hombre que vio nacer a Sofasa

Ha estado en los lanzamientos de todos los Renault en Colombia, desde el R4 hasta el Sandero. Empezó como mensajero y hoy es el gerente de Comercio Exterior de la empresa.

Redacción Motor

05:00 a.m. 23 de septiembre del 2008

Carlos Camacho Marín
Redacción Vehículos

Hace más de 39 años Luis Alberto Suárez empezó, sin saberlo, a poner los primeros ladrillos de una de las empresas más grandes e importantes del sector automotor colombiano. En ese entonces era mensajero del desaparecido Instituto de Fomento Industrial (IFI). 

A él le tocó hacer todas las diligencias que le dieron vida a la Sociedad de Fabricación de Automotores S.A. (Sofasa), cuando -en 1969- el Gobierno seleccionó a la Regie National des Usines Renault de Francia para la conformación de una compañía ensambladora de automóviles en Colombia. 

En ese entonces, este bogotano 'nacionalizado' en Medellín, le tocaba ir desde la calle 16 con carrera 4, al Palacio de San Carlos, a hacer unas pequeñas 'vuelticas'. Nada más ni nada menos que llevar los documentos para protocolizar el funcionamiento de la empresa y el contrato entre los gobierno de Colombia y Francia de transformación y ensamble. 

En esa época -cuenta Luis Alberto- eran solo tres empleados: el gerente, la secretaria y el mensajero. A través de la secretaria del IFI se enteró de la vacante en Sofasa. "Yo no sabía qué era, pero mandé la hoja de vida. Pensaba que era una fábrica de sofás. Como en esa época estaban de moda¿", cuenta hoy, ya no el mensajero, sino el gerente de Comercio Exterior de Sofasa. 

A él lo encontramos el martes pasado durante el lanzamiento oficial del Renault Sandero en Medellín, sentado como uno más de los 1.246  empleados que tiene la compañía. 

La vida de Luis Alberto está intensamente ligada a la de Sofasa. Ha estado en todos los lanzamientos de Renault en Colombia. El primero fue a mediados de 1970, cuando la compañía tuvo que producir en tiempo récord cinco Renault 4 para llevar a la Feria Internacional de Bogotá de ese año. Recuerda que tres de esos carros iban pintados con los colores de la bandera de Colombia. Desde su fundación, Sofasa ha producido y comercializado más de 670 mil vehículos de las marcas Renault y Toyota. 

Familia 'made in' Sofasa

Pero llegar a donde está hoy no fue fácil. Luis Alberto Suárez tuvo que terminar el bachillerato en la noche, después de las largas jornadas de trabajo. Cuando ingresó sólo había estudiado hasta segundo de bachillerato y el gerente  le puso como requisito estudiar y ser profesional. En 1972 ya era tecnólogo en Comercio Exterior y años más tarde se graduó como ingeniero industrial.

 Su hijo mayor es ingeniero de producción y trabaja hace cuatro años en Sofasa; el menor está terminando Ingeniería Mecánica. 

Luis Alberto Suárez nunca ha tenido un carro que no sea Renault. El primero fue un R6 modelo 76 de segunda, que le compró al gerente.  El segundo fue un R9, que era un prototipo. Y solo ha tenido uno 'desde nuevo' en el que todavía anda: un R19. 

De los carros ensamblados por Sofasa, los que más recuerda con nostalgia son el R12 y el R9. "Se caracterizaron por ser carros de batalla, para todos los gustos. ¿Y el R4?, le preguntamos. "Era un carro bueno, pero feo, no me llamaba la atención". 

Luis Alberto tiene muy claro porque nunca ha comprado un carro que no sea Renault y con 39 años en la empresa tiene por qué saberlo. "No me llama la atención tener un carro lujoso, sino la mecánica y la parte motriz. Sofasa siempre se ha preocupado por saber por cuáles carreteras y calles se va a usar. No es lo mismo un Renault europeo que uno colombiano. Y los colombianos siempre queremos subir 'a toda', como si estuviéramos en lo plano". 

Así, don Luis Alberto Suárez sigue contando historias y anécdotas a lo largo de 39 años. Su título profesional, su matrimonio, sus hijos, y haber logrado a un cargo de dirección son los mejores momentos que ha vivido en Sofasa. 

Y no es solamente él. En el teatro Metropolitano de Medellín pudimos comprobar el ambiente cálido y familiar en el que conviven más de 1.200 empleados. Por eso, en el lanzamiento del Renault Sandero, Germán Camilo Calle, director general de Sofasa, les dijo: "Ustedes son los invitados, los anfitriones y los protagonistas".  

Y así fue, porque las directivas se tenían guardada una gran sorpresa para sus empleados: el primer Sandero ensamblado en Envigado fue a parar directamente a las manos de uno de los trabajadores de Sofasa, luego de un emocionante sorteo (ver Mi día de suerte).

Este artículo fue posible, gracias a la amble invitación de Sofasa a Medellín.


'Hoy es mi día de suerte'

"Nosotros no teníamos ni idea. Nos dieron en la empresa una camiseta y una boleta para reclamar un refrigerio. Había un número y pensábamos que iban a  rifar unas anchetas (¿). Empezamos a sentir esa emoción en la silla, cuando nos dijeron que iban a  rifar un carro entre nosotros. Al compañero de enseguida le dije: esto es increíble, cualquiera de nosotros se lo puede ganar". 

Así comenzó a relatar Andrés Eduardo Rendón Arango los momentos previos a convertirse en el primer dueño de un Renault Sandero, que Sofasa rifó entre sus 1.246 trabajadores el martes pasado. El asunto era sencillo: de forma aleatoria, un computador escogía tres nombres, el último era el ganador. 

Eduardo Andrés lleva 15 años en Sofasa, primero como contratista y desde hace 18 meses es empleado de la compañía. Trabaja en motores, es el encargado de montar los volantes y el embargue. 

"Cuando vi bajando por las escaleras al operario que escogieron para que marcara la tercera opción, me encomendé a Dios y dije: que esta oportunidad sea para mí. Le pedí a mi mamá, fallecida hace años, que me ayudara. Le dije, 'ojalá que este sea mi día'. Cuando salio mi nombre, me arrodillé y no me podía parar ni dejar de llorar de la emoción. Mis amigos me gritaban: '¡Sos vos Eduardo, sos vos!  Yo no podía de la emoción y no dejaba de temblar. Y ahí empezamos todos a llorar". 

La emoción fue tan grande que cuando el director de Motor, José Clopatofsky, le preguntó si ya le había contado a la esposa, Eduardo Andrés respondió: "No, no he podido, me tiemblan las manos". Cuando José le ofreció su teléfono para que la llamara, se le olvidó el número, y cuando Patricia contestó, solo atinó a decirle: "Mi amor, hoy es mi día". 

Un día después, Eduardo Andrés, que siempre había soñado con tener un carro, todavía no lo creía.  "Carlos, no me vas a creer, pero anoche no dormí, tengo una ansiedad, un estrés, no sé, todavía no despierto de este sueño", confesó.

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