¿Quién manda en los retenes vehiculares ambientales?

Una 'ingeniera', que resultó ser tecnóloga en gestión ambiental, analiza 'a ojo' si los vehículos son aptos mecánicamente para circular. Crónica de una impugnación.

Redacción Motor

04:20 p.m. 06 de enero del 2012

Sucedió el 10 de octubre del 2011, a las 10:20 de la mañana, en un puesto de control montado por la Policía de Tránsito de Bogotá a la altura de la avenida Cali, entre la calle 13 y la avenida del ferrocarril, sentido sur-norte (frente al centro comercial Hayuelos).

Dos uniformados y dos 'ingenieros' de la Secretaría de Ambiente, apoyados por una unidad móvil equipada con herramientas para medir la emisión de gases de los vehículos, obligaron a detenerse, entre otros, al editor del portal www.portafolio.co de EL TIEMPO Casa Editorial, Mauricio Romero, para solicitarle el certificado de revisión técnico-mecánica.

"La primera sorpresa me la llevé cuando el policía desechó el papel y prefirió que una 'ingeniera' analizara si el motor estaba al día -relata nuestro colega-. La segunda, cuando la 'doctora' miró el humo del exosto, sentenció en segundos que mi carro estaba contaminando y, literalmente, les ordenó a los policías enviarlo a los patios".    

Romero alterna su oficio de periodista con la afición por la mecánica gracias a las enseñanzas de su padre, quien le dedicó toda su vida a un taller de su propiedad. A su lado aprendió a armar y desarmar motores y a identificar el por qué de cada una de las piezas que lo componen. 

Por eso no dudó en solicitar la prueba técnica, con una sonda que se introduce en el exosto del vehículo y que mide las emisiones reales del motor, pero extrañamente se negaron porque con solo ver el humo era 'suficiente'. "Además, el Código Nacional de Tránsito nos permite realizar estas pruebas", anticipó el uniformado, según le relató a Vehículos el afectado.

"De ahí en adelante fue como hablar con una tapia, pues la tal 'ingeniera' resultó ser una tecnóloga en gestión ambiental que, como es de suponer, no tiene ni la menor idea de mecánica automotriz", recalca Romero.

Al final, el editor se quedó sin carro, con un comparendo que no firmó pero sí impugnó (ver: 'Apelaciones de comparendos no incluyen altos costos del proceso'), y sin Soat: "¿Me puede creer? Los policías me quitaron nada más y nada menos que el Soat, que tuve que solicitar de nuevo para poder conducir, como siempre, con todos mis papeles en regla".

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