El 'nuevo' pico y placa evidencia graves problemas de movilidad e infraestructura en Bogotá

Esta medida en las 'horas valle' dejó al desnudo varias problemáticas que rodean la ciudad, multiplicando los tiempos de desplazamiento de un lado a otro. Bogotá está 'atorada' durante ese tiempo.

Redacción Motor

04:21 p.m. 07 de septiembre del 2012

Desde el pasado 3 de julio, cuando empezó a regir en Bogotá el nuevo esquema del pico y placa de números pares e impares, la medida generó algunas dudas, pero en términos generales fue bien recibida por los automovilistas pues por primera vez en 14 años recibieron un tratamiento 'más benévolo' al poder usar sus vehículos todos los días de la semana.

Sin embargo, dos meses después, la medida dejó al desnudo la realidad de Bogotá: la deficiente infraestructura vial con sus calles y puentes en mal estado, autopistas que no merecen llamarse así, y una red semafórica 'descalibrada', entre otros aspectos que dificultan un tráfico fluido.

Esto sumando a la presencia en las vías de vehículos de tracción animal, camiones de reparto y transportadores de valores estacionados en plena vía, o las filas de taxis esperando pasajeros en sitios críticos como la autopista norte o la avenida Boyacá, por citar solo estos casos.

Si bien el pico y placa ha funcionado en las horas pico, ahora en las horas valle, para ir de un punto a otro de la ciudad hay que multiplicar el tiempo de desplazamiento por tres o cuatro, es decir, que si un recorrido que a un conductor le tomaba 20 minutos, hoy se le pueden ir 60 de su valioso tiempo.

Por ejemplo, pasar el semáforo de la calle 80 con Avenida Caracas, cerca al monumento de Los Héroes toma por lo menos 30 minutos. Nos tomó hora y 30 minutos ir de la calle 116 con Autonorte hasta la calle 72 con séptima. Fue hora y media en la que en cada arrancada no se avanzaba más de uno o dos metros.

Aunque no se conocen estudios todavía, y el alcalde anunció que la medida sería revisada, lo cierto es que Bogotá está atorada en el tráfico de las horas valle, lo que genera problemas para la competitividad de la ciudad, mayor consumo de combustible, más desgaste de los automóviles y seguramente mayor contaminación.

Los 'poco amigos' del carro particular insisten en que hacer más vías no es la solución, pero Bogotá no construye una nueva hace 30 años, y está muy lejos de que sus actuales 'avenidas' y 'autopistas' se equiparen con las modernas que existen en otras capitales suramericanas; y proyectos como la Séptima o la ALO siguen embolatados.

A esto hay que agregar que las alternativas existentes para desestimular el uso del carro particular no son las mejores. Transmilenio también está atorado: las colas en las estaciones son extensas y en la troncal de la Caracas es frecuente ver trancones de buses rojos; la vía exclusiva para los articulados parece bombardeada por su mal estado; La Avenida 26 y la décima están operando 'a plazos', lo mismo que el Sistema Integrado de Transporte, Sitp.

Y soluciones planteadas por el alcalde, Gustavo Petro, como el tranvía por la Séptima, la primera fase del Metro, e incluso las rutas de Transmilenio por la avenida 68 y la Boyacá no están a la vuelta de la esquina.

Solo queda esperar la evaluación que hará la Alcaldía de estos primeros tres meses, pero lo claro es que Bogotá necesita buscar nuevas ideas que vayan más allá del pico y placa para mejorar el tránsito y la oferta de transporte público, de tal forma que logre persuadir al dueño del carro particular.

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