La odisea de dejar el carro y subirse al bus

La odisea de dejar el carro y subirse al bus

Redacción Motor

07:11 p.m. 17 de abril del 2015

“Por los trancones, la agresividad en las calles y la falta de cultura ciudadana de conductores (particulares y de servicio público) peatones, motociclistas y ciclistas, tomé la decisión hace año y medio de dejar de usar mi carro en Bogotá de lunes a viernes. Descarté la bicicleta porque vivo a 20 kilómetros de mi trabajo; la moto por la accidentalidad y el clima.

Empecé por el bus urbano. En una ruta (la C-78) que va por la carrera séptima, la avenida 19 y la 68, me demoraba hora y 30 minutos en la mañana; en la tarde, casi dos horas.

Ensayé con el SITP. Fui a conocer los paraderos y las rutas. Busqué en Internet, duré un buen tiempo tratando de entender el sistema con sus confusas rutas de letras y números. Bajé una aplicación y arranqué. Me ‘servían’ la E44 y la 781. En ambos casos debía caminar diez cuadras hasta el paradero, primer problema. Luego esperar entre 25 y 30 minutos y más a que pasara un bus; tercero, mientras la ruta ‘vieja’ me llevaba a estrujones pero directo, las del Sitp le daban media vuelta a Bogotá. Tiempo de viaje: una hora 50 minutos. Adiós Sitp.

Transmilenio. Primero tuve que descartar el alimentador, pues cuando llegaba al paradero ya venía ‘full’. Opté por tomar un ‘bus viejo’ que me llevara hasta la estación del centro comercial Santafe, pues curiosamente y por decisión de algún ‘experto’ de Transmilenio, la ruta K16 no para en el Portal del Norte.

Esto fue hace año y medio, más o menos. En ese entonces vi con sorpresa cómo muchos de mis compañeros de trabajo habían dejado su carro en casa también. Estábamos felices hasta cuando el servicio empezó a dañarse como casi todo en Transmilenio.

Hoy, casi todos los días la ruta K16 puede tardar hasta 30 minutos sin que pase un articulado. En cambio, en ese lapso pueden pasar (este el desconsuelo más grande de un usuario) hasta diez buses ‘en tránsito’, cinco de la ruta L18, otros más de las rutas G11, F1 etc., pero de la K16 nada.

Ahora, no es solo el problema de la frecuencia. Cada articulado parece más bien un mercado de las pulgas: vendedores de todo tipo de alimentos y objetos, poetas, cuenteros, cantantes, a veces dúos y no me extrañaría que pronto tengamos mariachis.

De los robos y raponazos que he visto ni hablar. A pesar de todos los males, mis compañeros y yo seguimos en la K16. Solo pedimos que alguien de Transmilenio se ‘pellizque’, y al menos por cortesía con los usuarios, responda nuestras quejas. Porque si no, señores de la Alcaldía, ¿cómo quieren ustedes que la gente deje el carro en la casa? Y si la cosa continúa mal, pronto seremos 1-”.

Zona Comercial
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