El 'sobre-peso' de la gasolina: más de cinco impuestos, sujeta al petróleo y al dólar

Debe soportar una estructura de precios complicada, que arranca con una tarifa que se rige a partir del precio internacional del petróleo y dobles cobros por impuestos.

Redacción Motor

05:00 a.m. 19 de junio del 2009

Cuando no hay urgencia y sí dinero, hay gente que recorre la ciudad de extremo a extremo buscando entre las estaciones de servicio aquellas que ofrecen el galón de gasolina más barato. 

A más de uno se le agrava la miopía tratando de confirmar el precio que, inclusive, puede variar entre los diferentes puntos que atiende una misma marca, pues la diferencia puede llegar en algunos casos hasta los 600 pesos, que en este tema tan volátil se vuelve un ancla entre el bolsillo y justifica las vueltas de más y el estrabismo.

Para explicar un poco por qué se presenta esta diferencia que obliga a la afanosa búsqueda por un combustible más ajustado a la racionalidad y al bolsillo, hablamos con Edwin Bayona, asesor de Soldicom y Fendipetroleo, y con representantes de Fedisapetrol, quienes nos explicaron cómo se comporta la gasolina desde su nacimiento.

El inicio de la cadena
Si usted fuera a tanquear hoy y no tuviera que pagar ninguno de los tres impuestos que se le imponen actualmente (IVA, sobretasa y el global) tendría que sacar solo 4.400 pesos por cada galón de gasolina corriente. Esto quiere decir que por concepto de impuestos le están cobrando en la actualidad 2.600 pesos, que significan un 37 por ciento del valor final, sobre un precio promedio de 7.000 pesos, y un 59 por ciento si se tiene en cuenta la base. 

Eso si hablamos en el caso del galón de gasolina corriente, sin la mezcla de alcohol. Porque cuando se trata de 'biogasolina', el costo por impuestos 'sólo' llega a 2.320 pesos, tal y como dijo el gobierno, que se pagaría menos para incentivar su uso en todo el país. 

Sin embargo, en este punto no se entiende cómo -y mediante una resolución- se fijan dos precios de referencia diferentes sobre el que se realiza el cálculo del IVA (16 por ciento), pues para la gasolina que no va a tener alcohol, la base es de 3.517 pesos, mientras que si va a ser 'verde', se fija a 3.371, sin que nadie se explique cómo el mismo producto tiene un valor diferente en la boca del tubo de las refinerías.

Si se toma la base de 3.517, el IVA correspondería a 562 pesos; a este valor debe sumarse el impuesto global, único en el mundo, que se establece en febrero de cada año y que está en 740,43 pesos.

Por último está la sobretasa, que desde mayo del año pasado está congelada en 1.298 pesos, pero que el gobierno tiene la facultad de cambiar mensualmente: corresponde al 25 por ciento del valor promedio que haya tenido la gasolina en los últimos 6 a 12 meses.

La estación de servicio
Cuando se opera el surtidor de gasolina en la estación, la sobretasa termina siendo el 19 por ciento, el IVA el 8 y el global el 10 por ciento del valor final, por lo que el consumidor termina pagando un 37 por ciento del dinero de cada galón que entra a su carro, como carga tributaria.

Ahí comienza la historia porque sobre esas referencias es que se establece el precio y al mismo tiempo se le tiene que sumar el jalón del dólar para cada periodo, el comportamiento internacional del petróleo y el costo de los aditivos que le aplica cada marca a pedido en los centros de acopio (para Bogotá son Puente Aranda y Facatativa), además del valor por el transporte desde los poliductos, el cual para el caso de la capital viene desde Barrancabermeja.

Por eso, mientras una estación se encuentre más cerca de un centro de acopio, más económica resultará la gasolina que venda porque sus fletes por transporte son mucho más baratos. 

Un ejemplo claro se encuentra en la salida a Bogotá por la calle 80, en donde las estaciones antes del peaje venden el galón a 7.070 pesos y después del mismo a 6.900, pues estas últimas se surten de la estación de Facatativa.

Gasolina es la más gravada
Esta política refleja el estado general de cosas para los propietarios de vehículos particulares, a quienes se les impone la misión de sostener un gran flujo de caja para las diferentes entidades y, de paso, para el sostenimiento de la malla vial. 

Práctica injusta por cuanto, en caso contrario, el ACPM o diesel con el que se mueven los vehículos de carga y transporte público, que son negocios sobre ruedas, tienen una sobretasa de apenas el 6 por ciento sobre un precio de referencia, que a su vez es menor que el de la gasolina, y un impuesto global de apenas 490,74 pesos que se convierte en el 8,4 por ciento del valor final.

Eso sin mirar que los vehículos que lo usan generalmente son de gran tonelaje y tienen un impacto mayor sobre el asfalto, el cual recorren durante casi las 24 horas del día.

De hecho, en los países desarrollados es más caro este combustible y ello no afecta la canasta familiar, argumento usado en el país en repetidas ocasiones. Por eso, frente al carro particular que se usa durante unas tres horas al día y no todos los días a la semana, se refleja una inequidad gigantesca entre lo que paga su propietario y las restricciones que se le aplican.

De hecho, el número de barriles que se consumen de cada producto en el país muestra quiénes hacen más uso de las vías y también es un índice de los efectos de las medidas restrictivas como la norma de pico y placa.

Se consume más ACPM
En Colombia se demandan 67.560 barriles al mes de gasolina corriente, 3.475 de extra y 79.350 de ACPM. Las proyecciones para 2009, sin tener en cuenta un ambiente de crisis, estiman que la demanda de gasolina baje a 64.303 barriles, así como a 3.125 de extra, y en cambio, la de ACPM, suba a 80.050.

Incluso, en las cifras de los distribuidores minoristas está calcada la misma situación, ya que el nivel internacional de ventas de una estación está -en promedio- en 60 mil galones al mes, mientras que hoy se venden 40 mil galones en Bogotá. 

Y si se comprara esta situación con la que se vivía 10 años atrás, la caída ha sido del 60 por ciento porque en el 98 se vendían 100 mil galones. En este dramático descenso también han puesto su parte un menor ingreso de dinero para la gente y una mayor eficiencia de los automóviles.

Pero el ACPM no es el único combustible que tiene privilegios. En el caso del etanol, el Estado no le cargó ningún impuesto, luego desde su implantación se ha venido perdiendo, en la misma proporción, el ingreso que antes recogía la gasolina y un poco más si se tiene en cuenta que es casi dos veces más caro que la misma: un galón en la puerta de las refinería está a 6.547 pesos. 

Este precio resultaría elevadísimo si el proyecto de vender biogasolina con un 85 por ciento de alcohol se hace realidad a partir de 2012 y -sobre todo- porque no se ha hecho claridad sobre la óptica con la que se aplicaría una carga impositiva a este combustible. 

Con este panorama, en Bogotá, por ejemplo, los distribuidores minoristas, que son ante los que finalmente acude el consumidor, tienen que trabajar bajo un régimen de libertad vigilada de precios de una gasolina cargada de impuestos, que les permite un estrecho margen de ganancia.

Esta guerra de precios, favorable al consumidor por supuesto, se nota mucho más ahora, al ingresar en el sector de los distribuidores, los almacenes de grandes superficies como Carrefour, y en pocos días Éxito, que ofrecen el combustible en estaciones en las que el propio conductor se abastece de la gasolina después de pagar por ella, y con ello pueden ofrecerla casi 300 pesos por debajo al no tener personal en los surtidores y un mejor músculo financiero.

LA GASOLINA SE METE AL SUPERMERCADO
Desde hace unos años, los almacenes de grandes superficies han empezado a incorporar surtidores de gasolina dentro de sus áreas. Allí se consigue un combustible más barato porque, además del músculo de las empresas, establecen alianzas como en el caso del Éxito, con Terpel y Carrefour con distribuidores minoristas como Brio o Biomax, entre otros.

Además de un mejor precio por compra en volumen tienen la característica de ser estaciones de autoabastecimiento con lo que se reducen los costos de operación. Actualmente, Carrefour tiene unas 18 estaciones y Éxito abrirá una en su sede de Colina Campestre de Bogotá y otra en las próximas semanas.

Por esta clase de competencias, los distribuidores minoristas tendrán que acomodarse a este mismo esquema, aunque aseguran que defienden el funcionamiento actual con personal porque está en juego el empleo de cientos de personas que laboran en las más de 4.200 estaciones de servicio que tienen.

LOS EFECTOS DEL PICO Y PLACA

  1. La ampliación de esta medida en Bogotá ha ocasionado una disminución del 18 por ciento en el consumo de combustibles
  2. 100 personas que laboraban en estaciones de servicio perdieron su empleo según los reporte de finales de mayo.
  3. Los servicios relacionados con estos negocios también cayeron un 30 por ciento.
  4. La temprana llegada de la biogasolina a Chocó y Antioquia a partir del primero de junio, cuando las proyecciones la estimaban para septiembre. Esto se dio como resultado de la disminución en el consumo de gasolina en Bogotá y le permitió a los ingenios azucareros disponer de un excedente para abastecer estas zonas antes de tiempo.

BREVE HISTORIA DE LOS IMPUESTOS

  • IVA: es el 16 por ciento del precio de referencia que fija el Estado. Para el caso de la gasolina corriente, está en 3.515,25 pesos, 562,44 pesos del galón se destinan a este rubro.
  • Global: se impuso en el año 95, al reunir bajo uno solo cuatro diferentes impuestos. A través de él se cobra el porcentaje para la descentralización de las transferencias, otro correspondiente al consumo de combustible, el subsidio de la gasolina y, por último, el impuesto a la gasolina y al ACPM. Solo en Colombia se conoce este impuesto y va directo al Gobierno Nacional, aunque éste no tenga discriminado cuánto se ha recaudado y dónde está esa plata.
  • Sobretasa: es el 25 por ciento del valor de referencia que el Ministerio de Minas le da a la gasolina (corriente, a 5.191,65) y que se toma con respecto a la fluctuación de precios en los últimos seis meses. Puede variar cada mes y actualmente está congelado en 1.297,91 pesos por galón. Este dinero va a los municipios.

LOS REGÍMENES DE LA GASOLINA
Hace 10 años, el Gobierno Nacional tuvo a bien tener dos regímenes de precios: uno de libertad vigilada y otro de libertad regulada. 

El primero rige en las capitales de departamentos y sus municipios circunvecinos. En este caso, el gobierno establece un margen de ganancia sobre el combustible y cada distribuidor minorista puede poner sobre ese, su precio diferencial, dependiendo de los competidores y los costos de eficiencia de estación de servicio. El margen de ganancia es del 5 por ciento.

La libertad regulada rige para las demás ciudades y municipios. El Ministerio define el precio final, que depende del costo del transporte por poliductos y desde las plantas de abasto hacia las estaciones. 

En cada municipio existe una comisión que establece el costo del flete. Por ejemplo, en lugares de Chocó, hay galones a 18 mil pesos y en Leticia a 12 mil pesos. 

En zonas de frontera, el Gobierno fija precios especiales con los cuales pierde parte de los tributos para que la gente pueda acceder al producto, teniendo en cuenta que en casi todos estos sectores se encuentra gasolina extranjera a un menor precio. 

GIOVANNI AVENDAÑO M.
REDACCIÓN REVISTA MOTOR

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