Pruebas de Cesvi sobre el efecto del alcohol en conductores

Siete voluntarios atendieron el llamado de este centro de experimentación y ayudaron a comprender por qué es tan difícil controlar un vehículo con tragos.

Redacción Motor

04:31 p.m. 04 de noviembre del 2011

Nada qué hacer: por más que la legislación colombiana permita un máximo de 40 miligramos de alcohol por cada 100 mililitros de sangre para conducir sin que medie penalización, las pruebas científicas demuestran que, aun con ese nivel mínimo de tragos, el rumbero puede convertirse fácilmente en un peligro al volante.

Es la conclusión de la jornada 'Influencia del alcohol sobre la conducción' organizada el pasado 27 de octubre en el Autódromo de Tocancipá por el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi Colombia). Allí se sometieron a siete voluntarios, de ambos sexos y diversas edades, a diversas dosis de alcohol.

Las pruebas iniciaron temprano en la mañana con un desayuno 'trancado' y sin más tráfico que una serie conos colocados estratégicamente a lo largo de una pista de 170 metros de longitud trazada por los organizadores. La orden: beber, descansar y manejar; tomar más, descansar y arrancar de nuevo; más trago, reposo y al volante.

Fueron en total cinco pruebas con igual número de niveles de alcohol en la sangre, con las que Cesvi, la Policía Nacional y Medicina Legal indagaron qué es exactamente lo que hace y deja de hacer una persona desde el punto de vista físico y sicológico cuando mezcla alcohol y gasolina, aun en condiciones ideales como las que les proporcionaron ese día (buen clima, reposo absoluto y estómago lleno).

"No es lo mismo estar aquí, que salir a mitad de la noche, con el cansancio acumulado del día, vehículos y peatones en la calle y semáforos en cada esquina -admitieron los organizadores del experimento-. Aquí estamos poniendo a prueba cuatro decisiones diferentes (postura en la cabina, aceleración, slalom y frenado), pero en la calle, un conductor se enfrenta a un promedio de 15 puntos de atención".

Lo primero que se indagó fue la manera de sentarse al volante, es decir, la distancia del timón, la postura en la silla, la inclinación del espaldar y si se colocaban instintivamente el cinturón de seguridad. Esta rutina se repitió cada vez que los participantes ingresaban al vehículo para arrancar de nuevo y naturalmente mostró, 'de entrada', que el nivel de atención es el primer gran damnificado del alcohol.

Aprendizajes, mediciones y hasta maluqueras y lloriqueos fueron el resultado de esta jornada con que se demostró, por 'enésima' vez, que tomar antes de conducir no es una decisión inteligente. Para la muestra, cifras, muchas cifras.

Cronograma del evento
Cesvi convocó voluntarios a través de su página Web y las redes sociales.
Se eligieron cuatro conductores entre 20 y 40 años (dos mujeres y tres hombres), un piloto experimentado (Jorge Cortés) y un hombre que ronda los 60 años.
Tomaron el mismo desayuno a las 8:00 a.m., se verificó su estado médico y arrancó la prueba sin ingesta de alcohol.
Superada el primer ciclo, los participantes ingirieron tres cervezas en media hora, esperaron 15 minutos sentados en el paddock del autódromo, con música tropical sonando, y realizaron su segunda prueba.
La tercera ronda  arrancó luego de tres aguardientes o rones y 15 minutos de descanso, y de igual forma -y con la misma dosis de alcohol- se procedió con las pruebas cuatro y cinco. 

El papel de Medicinal Legal y la Policía
Un experto forense del Instituto de Medicina Legal fueron los encargados de medir el alcohol en sangre y realizar un chequeo médico general entre una ronda y otra. En la Prueba 2 (tres cervezas) ya se había llegado al límite permitido por la ley.
Por su parte, el comandante de la Policía de Tránsito de la zona norte de Cundinamarca, Hebert Celis, les realizó una serie de test de motricidad a los participantes, como caminar sobre una línea, formar el '4', acercar y alejar un esfero de la nariz y repetir frases. En la Prueba 5, ya todos tenían dificultad para coordinar y hablar.
Mientras tanto, instructores de Cesvi Colombia acompañaban a los pilotos en cada prueba para determinar sus habilidades al volante. Las fallas arrancaron en la tercera ronda.

No vale engañar la medición
Quince minutos después de la última medición, se les dio a cada participante un 'engaña alcoholímetro' diferente para medir si son eficientes frente a los retenes de la policía.
Uno ingirió dulces mentolados, otro comió pan, otro escogió un tinto cargado, el siguiente prefirió los chicles y dos más se cepillaron los dientes y utilizaron enjuague bucal, respectivamente. No sólo no bajaron la medición en el alcoholímetro de la Policía, sino lo subieron en un 34 por ciento, en promedio.
Incluso, una de las participantes no pudo realizar la última prueba, pues el nivel en sangre obtenido con los tres primeros aguardientes la 'noqueó'.

La prueba de conducción
Sobre un trazado de 170 metros, los voluntarios debían realizar un slalom a lo largo de 100 metros, pasar luego por un corredor de conos y finalizar en una zona de frenado. Al final de la mañana no había cono que quedara en pie.

Lo que se vio
La habilidad para conducir disminuyó un 17 por ciento, luego de cuatro horas de pruebas cortas. Ese porcentaje se multiplica si se conduce de noche, con cansancio y a lo largo de varias cuadras.
La personalidad cambia con el paso de las horas y el efecto de los tragos, y el nivel de percepción de la realidad disminuye.
Los reflejos y la motricidad son grandes ausentes al cabo de varios tragos: disminuyeron un 61 por ciento al final de la mañana.
No todos reaccionan igual frente la bebida.
Comer bien no es un antídoto frente al exceso de alcohol, pues el trago se queda en los pulmones y sigue afectando el cuerpo con el paso de las horas.

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