El puente de Cajamarca, un verdadero 'héroe nacional'

Fue construido en 1957 y entró en operación dos años después. Durante más de cincuenta años su estructura ha soportado, sin exageraciones, la economía del país.

Redacción Motor

08:29 p.m. 18 de enero del 2011

Centenas de pesadas tractomulas y camiones lo cruzan a diario. Por allí se mueve gran parte de la carga o del 95 por ciento de las mercancías que llegan y salen por el puerto de Buenaventura. También el transporte de pasajeros y el turismo que van hacia el Eje Cafetero, el Valle del Cauca y el sur del país.

Se trata del viejo puente de Cajamarca, esa colosal estructura amarilla que une al centro con el occidente del país y que por sus servicios prestados debería ser 'jubilado' y declarado monumento nacional. Sin embargo, el viejo puente se niega a dejar de trabajar. Y mejor aún, aguanta con estoicismo y resignación los constantes 'mantenimientos' o remiendos que obligan a que el transporte de carga y pasajeros deba esperar media hora para poder cruzar en un solo sentido hacia Armenia o Ibagué.

¿Y si los cimientos del cincuentenario puente se negaran a seguir firmes en sus bases? Gravísimo. En marzo del 2008 el INVÍAS anunció que se construiría un nuevo puente que estaría al lado izquierdo de la actual estructura en el sentido Ibagué - Cajamarca. Pero todo indica que al viejo puente amarillo le tocará seguir trabajando por un largo tiempo más, pues de las obras que se dijo empezarían en el 2009 no hay ni rastro, pese a que expertos del INVÍAS conceptuaron, a través de un estudio, que el puente muestra deterioro de la estructura por su antigüedad y por el alto flujo de vehículos. Por este viaducto pasan diariamente, en promedio, cinco mil vehículos, la mayoría de carga (57 por ciento);  automóviles (32 por ciento) y de pasajeros (11 por ciento).

Hicimos parte en esta temporada de vacaciones de la oleada de viajeros que se dirigió al Eje Cafetero y el Valle del Cauca. Un delicioso paseo para los turistas y mucho más para quienes somos oriundos de esta parte del país y que llevamos años recorriendo esta carretera. No es nuevo para nosotros. Hace 20 años viajar entre Buga y Bogotá nos tomaba 12 horas. En este viaje invertimos 11 horas, tres de ellas al paso de pesadas tractomulas y maravillados de ver las acrobacias que hacen sus conductores para meter sus remolques en esas cerradas curvas. Otra hora entre Ibagué y la nueva doble calzada. Y otras cuatro entre Melgar y Bogotá.

No obstante, nos deleitamos en la larga espera de media hora en el puente de Cajamarca con el café que venden a la orilla de la carretera, pero nos cayó muy mal otra espera de más de cinco kilómetros para pagar el peaje. Ahí es cuando varios conductores nos preguntamos ¿qué hacen con la plata del peaje? O peor aún, ¿para qué cobrar peaje en una vía llena de remiendos y de pasos inseguros? ¿Por qué no cobran el peaje en el trancón del puente, sabiendo que de todas maneras nadie puede zafarse del pago pues una ruta única?

Y otro punto que nos llamó la atención fue el papel de la Policía de Carreteras. En el tramo entre Calarcá y el Alto de La Línea es muy difícil hacer un sobrepaso. Casi toda la carretera tiene doble línea amarilla, pero hay lugares en donde se puede adelantarse sin peligro. Pero es justo ahí en dónde están los agentes listos a poner la multa.

Finalmente, para no amargarnos el paseo, preferimos disfrutar del paisaje, del café, de la hermosa estructura del puente de Cajamarca, y lo mejor, que al paso que vamos, tendremos la oportunidad de cruzarlo durante muchas veces más pues su reemplazo está en pañales.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.