La realización de cursos pedagógicos y pago de las multas, toda una odisea. Crónica

Como las Matrioskas rusas, tienen una sorpresa contenida dentro de otra sorpresa. En una plácida tarde de domingo hace dos semanas cometí una infracción mientras circulaba por la Autopista Norte.

Redacción Motor

05:38 a.m. 19 de septiembre del 2014

Giovanni Avendaño
Editor de Motor.com.co

Aceptada la culpa y una vez firmado el comparendo le pregunté al agente cuántos días hábiles tenía para realizar el curso pedagógico y así poder rebajar el costo de la infracción.

Tiene cinco días hábiles para la rebaja del 50 por ciento, me respondió, pero no dijo más.

La multa, tasada en más de 308 mil pesos, obligaba a hacer el curso e inmediatamente empecé a organizar mi agenda desde ese día para realizar este trámite. Así, lo primero que hice el lunes fue llamar al 195, línea de la Secretaría de Movilidad, en donde en otro tiempo brindaban información sobre los sitios y los horarios para realizar estas clases pedagógicas.

Sin embargo la llamada no rindió frutos porque al otro lado del auricular me respondieron que ese tema ya no era con ellos, así a ‘palo seco’ y sin derecho a réplica, y entonces no supe qué hacer porque hace algunos años acudí al SuperCade de movilidad de la cra 38 para hacer la misma diligencia.

Entonces recordé que hace un tiempo alguien me había dicho que en el Terminal de Transporte se podían realizar estos cursos y para no repetir la sesión telefónica busqué los datos por internet.

Efectivamente me apareció una empresa denominada Ciatran S.A. con sede en el módulo amarillo del Terminal, la más cercana a mi sitio de trabajo, a la que podía acudir para hacer el curso.

Cuando llegué me encontré con un gigantesco SIMIT y me acerqué a preguntar. Pues ahí no era, pero me hicieron un lindo ‘recorderis’: me preguntaron que si ya había averiguado si el agente había cargado al sistema el comparendo.

Hubiera llamado antes de venir, me dijo la encargada.

Y sí, tenía toda la razón. Como la infracción la cometí el domingo y apenas era lunes por la tarde, aún no la habían ‘subido’. Perdí el viaje.

Al otro día, a primera hora llamé al CIATRAN a comprobar, pero nada. En la tarde volví a marcar y por fin tuve una respuesta positiva, aunque ya era demasiado tarde. Me tocó esperar al miércoles para poder acudir a la tal clase.

Cuando llegué, de nuevo al módulo amarillo, los del SIMIT me indicaron que el curso se pagaba y realizaba en el segundo piso, muy cerca de su sede. Seguí las indicaciones y afortunadamente llevaba todos los papeles, pues me pidieron el comparendo, para volver a revisar si estaba en el sistema, la licencia de conducción y la cédula.

En el punto de atención de al lado llegó una señora indignada. Ella, como yo, pensó en los Cade para asistir a la clase; pero no llamó, fue. Y perdió el viaje, pues comprobó lo mismo que me dijeron, que allí ya no los hacían y que de los cursos se encargaban ahora los CIATRAN (Centros Integrales de Atención del Transporte).

¿Y el cambio cuándo fue?, me atreví a preguntar. La funcionaria que me atendía respondió sin mirar que desde el pasado 21 de agosto estaba funcionando así. ‘Falta información para el usuario’ volvió a protestar la señora. Mentalmente concordé con ella.

Mientras tanto me devolvieron mis documentos, me expidieron dos recibos, uno para pagar el comparendo y otro para pagar el curso y me acerqué a la caja.

Cuando fui a pagar me llevé otra sorpresa más. En tiempos de bosones, neutrinos, microchips, alta velocidad, nubes cargadas de datos y bombardeos de redes electrónicas por cada centímetro cuadrado, la Secretaría de Movilidad de Bogotá está desconectada del mundo del dinero plástico. No hay forma diferente a pagar el comparendo en estos puntos si no es con efectivo. Menos mal contaba con ese dinero o hubiera tenido que hacer otra vuelta más.

El curso sí se podía pagar con tarjeta pero este vale apenas 38.500, por lo cual decidí pagar todo con la misma moneda corriente. Con los sellos ya instalados en los papeles me llevaron para una respectiva fotografía y luego a esperar en una sala a que llegaran las demás personas que iban a entrar conmigo al curso.

En toda la gestión me demoré unos 15 minutos, por lo que la recomendación que dan es totalmente válida: uno debe llegar media hora antes para no perder los cursos que se dictan cada hora desde las 7 de la mañana y hasta las 6 de la tarde, con una última entrada al salón a las 4 pm. Llegar sobre la hora es arriesgarse a repetir la vuelta al otro día.

Y ahí estuve sentado unos 5 minutos pensando en cuántos de los desprevenidos conductores cuyos caminos los conduzcan en las próximas semanas a la Séptima y su nuevo orden se verán no sólo afectados por un comparendo sino a asistir a este rosario de etapas e informaciones para amortizar la multa.

En esas estaba cuando de pronto un señor de chaleco amarillo nos condujo a un salón para recibir una clase de dos horas en la que obligan a desconectarse del mundo, y de los celulares, para hacer conciencia sobre las infracciones que cometemos con y sin culpa.

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