La rebeldía de las cantaoras tradicionales

"La música tradicional ya no puede ser la Cenicienta del folclor colombiano. Hay que asumirla, de hecho, como nuestra música clásica". Con esa convicción y la necesidad de que se conozcan los saberes que hay tras las tamboras del Caribe, el son negro, el bullerengue, los alabaos y los arrullos del Pacífico, habla la cantaora tradicional Martina Camargo.

Redacción Motor

05:00 a.m. 17 de mayo del 2012

Conocida como 'La Voz de la Tambora', Camargo es una de las tres mujeres que, durante esta semana, ponen a escuchar a los bogotanos la música tradicional en el II Encuentro de Cantaoras, Alma de un Pueblo, que organiza la Fundación Río al Sur. No solo están en colegios y universidades tocando y cantando, sino que hablan con jóvenes y niños sobre las historias que dieron origen a sus cantos, sus saberes medicinales, gastronómicos y otras tradiciones raizales. Todo, en el marco del mes de la Herencia africana y el proyecto que desarrolla la Fundación para que se difunda y valore la música tradicional. El cierre del encuentro, en el que participan también las cantaoras Aurora Casierra, Segunda Casierra y la invitada de Haití Clemence Leménicer, será un concierto en el bar Afroglam, junto al grupo Sóyame la Marimba. El encuentro es también un pretexto para mostrar un trabajo que vienen haciendo con 50 cantaoras en todo el país, muchas de las cuales comparten una realidad: la música tradicional ha sido su forma de resistencia a la violencia. "Alma del pueblo es justamente porque las cantaoras hemos entregado toda la vida y hemos sido tocadas por la violencia de alguna manera, hemos sido mujeres desplazadas en muchos casos", dice Camargo, considerada una de las mujeres con mayor trayectoria en la música de tambora del Caribe colombiano. En su pueblo, San Martín de Loba (Bolívar), no solo se vivieron tres tomas de la guerrilla, sino que estuvieron patrullados durante años por los paramilitares y a pesar de eso -dice Martina- "no dejaron de tocar el tambor alegre". Se resistieron a dejar de hacerlo. La historia de Aurora es similar. Le huyó a la muerte en Tumaco y llegó desplazada con sus hijos al barrio El Oasis, en límites entre Bogotá y Soacha. Ahora, les enseña a los niños desplazados de este barrio las tradiciones afro que muchos de ellos perdieron con el desplazamiento. Su determinación es demostrar también que no se trata de mujeres analfabetas. "Que muchas no sepan leer o escribir no quiere decir que no transmitan conocimientos. Las cantaoras somos unas intelectuales de los saberes ancestrales", dice Martina y explica la diferencia entre una cantante y una cantaora, que es uno de los temas que abordan en los talleres. "Una cantaora tiene raíces ancestrales, aprendió su música de forma oral, sin academia y no persigue el afán de convertirse en una estrella", explica la autora del libro Canto y juego al ritmo de la tambora. Y Tito Medina, director de la Fundación Río al Sur, le complementa que "en esencia, una cantaora es una rebelde". La programación de 'Alma de un pueblo' Las cantaoras han realizado talleres y conciertos en los comedores comunitarios de Caminos de Esperanza, La Aguadita y Lisboa, de la localidad de Suba. Hoy lo harán también en el auditorio de The English School (Calle 170 No. 15-68), a las 9:40 a.m., con entrada gratuita. Y mañana, desde las 8 p.m., en el bar Afroglam, en el quinto piso del centro comercial El Retiro (calle 81 No. 11-94), se realizará el concierto de cierre del II Encuentro de Cantaoras. Martina Camargo, Aurora y Segunda Casierra, además de la agrupación Sóyame la Marimba, estarán en tarima, junto a otros invitados como Diana Tovar y Liliana y Angélica Belmonte, y el DJ Nicolás Moreno. Boleta: $30.000. Informes: 317- 371 4095. LOPJUA

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