¿Réquiem por la caja manual?

De mecánica a automática, de automática a 'secuencial', es uno de los mecanismos de los vehículos con mayor evolución. La palanca de marras tiende a desaparecer.

Redacción Motor

05:04 a.m. 08 de julio del 2011

La última generación de cajas de velocidades está desplazando lentamente a la manual. En ambas versiones, la misión de este componente es aplicar el 'par motor' (la fuerza que ejerce un motor sobre el eje de transmisión de potencia) para lograr que el vehículo se mueva de manera eficiente en cualquier condición de terreno y tenga su velocidad variable.
 
Desde sus comienzos, y hasta hoy, existen varios tipos de cajas, desde las más sencillas y armadas con engranajes, mangueras, varillas, cojinetes... hasta las automáticas con opción manual, conocidas como 'secuenciales' y que aparecen con la inclusión de la electrónica en los vehículos.
 
La transmisión manual nació con el vehículo y desde entonces ha sido incapaz de alterar la relación de cambios por sí misma, es decir, necesita la intervención del conductor, quien a su vez debe acudir al embrague o 'clutch' para transmitir o interrumpir el par motor hacia las ruedas con el fin de que 'entre' el cambio y le permita al vehículo circular a un buen régimen de revoluciones por minuto, sin perder potencia.
 
A diferencia de ésta, la caja automática 'decide', sin la intervención del conductor, cuándo el vehículo está en su mejor relación para pasar de una velocidad a otra y calcula ese momento exacto teniendo en cuenta variables como la potencia del motor o la velocidad en la que circula. Además, no requiere el uso del embrague para arrancar o pasar las marchas.
 
Las cajas automáticas básicas logran cambiar de velocidades mediante dispositivos electro-hidráulicos que se accionan teniendo en cuenta las variables descritas arriba y su relación o paso de una a otra es más lenta. Tan solo contemplan tres cambios hacia delante, lo cual las hace mucho más ineficientes que las actuales, de cinco, seis, siete y hasta ocho marchas.
 
En contraste, el comportamiento de las cajas automáticas de última generación lo decide un calculador electrónico o 'computador', cuyo mapeo lo realiza previamente la fábrica teniendo en cuenta un sinnúmero de variables del motor, como tamaño, consumo, torque, potencia, etc.

Esto le permite acciones antes inimaginables, como pasar de modo de conducción automático a manual o 'leer' la manera como el conductor maneja el vehículo para ajustarse a él. Igualmente, el embrague lo acciona de manera autónoma cuando lo usan. O bien, el deslizamiento o enganche de las revoluciones del motor con los engranajes se hace mediante un convertidor de torque, situado a la salida del motor en el sitio en donde iría el clutch convencional.

Por todo esto no es apresurado decir que, así como la caja automática había alejado a los conductores del placer de manejar el vehículo a su gusto, las 'secuenciales' lo volvieron a acercar a la caja manual, aunque sujeto a estrictos controles electrónicos pues, a diferencia de aquella, esta no le permite 'brincarse' los cambios sino hacerlos en estricto orden o secuencia (eso sí, el nombre 'secuencial' no explica su modernidad ya que todas las cajas automáticas lo han sido desde hace más de un siglo).
 
Esto significaría también que la caja manual de marras estaría 'in articulo mortis', toda vez que la automática secuencial permite conducir relajado en la ciudad, sin preocuparse por 'meter cambios', y a su vez lo hace sentir al mando de nuevo cuando recurre al modo secuencial. Seguramente su cada vez mayor aplicación en los autos de serie comenzará a bajar los costos de producción y será cada vez más popular. 
 
El diferencial
Este accesorio reparte el movimiento y fuerza a los ejes propulsores del vehículo. Cuando va incorporado dentro de la caja de velocidades, el vehículo es de tracción delantera y si fue armado de manera independiente en el eje posterior, ya no hay tracción sino empuje.

El diferencial es necesario por cuanto, en la curvas, las ruedas de un mismo eje recorren distancias diferentes y se requiere de este aparato que les da un giro diferencial. 
 
Cajas inteligentes
Por tratarse de un sistema electrónico, las cajas automáticas de última generación son capaces de 'leer' el comportamiento del conductor y ajustarse a su régimen de manejo. De ahí que dos vehículos de la misma marca y con la mismas características mecánicas pueden tener comportamientos distintos de acuerdo a cómo han sido conducidos.
 
No pierden pique
Las cajas automáticas reaccionan ante la presión del acelerador cuando sienten que el conductor requiere más potencia: si por ejemplo, va circulando en cuarta velocidad y el acelerador se acciona rápidamente, baja a tercera con el fin de darle más potencia al motor.

Con la electrónica actual y el embrague incorporado, esta reacción puede ser más veloz que en la caja manual. Si es de convertidor de torque, será más lenta su acción.

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