Al rescate de la limosina del General

El vehículo, de cuatro puertas y tres toneladas de peso está en manos de Donaldi Vanegas, restaurador del Museo del Transporte de Palmira.

Redacción Motor

05:00 a.m. 19 de diciembre del 2008

JUAN BAUTISTA DÍAZ
ESPECIAL PARA EL TIEMPO 

CALI
El último atentado que debió sortear la limosina negra blindada, y que llevó al general Gustavo Rojas Pinilla en su último año en el poder, fue el que le hicieron los muchachos de la finca donde se encontraba abandonada, al utilizarla para hacer tiro al blanco y probar su blindaje.

No fue el único, porque ese Cadillac 1955, Sedan Imperial, ha salido de más de un trance en su recorrido por la historia colombiana.

Hoy, esta limosina se encuentra en los talleres del museo a la espera de un doliente que la adopte y la ayude a recuperase de los años de abandono por los que ha pasado. En este proceso se encuentra el restaurador Donaldi Vanegas; ya el chasis se ha recuperado y el motor se esta poniendo a punto.

Así es
Es un carro cuatro puertas para ocho pasajeros y de la más alta gama, fabricado por la General Motors. Trae de fábrica un vidrio divisor del compartimiento de pasajeros, aire acondicionado central con ductos en el techo, vidrio de seguridad 'E-Z-Eye' y transmisión 'hidra-matic', con rango del eje trasero de 3.36:1.

Su peso era de 5.113 libras (2.319 kilogramos) y se vendió en la época en  6.402 dólares. Ese año (1955) solo salieron 841, unidades fabricadas por Cadillac, de los cuales solo cuatro fueron modificadas por el carrocero Fleetwood como autos presidenciales, con blindaje y vidrios antibala.

El motores es un V8 de 331 pulgadas cúbicas (5.424 c.c.), que desarrolla  250 caballos de potencia a 4.500 rpm. El bloque del motor es de hierro fundido, con levanta-válvulas hidráulico, carburador Carter o Rochester de cuatro bocas y  sistema de escape doble.  Posee caja de 5 velocidades.

El general Gustavo Rojas Pinilla tuvo varios autos presidenciales. Se sabe de otra limosina presidencial que está muy bien preservada en Bogotá y que perteneció al general.

El último acto al que asistió esta limosina, con el general Rojas Pinilla en su interior, fue en la plaza de toros de la Santa María en Bogotá, en 1957, poco antes de su salida de la Presidencia. Allí fue abucheada por la multitud y salió de la vida pública de manera silenciosa.

Un carro sobreviviente
En ese entonces, pertenecía a la República de Colombia y fue a dar a una finca en Fusagasuga. Allí, su kilometraje se detuvo, pero nada pudo hacer frente a las pruebas de blindaje que hacían los jóvenes de la época: en su negra y brillante carrocería quedaron las huellas de los tiros.

La prueba que no superó fue la del tiempo, que logró envejecerla por completo;  casi veinte años después fue rescatada por Carlos Campuzano, que la llevo a una bodega en Rosales (Cundinamarca), con la intención de restaurarla, pero al enterarse de la existencia del museo nacional del transporte en Cali, decidió donarla.

En un sitio de colección en Taipei reposa una limosina igual del general Chang Kai Chek, presidente histórico de Taiwán, con vidrios anti-bala faceteados, parabrisas frontal y casi tres toneladas de peso. Así quedaría la limosina del general, hoy en el Museo de Transporte en Palmira.

RESTAURACIÓN BUSCA PADRINOS
La limosina del General Rojas Pinilla encuentra en el Museo del Transporte en Palmira ya le restauraron el chasis y el motor está casi listo.
El blindaje es parte del trabajo que realiza Donaldi Vanegas, un restaurador con amplia experiencia.
El carro tiene elevavidrios eléctricos y será necesario ajustarle su motor para el debido funcionamiento.
Un vehículo similar fue adquirido para disponer de algunas partes y facilitar el acondicionamiento.
Se requieren llantas especiales, que han sido solicitadas a la matriz de General Motors.
La restauración avanza, pero se requiere ampliar el presupuesto para atender los trabajos. Se busca un padrino o alguien que lo adopte para completar la restauración.

AUTOS HISTÓRICOS
Cuatro automóviles presidenciales modificados por Fleetwood (carroceros de Estados Unidos dedicados al acondicionamiento cuando salen de fábrica) fueron destinados para igual número de dictadores latinoamericanos de los años 50.

Ellos fueron: el presidente de Portugal, Antonio de Oliveira Salazar; el de República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo; el de Venezuela, Marcos Pérez Jiménez y el presidente de Colombia, Gustavo Rojas Pinilla.

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