Los sábados no hay suficientes policías de tránsito en Bogotá para ayudar con la movilidad de la ciudad

Más de 60 frentes de obra, calzadas desbordadas de vehículos y choques simples a diestra y siniestra forman parte del paisaje sabatino de la ciudad.

Redacción Motor

05:00 a.m. 29 de agosto del 2008

¿Aumentar la red vial de Bogotá? Puede ser. ¿Acabar con algunos cruces semaforizados? Funciona para mí. ¿Extender el pico y placa a los fines de semana? Buena idea. ¿Aplicar el contraflujo en avenidas neurálgicas? Quién quita. ¿Todas las anteriores? Quizás. ¿Ninguna de las anteriores? Me suena.

Ya no hay propuesta vial que los bogotanos no hayan lanzado al aire durante almuerzos, onces, ¿tés canasta¿ y chimeneas a los que no han podido llegar cumplidos por culpa del tráfico de los sábados, que ya se hizo insoportable para ellos.

¿¡Qué tal el trancón de la séptima!¿ ¿¿Si vieron el muerto en la Caracas?¿ ¿El cruce de la 100 con Suba estaba sin semáforo, ¡y ni un policía!¿ ¿Un huevón me estrelló viniendo para acá¿¿, son frases comunes en cada encuentro de amigos. Pareciera que a las autoridades les quedó grande Bogotá, mientras a sus habitantes les está quedando chiquita.

Pero, contrario a lo que sucede con la infraestructura vial capitalina, el problema del tráfico los sábados sí tiene mucho de largo y de ancho y depende no solo de la gestión de las autoridades, sino de otros factores, como los frentes de obra en las principales avenidas, la escasez de uniformados y el mal comportamiento de conductores y peatones.

La policía no alcanza
Bogotá cuenta con 15 mil kilómetros de vías, más de 52 mil cruces, 10 mil semáforos y un sinnúmero de puentes peatonales que, en muchas zonas, se han convertido en un monumento al peatón caído.

A diferencia de un día ¿normal¿, esa red vial es utilizada en su totalidad cada sábado, y hasta desbordada por motos, carros, taxis, buses y camiones, cuyos ocupantes aprovechan el día de asueto para salir de compras con sus familias.

¿Nosotros cambiamos hace un mes los horarios de descanso de los uniformados ¿confiesa el coronel Omar González, comandante de la Policía Metropolitana de Tránsito de Bogotá-. A pesar de ello, en cada turno tenemos tan solo 460 de los 1.213 policías con los que cuenta la entidad, que deben cubrir todos los frentes de la ciudad¿.

Esos frentes incluyen el manejo del tráfico, pero también la asistencia de los 50 choques simples reportados cada sábado en los diferentes rincones de Bogotá, algunos de los cuales traen consigo lesionados y muertos e implican para el uniformado que los atiende entre una y tres horas de su tiempo, de acuerdo con la gravedad del hecho.

Otro porcentaje de patrulleros va al centro de control de la entidad, unos cuantos al Nuse (123), algunos son remitidos a las unidades móviles y varios otros a la unidad de servicios especiales de la entidad.

Finalmente, cabe decir que el plan retorno, abordado, cifrado y reanalizado por los medios de comunicación cada vez que llega un puente festivo, es ¿pan de cada sábado¿ para las autoridades capitalinas, al menos en la autopista Norte, una de las vías más críticas de la ciudad.

Obras son dolores
Otro factor que tiene colapsada la ciudad son las obras realizadas en las diferentes vías y que hoy son fuente interminable de dolores de cabeza para quienes salen a pasear los sábados.

En desarrollo de la campaña ¿Armando Calle y el reparche¿, la Alcaldía Mayor está invirtiendo más de 900 mil millones de pesos en el mejoramiento de la malla vial capitalina, a través de 200 frentes de obra distribuidos en las diferentes las localidades, varios de los cuales están ubicados en los principales corredores.

Parchar implica abrir troneras, cerrar calzadas, trabajar de día y de noche, alterar temporalmente la movilidad normal de la ciudad y poner en riesgo permanente la integridad de conductores y peatones que no acatan las recomendaciones de las autoridades.

Pero había que hacerlo: Bogotá los sábados no solo aguanta un carro más; tampoco resiste más huecos, grandes causantes de represamientos y de numerosos choques simples.

Vías como la Autopista Norte, la Calle 13, la Avenida Boyacá, la Autopista Sur, la Carrera 7 y la Caracas son blanco de nuestros émulo de Bob el  constructor, quien durante varios sábados más¿ ¡muchos sábados más!... pondrá a prueba la paciencia de los policías de tránsito y los nervios de los bogotanos, aún de los más ¿cachacos¿.

¿Y, los conductores?
Según estadísticas del Fondo de Prevención Vial, dos de cada 10 conductores que se toman las vías de la ciudad han pasado por una escuela de conducción. Los demás han aprendido  a las carreras.

¿Esto significa, para nosotros, tener que estar con los ojos bien abiertos, pues el 90 por ciento de quienes manejan por Bogotá son potenciales contraventores de las normas de tránsito¿, aclara el coronel González.

Para el comandante, parte importante del trancón es la falta de conciencia de los ciudadanos, que prefieren tomar su carro para andar unas pocas cuadras y tratan de hacerle la trampa a la señal de tránsito para eludir el taponamiento.

Por si fuera poco, muchos de los vehículos (se calcula que el 34 por ciento) ni siquiera pagan impuestos de la ciudad, pues están matriculados por fuera de ella, de ahí que el Concejo de Bogotá esté estudiando la posibilidad de exonerar del pago de impuestos el año entrante a aquellos ¿foráneos¿ que se matriculen este año en Bogotá.

Como puede ver, por ahora no valen atajos, ni calles de barrio, ni rifirrafes con la policía, ni insistir en que ¿primero yo, segundo yo, tercero yo y lo que quede para mí¿.

Si quiere vivir y dejar vivir, confórmese con que primero las normas de tránsito, segundo la paciencia, tercero Armando Calle y lo que quede de usted, para descansar el domingo.  

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.