Así sobrevive un carro en Colombia con calles en mal estado y llenas de huecos

Además, 'policías acostados', señalización deficiente, el clima y las fuertes congestiones son, entre otras, las principales causas por las cuales se acorta la vida de los vehículos en nuestro país.

Redacción Motor

05:41 a.m. 17 de octubre del 2014

La reparación o reposición de rines torcidos, suspensiones rotas, amortiguadores estallados, daños en los ejes y llantas, muchas veces con poco uso, son los gastos más frecuentes de los propietarios de automóviles.

Aunque no hay cifras exactas de a cuánto pueden ascender estos costos que afectan el bolsillo de un gran número de colombianos, existen algunas que pueden dar una idea de cuántos ceros a la derecha suman esas reparaciones.

En Colombia se estima que ruedan unos 4 millones de vehículos particulares y uno de los gastos más frecuentes es la alineación y balanceo por cuenta del mal estado de las vías. Según la firma Raddar, el año pasado los colombianos pagaron 1,4 billones de pesos por este rubro, que en promedio cuesta unos 50.000 pesos. Un valor similar pagaron por arreglos de llantas o despinchadas (1,4 billones de pesos). Para tener una idea más cercana, con ese dinero se podrían construir 32.558 casas de Vivienda de Interés Prioritario (VIP). O hacer dos veces el Túnel de La
Línea y sobraría plata, pues su construcción se tasó inicialmente en 629.000 millones de pesos.

Según la Federación de Aseguradoras Colombianas, Fasecolda, en promedio lo pagado por pérdidas parciales fue de 3’700.000 pesos. Esta cifra incluye los llamados choques simples, que son comunes en las calles bogotanas. No se especifica qué otros daños son cubiertos por las aseguradoras. Además, esa plata encierra solamente los 2’121.000 vehículos que tenían seguro a agosto pasado, que equivalen al 20 por ciento del parque automotor que rueda en Colombia.

No hay cifras por daños causados por fallas de infraestructura, como huecos, falta de señalización o caída de árboles o postes, pero se sabe que es una suma grande, porque por lo general la gente prefiere no afectar su póliza ni meterse en largos procesos de reclamación con entidades gubernamentales, que casi siempre le escurren el bulto a la responsabilidad.

Hay otros daños no cuantificables que de una u otra forma contribuyen a la ‘muerte’ del vehículo. Los trancones y por consiguiente la contaminación que ‘respira’ el carro, hacen que los filtros y aceites se deterioren con mayor rapidez. En el 2013 los colombianos pagaron 1,1 billones de pesos por cambio de aceites y filtros.

Los trancones también afectan las pastillas y bandas de freno y los componentes del embrague. Las idas al taller por sincronización y ‘mecánica en general’ representaron 2,1 billones de pesos para los dueños de los carros. Y las causas naturales como el clima, bien sea el sol, las lluvias, el barro y el rocío de la noche, aportan su cuota dañando la pintura.

Así, haciendo cuentas alegres, pasa las duras y las maduras un carro en Colombia, con el agravante de que las restricciones a su uso hacen que no camine más de 12.000 kilómetros al año, pero ni eso aleja a sus dueños de los mecánicos y los talleres.

Pocos son indemnizados

De unos 130 reclamos que recibe una entidad oficial por accidentes de tránsito ocasionados por huecos, caída de rocas o mala señalización en las carreteras, solamente un 10 por ciento de los afectados recibe una indemnización; los demás deben asumir el costo de los arreglos de sus vehículos.

Lo cierto es que por lo general las entidades no responden por daños ocasionados por caídas de árboles o de rocas, pues los consideran un ‘daño de la naturaleza’. Es decir, no se pagan porque son ocasionados por factores externos. Para que haya lugar a una reclamación, esta solo puede ser originada en fallas estructurales de la vía (huecos o señalización deficiente).

Todo tiene un precio

El daño físico, tanto a las personas como a sus bienes, está tasado por la ley. En el caso de Bogotá, la primera responsable es la alcaldía local a donde pertenece la vía pública en donde ocurrió el accidente. Allí debe acudir la víctima a pedir que se haga una investigación.

Una vez denunciado el hecho, esa alcaldía está obligada a citar a un comité que determina de quién es el hueco, alcantarilla, andén, poste o árbol que provocó el hecho y le traslada la responsabilidad a esa entidad nacional, distrital o privada para que asuma el caso.

¿Qué hacer si es víctima de un hueco?

De entrada, no es fácil. Si se le estalla una llanta, tiene que armarse de paciencia y seguramente al terminar de leer este texto, ya usted habrá decidido comprar la llanta. Debe acudir con un abogado a la Procuraduría General de la Nación y pedir una audiencia de conciliación. Allí debe demostrar las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que ocurrieron los hechos, y llevar pruebas (fotos y testimonios) que demuestren la omisión administrativa y el monto de los perjuicios ocasionados por los daños.

¿Responde el IDU? Sí, siempre y cuando se demuestre la ‘teoría de la falla del servicio’ y cumpla con la existencia de un daño antijurídico, generada por una falla en el servicio o culpa de la administración. Usted tiene que probar la falla de la administración. Aunque se presume la culpa de la administración, por el deber del Estado de prestar los servicios públicos adecuados, éste podrá descargarse de responsabilidad probando la existencia de un elemento extraño como pueden ser el caso fortuito, el hecho de un tercero o la culpa exclusiva de la víctima.

Si se demuestra el daño y la relación de causalidad y el monto del perjuicio ocasionado, el Comité de Conciliación del IDU autoriza a su abogado proponer en la Procuraduría una fórmula de conciliación. Si la misma no es aceptada, la etapa de conciliación se declara fracasada y el afectado queda en libertad de acudir ante la Justicia Contencioso Administrativa para que ella defina.

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